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¡Debes ser tu propio Dueño!

El obstáculo más importante que el hombre debe superar para alcanzar las metas y el estado que pretende para su vida se encuentra en su interior. No existe prueba más grande, no hay enemigo mayor.

(Contextualizado del libro del autor: “Emprender es una forma de Vida. Desarrollo de la Conciencia Emprendedora“)

El hombre ha demostrado inagotable capacidad para dominar la naturaleza, imponerse sobre la enfermedad, atacar la pobreza, desafiar las distancias que lo separan de los cuerpos celestes, mejorar la calidad de vida en el planeta y  entender los secretos que se esconden en lo diminuto. Ha demostrado poder para doblegar adversidades, conquistar fronteras y develar misterios. Sin embargo sigue siendo pequeño e incapaz para dominarse a sí mismo, imponerse a su naturaleza, resolver su pobreza de espíritu, desafiar la distancia que lo separa de la magnanimidad, mejorar la calidad de su propia vida y entender los valiosos secretos que esconden los detalles y momentos fugaces. Ha demostrado carecer de capacidad para superarse a sí mismo y encontrar genuina paz. Ha tomado potestad sobre su entorno pero le cuesta ser dueño de sí mismo. Y por ello sigue siendo un ser incompleto. Un gigante con pies de barro, monarca de un reino en riesgo de implosión.

A pesar del poder que exhibe, el hombre es una de las criaturas más vulnerables del planeta.

A diferencia de otras especies, durante un tiempo largo de su vida es un ser dependiente de los demás, un ser expuesto a su entorno, con escasos recursos para enfrentar y moldear su ambiente más próximo. Pasa una cuarta parte de su vida sometido a la influencia externa y otro tanto estableciendo su identidad y sentido de pertenencia. De niño se sujeta al criterio de sus mayores y cuando es joven a los formatos que la sociedad le imprime. En la etapa primera de su “independencia” pone a prueba la formación que ha recibido, sondea tímidamente la realidad que lo rodea y que apenas comienza a conocer. En todo esto consume buena parte de su vida sobre la tierra.

Desde la niñez a la temprana juventud no tiene posibilidad de evaluarse a sí mismo con referencia a nada, no tiene capacidad (ni necesidad) de hacer ninguna introspección. Puede ser un “producto” bien formado (o no serlo), pero eso en nada lo afecta y para nada le aprovecha.

Es a partir que se desenvuelve con cierta independencia cuando comienza ésa evaluación que concluirá por ser el factor que determine el resultado de su existencia. ¿Cuánto tiempo lleva este proceso, 20, 30, 40 años? Aunque no existe precisión es fácil concluir que todo ése periodo es uno de Inconsciencia. Durante años está simplemente inhabilitado para ser dueño de sí mismo.

Las referencias ante las que el hombre se evalúa están relacionadas a los resultados que alcanzan sus actos de vida, a la satisfacción, tranquilidad y beneficio que en ellos encuentra desde su punto de vista y desde el espacio vasto que constituyen “los demás”. Solo cuando actúa por propia voluntad, en sujeción a su criterio, ejerce un rol concreto en la vida y puede iniciar el proceso de “medirse” a sí mismo.

Identificar los aspectos virtuosos de su carácter y la capacidad para alcanzar metas no demora mucho. Se da cuenta temprano de aquello que hace bien y le permite destacar. En esta etapa trata sus falencias con benignidad, con el sentido lógico de quién recién experimenta. Estas mismas falencias y lo que representan para su rendimiento, son atribuidas al entorno y al comportamiento de los demás.  En general, este es un periodo de “poca culpa”, la etapa del héroe que conquista su propia vida, el tiempo de la víctima que debe infortunios al designio ajeno.

Este devenir puede durar mucho tiempo (en el caso de algunos toda la vida). El hecho de asociar problemas, adversidad, carencia e incapacidad a factores que no son externos, llega más tarde; el momento exacto de la “madurez”. Ésta no es un fenómeno etario, es más bien ése punto en que se alcanza conocimiento y comprensión integral de las cosas que suceden, el momento de interpretación consciente de lo que se Es y significa en relación con el medio, el tiempo en que se reconoce la incapacidad que yace más allá de las virtudes, la debilidad oculta detrás de las fortalezas. Solo a partir de este punto puede el hombre realizar una Introspección profunda que eventualmente lo conduzca a ser dueño de sí mismo.

