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El STRATEGOS y las definiciones generales de Estrategia

La palabra Estrategia y sus acepciones vinculadas (Estratégico, por ejemplo), son términos de acceso rutinario. La frecuencia de su uso los ha colocado fuera del alcance de terminologías especializadas. Son parte del lenguaje común y su utilización no está privada para nadie.

En una u otra forma todas las personas hacen uso de la palabra Estrategia por múltiples motivos, especialmente para dar a entender propósitos y cursos de acción inscritos en la vida cotidiana.

Esta sencilla forma de utilizar el término se replica en proporciones más grandes cuando se tratan de explicar propósitos y cursos de acción en las organizaciones: las empresas, las instituciones públicas, las iglesias, los partidos políticos, los sistemas educativos, los sistemas de salud, el Estado, etc. En estos casos el uso se multiplica, sin dejar de tener, sin embargo, un significado bastante básico.

Esta “familiaridad” que ha alcanzado el término y su propia interpretación, constituye probablemente un beneficio para la “comunidad”, pero ha generado un daño importante al Concepto esencial.

Todas las connotaciones comunes que se le atribuyen a la Estrategia, no tienen nada de ordinarias el momento que se quiere hacer una interpretación correcta.

¿Qué significa Estrategia?

Un diccionario común establece, con importante grado de universalidad, lo siguiente:

“Estrategia es el arte de dirigir las operaciones militares. Arte de dirigir los esfuerzos con miras a la obtención de un fin, asegurando su debida coordinación”.

El término Dirección (dirigir) se convierte en el concepto de interpretación esencial de la Estrategia. Primero se lo asocia a operaciones militares y luego a esfuerzos generales destinados a la obtención de un fin. Por último se agrega algo que a más de parecer sencillo y obvio oculta una trascendencia significativa: “asegurando su debida coordinación”.

Esta sencilla y concreta interpretación nos aleja de inmediato de dos de las acepciones que tiene el común de la gente, a saber:

  1. Que es un término de referencia para algo “sustancial”, “clave”, “significativo”, especialmente importante y delicado. Algo que no se puede percibir fácilmente y que es necesario destacar.
  1. Que la Estrategia es un sinónimo del Plan o del producto final que emerge de los esfuerzos de anticipar, calcular y establecer cursos de acción ordenados en alguna materia.

La primera y más básica interpretación del término Estrategia NO da a entender ninguna de estas dos cosas.

El significado de Estrategia no establece la persecución de algo difícilmente perceptible, algo que puede cambiar de forma notable el desenvolvimiento de las cosas. Tampoco es simplemente un Plan, desde el momento que su interpretación básica se sustenta en la Dirección.

Estos errores de entendimiento tienen un origen muy inocente y casual.

El primero está relacionado a lo que representa la asociación de las palabras

Arte y Dirección, es decir el “Arte de Dirigir”.

La palabra Arte, significa lo siguiente:

“Virtud o disposición para hacer algo. Conjunto de normas y preceptos para hacer bien algo. Astucia, maña, habilidad, destreza”

Para la mayoría de las personas (y esto es básicamente correcto), el Arte y lo artístico no están sujetos a lo preestablecido, no están determinados, no forman parte de ningún guión y los parámetros para ello simplemente no existen.

Cuando se utiliza el término Estrategia para dar a entender la necesidad de contar con un medio que permita alcanzar algún resultado delicado y sensible, se hace referencia a la virtud, astucia, maña, habilidad, destreza que debe imprimirse a la Acción.

Se calcula de antemano la dificultad de alcanzar cierto objetivo y por ello se recurre al sentido de lo estratégico para entenderlo: “no es sencillo, no es usual, por lo tanto es estratégico”.

La segunda interpretación equivocada probablemente se vincula más a la connotación que el término tiene de “coordinación de esfuerzos para obtener un fin”.

Normalmente se tiene la idea que la coordinación eficaz debe estar sólidamente planificada, a tal punto que prevalece la premisa de “esfuerzos para coordinar” sobre la “coordinación de esfuerzos”. Y mientras suceda esto más cerca se está del Plan que de la Acción o la Dirección.

Sin embargo, algo que el entendimiento popular no percibe adecuadamente, radica en el hecho que la definición de Estrategia no tiene su vínculo principal con las palabras Arte o Dirección, el aspecto más importante de la definición recae en la primera frase, no en las primeras palabras: arte de dirigir las operaciones militares.

El sentido y el objeto de aplicación del término es concreto: Operaciones Militares.

De allí proviene la palabra: de un contexto muy bien definido.

Las Operaciones Militares no son ni habituales ni comunes, todo lo contrario, se diferencian bastante de cualquier otro tipo de actividad. Hacer referencia a ellas establece contextos y circunstancias muy especiales:

  1. Las Operaciones Militares incorporan siempre un sentido confrontacional. Se orientan al combate para vencer a un enemigo
  2. Involucran un grado de intensidad máxima para quienes participan en ellas. Son cuestiones de vida o muerte.
  3. Tienen programas y cronologías (disposición espacio – tiempo) muy ordenadas y condicionantes.
  4. El establecimiento de objetivos y metas en Operaciones Militares define de forma práctica el curso de acción y garantiza inercialmente el compromiso de todos en la misión.
  5. En Operaciones Militares existe un sentido de orientación naturalmente compartido entre los individuos. La importancia de los procesos se conoce y se comparte.

A la Dirección de este tipo de operaciones se vincula el término Estrategia. De allí y por motivos que deben evaluarse, su uso se ha diversificado hasta el punto de pertenecer hoy al lenguaje común.

Etimológicamente la palabra Estrategia proviene del vocablo griego “Strategos” que significa General.

El General era aquel que comandaba las Operaciones Militares y a quién se le atribuía astucia, maña, habilidad y destreza para dirigirlas. La Estrategia, por lo tanto, era una función del Strategos para llevar adelante las Operaciones Militares.

Y en tanto función, sujeta a la absoluta discrecionalidad de quien la ejecutaba o llevaba a cabo.

Si la definición universal de Estrategia aclara que ésta se encuentra vinculada al “arte de dirigir las Operaciones Militares”, la definición etimológica (que en muchos sentidos puede entenderse como provista de mayor legitimidad), vincula el término con una persona: el general, el Strategos.

No corresponde entonces, hacer referencia a la Estrategia sin la consideración indispensable del Strategos o quien en esencia le da vida y forma.

La Estrategia no ha existido nunca sin el Strategos, pues siempre ha sido, básicamente, una función de éste último.

Sin embargo, a pesar de la contribución adicional que el sentido etimológico proporciona al origen de la palabra, las interpretaciones del término no concluyen, amén de sus innumerables mutaciones. Hoy es poco usual entender la lógica de “lo estratégico” solamente como una función orientada a la dirección de operaciones que involucran complejidad, y menos aún como una función que con exclusividad le corresponde a alguien.

Entender el significado de un término desde el punto de vista que él constituye una Función de alguien, es decir una actividad, una tarea o una responsabilidad personal, es algo completamente diferente a entenderlo como una práctica impersonal que se explica con toda suficiencia a sí misma.

En este segundo caso cualquiera puede “apropiarse” del concepto y hacer uso de él, provocando con ello que el tratamiento del tema se convierta en algo ordinario y común, tal como sucede hoy día.

En los hechos, la Estrategia no es una práctica impersonal y no puede explicarse a sí misma con suficiencia, y las Operaciones Militares no son prácticas ordinarias, luego no existe forma de sostener que la temática estratégica pueda constituir un asunto de interpretación común y de entendimiento profano.

¿Por qué motivos y en qué circunstancias cambió la lógica en el entendimiento y la utilización del término?

Es bastante probable que la explicación se encuentre en el “peso específico” que tiene cada una de las partes de la definición original. Por un lado se encuentra el Arte de Dirigir, que en este caso es la Función (que se le debe atribuir siempre al Strategos) y por otra lado se encuentran las Operaciones Militares, que para el caso constituyen la Estructura, o aquello sobre lo que se aplica la Función.

Puede entenderse que históricamente haya existido una falta de equidad en el tratamiento que corresponde a lo estrictamente funcional y aquello que se asocia a lo estructural.

El objeto de trabajo del Strategos son las Operaciones Militares. Sin embargo en algún momento, seguramente con el propósito de establecer apropiadamente el carácter de la función, se inicia un estudio profundo y minucioso de la estructura, es decir de las Operaciones Militares. Se entiende que sin el conocimiento de éstas no puede desarrollarse adecuadamente el trabajo del Strategos.