Este momento crítico alcanza a todos, en uno u otro momento de la vida, más temprano a quienes tuvieron que pasar infortunios prematuros, más tarde a quienes gozaron de condiciones benignas o llegaron mejor preparados. Acá el hombre enfrenta la disyuntiva: ¿se impone sobre sus circunstancias y alcanza sus objetivos  a fuerza de virtud, capacidad y experiencia o lo hace a partir de tratar primero sus defectos, carencias y debilidades?  El primero es un camino para dar batalla al “enemigo externo”, el segundo uno orientado a dominar el “enemigo interior”.

Hay diferencias importantes entre ambos cursos: la lucha contra las condiciones externas demanda esfuerzo mayor, uno que no termina nunca; la sensación de victoria es efímera y parcial. Esta lucha consume grandes cantidades de energía, pocas veces garantiza éxito integral y casi nunca proporciona paz y sosiego. Es la historia de millones de seres humanos que luchan sin descanso, superan adversidades, conquistan objetivos, pero no alcanzan satisfacción, paz y sensación del deber cumplido.

La lucha contra las condiciones externas es igual a la del Quijote con los molinos de viento. Tiene un curioso sentido en lo inmediato y carece finalmente de significado. El “enemigo externo” nunca es conquistado, solo se renueva, se transforma y se coloca al frente de nuevo. El “guerrero” es dueño de estados transitorios y victorias momentáneas, porque las circunstancias no tienen Patrón.

Se pueden poseer inmejorables condiciones para conquistar por fuerza oportunidades y adversidades, pero si esta tarea no va precedida de la conquista interna concluye por ser vana.

El hombre no tiene potestad sobre sus circunstancias, pero puede ser dueño de sí mismo, y al serlo evita constituirse en víctima permanente de las eventualidades.

La madurez presenta la oportunidad de hacer una introspección profunda y emprender batalla contra el “enemigo interno”. Esta decisión habilita la posibilidad  de establecer soberanía sobre uno mismo y alcanzar paz interior.

La batalla del hombre para ser dueño de sí mismo comienza por TOMAR CONSCIENCIA: de lo que Es y de lo que NO, de lo que tiene y lo que NO tiene, de fortalezas y DEBILIDADES, de virtudes y DEFECTOS.

La Toma de Consciencia permite superar dudas y autoengaños, “justificaciones razonables”, mentiras benignas, complacencia y resignación. Solo cuando el hombre toma consciencia integral de sí mismo puede actuar contra el enemigo interior. A partir de  la Toma de Consciencia comienza la lucha que lleva a la victoria interna. Esta puede ser larga y quedar inconclusa, pero el punto que  se alcanza nunca queda detrás del lugar de partida. La Toma de Consciencia es en sí misma una victoria.

Ningún triunfo sobre el entorno otorga ésa renovación de fuerza que llega con la victoria interior. Superarse a uno mismo opaca el valor de otras victorias. Forma un circuito virtuoso de energía.

La Toma de Consciencia es la parte difícil del proceso, el paso que la mayoría nunca da. La auto-justificación es enemigo de gran fortaleza. “Yo no soy el problema” es un pensamiento de gran poder, entre otras cosas porque puede ser cierto. No hay que olvidar  que la búsqueda de fallas o defectos en otros siempre alcanzará buen resultado: ¡todas las personas son imperfectas!, y eso permite vivir justificado a partir del error ajeno.

Tomar la decisión de aceptar debilidades y defectos no es solo cuestión de coraje, es una de las medidas más inteligentes que se puede adoptar. Por esta vía se concluye destacando con nitidez. De esta manera la persona crece por encima del promedio mediocre. Tomar Consciencia constituye una ventaja comparativa en el desenvolvimiento personal y profesional. No existe lucha que pague más, el premio inmediato es una satisfacción que nada puede igualar, un nivel de energía que no se encuentra afuera, y una sensación final de paz con el mundo.

Una vez producida la Toma de Consciencia la lucha continúa encaminada por LA RAZON. Esta es la que finalmente “encapsula” cada cosa que debe corregirse o debe cambiar. Así como toda forma de felicidad es privada, el hombre solo, en absoluta intimidad, debe establecer aquello que ha de tratar. La Razón no tiene porqué fallar, especialmente porque toma parte en la tarea después de la Aceptación. La Razón particulariza cada elemento y lo contextualiza para identificar causas y efectos. Mientras la Consciencia recuerda, refuerza el mensaje y motiva la respuesta, La Razón evalúa las formas particulares que tomará la acción. La Razón se halla contenida y a la vez impelida por la Consciencia para iniciar los cambios. Si la Consciencia ha definido el QUE, la Razón evalúa el COMO. En esto no existe prescripción, cada quién define el curso de acuerdo a sus posibilidades y potencial.

A la Razón, que establece el COMO, le sigue la Acción y ésta tiene como sustento LA VOLUNTAD. ¡Bien se dice que las guerras se ganan por medio de la Voluntad!

La Consciencia contiene, la Razón orienta y la Voluntad permite llevar el proceso hasta la victoria.

La debilidad más importante de la Voluntad es su desgaste. La “fuerza de voluntad” está asociada a un nivel de energía. Todos los seres humanos tienen Voluntad, sin ella no es posible entender ninguna acción, sin embargo la Voluntad se dinamiza con diversos tipos y niveles de energía, dependiendo de su aplicación. Existe mayor Voluntad para acciones con bajo nivel de dificultad y alta satisfacción, y es menor para lo que implica complejidad y escasa satisfacción inmediata.

En la batalla con el “enemigo interno”, la energía vinculada a la Voluntad es factor precioso y delicado. La fórmula recomendada para garantizar el suceso es la administración gradual de objetivos y esfuerzo. La energía que produce la “victoria” es alta y se debe aprovechar para llevar a buen fin la campaña. Luego el éxito tiene que repetirse muchas veces, hasta conseguir el resultado mayor. Por ello el objetivo debe fragmentarse inteligentemente. En pocas ocasiones está mejor aplicada la premisa de que Éxito se escribe con “e” minúscula, porque son los pequeños logros los que deben fundamentar el cumplimiento de la tarea. La entereza no está garantizada por la calidad del premio, más bien por el agregado que generan logros menores y significativos. La lucha del hombre consigo mismo dura toda una vida y nunca llega a destino,  por ello la caminata debe constituir el objetivo. Es cierto que la consciencia contiene y motiva, pero sin retroalimentación positiva concluye por ceder. De aquí la importancia de la Voluntad para sostener el proceso.

Finalmente, la campaña que se inicia con Toma de Consciencia y alcanza “éxitos” progresivos a partir de La Razón y La Voluntad, debe concluir con LA CELEBRACION.

La Celebración merece un apartado. Y no necesariamente porque emerja como producto natural de una dura batalla, sino como muestra indispensable de la benignidad que el hombre se debe a sí mismo, porque así como propende a ser benigno con sus errores, así debe serlo con sus aciertos y logros.

La Celebración tiene efecto poderoso sobre el temor, ése incómodo pasajero que acompaña el proceso. Los actos de Celebración alimentan el coraje, lo fortalecen; consolidan las premisas en que se fundamenta la conciencia y constituyen antídoto eficaz contra los fracasos.

La Celebración es el galardón del guerrero, es su justo premio, es el canto a la victoria. Así como nada puede impedir que la vida espere en cada trecho con tragos de amargura, nada debiera impedir que se celebren ruidosamente las victorias. Este es el sano desafío que el hombre le lanza a la vida, el puño cerrado que esgrime ante la cara impasible de las circunstancias y el rostro severo de la adversidad.

Sin la presencia efectiva de la Celebración se podrá decir que un buen guerrero no es que el triunfa siempre, sino quien vuelve sin miedo a la batalla, pero con la Celebración de por medio se puede afirmar que el mejor guerrero no es el que triunfa siempre, sino el que vuelve contento a la batalla. Y en esto existe una diferencia sustancial, porque tratándose la vida de una batalla que solo termina con la muerte, la ausencia de miedo no compensa el viaje de igual forma que el hecho de realizarlo con contento.

Quien no es Dueño de sí mismo no puede considerarse dueño de nada, apenas alguien a quien la vida otorga título de Inquilino fugaz.

Contextualizado del libro: “Emprender es una forma de Vida. Desarrollo de la Conciencia Emprendedora

Twitter: @NavaCondarco

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1 comentario

  • maria alfonsina santos

    Siempre he tratado de entender y aceptar la complejidad de ser humano pero con esta bien explicada ESTRATEGIA me das luces para mi propio proceso de conocerme y no ser un inquilino fugaz más… EXCELENTE!!!

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