Las Operaciones Militares se inscriben en la dinámica de la guerra y los esfuerzos centrales se dirigen a interpretarla teóricamente. Esta interpretación tiene una extensión que en la práctica no reconoce límites. El universo de factores, hechos y variables es enorme. Es un fenómeno que puede llegar a tener su origen y destino explicados en sí mismos, más allá de lo que la razón pueda establecer como sensato y proporcionado.

Y a pesar que el esfuerzo de dimensionar el fenómeno y la dinámica de la guerra pueda ser un proceso interminable, en él se ha concentrado el hombre, hasta el punto de postergar injustificadamente el estudio de la función o aquello que le corresponde de forma exclusiva a la persona, al Strategos.

La Estrategia no es nada más que aquello que hace el Strategos para dirigir las Operaciones Militares. Son acciones concretas y como tales pueden clasificarse con facilidad. Existen tantas estrategias como situaciones o circunstancias en las que pueda establecerse la participación del Strategos.

Es lógico suponer que un conocimiento del fenómeno y la dinámica de la guerra faciliten el mejor desenvolvimiento del Strategos, pero si aquello empieza y termina solo en el estudio de lo estructural, se convierte en un sistema cerrado que hace inviable su control o gobierno desde afuera.

Si se repara bien en el tema, al hablar de la dinámica de lo estructural, en este caso de la guerra, se incorporan factores exógenos que determinan el carácter de la dinámica. Las Operaciones Militares y la guerra no explican su dinámica en sí mismas. Esta responde a estímulos externos, en este caso a la energía que se produce por la interacción que con ellas tiene la acción del Strategos.

Una Operación Militar o una guerra, es fundamentalmente una representación de lo que fueron e hicieron los Strategos involucrados en ellas. La historia la hacen los hombres. De ello no quedan exentas las Operaciones Militares o las guerras.

Analizar la Estrategia y lo estratégico como una explicación únicamente vinculada al fenómeno estructural, conduce a que el término se explique por sí mismo de manera vaga y etérea.

¿Dónde ha quedado el entendimiento del Strategos en la explicación básica de la Estrategia?

De él se han olvidado incluso los propios militares. Basta ver definiciones que de Estrategia hacen algunos de los teóricos militares más importantes:

Brodie dice: “Estrategia es el empleo de los instrumentos de guerra para que cumplan su propósito”.

Lidell Hart, dice: “Estrategia es el arte de distribuir y hacer actuar los medios militares para alcanzar los medios políticos.

El general Beaufre, dice: “Estrategia es la dialéctica de las voluntades, empleando la fuerza para dirimir los conflictos”.

Von Clausewitz, dice: “La Estrategia marca donde, cuando y con qué fuerzas es preciso librar la batalla”

Posiblemente la definición de Beaufre considera más de cerca la existencia básica del Strategos, o aquel que en los hechos le ha dado vida y forma a la Estrategia. Cuando hace referencia a una “dialéctica de voluntades” se aproxima más a las personas y a la forma en que ellas aplican la función para alcanzar objetivos. Acierta también al asociar estos objetivos al conflicto y su solución. ¿Qué otra cosa puede tratarse en una guerra?

Las otras definiciones, sin embargo, se encuentran lejos de personalizar algo. Le dan a la Estrategia vida y significado propio y por ello mismo hacen difícil su comprensión.

Cuando Brodie dice que Estrategia es el empleo de los instrumentos de guerra, proporciona una explicación complicada a una operación básicamente sencilla. Probablemente deba entenderse que existe una mecánica específica y recomendable para el empleo de estos instrumentos, pero resulta un exceso atribuirle a este proceso toda la exquisitez de la función que cumple el Strategos.

La definición de Hart amerita tratarse con más cuidado. Él incorpora como rasgo de identidad de la Estrategia el concepto de Arte: “el arte de distribuir y hacer actuar los medios militares”. El concepto de arte está íntimamente relacionado con el concepto de Estrategia, alejándolo de formatos y modelos; acercándolo más bien a un proceso en el que prevalecen habilidad, astucia, maña, virtud.

Por otra parte, la definición de Hart se acerca también al concepto de Dirección, al establecer que la Estrategia “distribuye y hace actuar” los medios militares. Acá hay un acierto: Estrategia es Acción, no involucra un proceso pasivo o “inactivo”. Esto debe descartar, en primera instancia, cualquier esfuerzo de vincular la Estrategia exclusivamente al Plan. Hacer actuar los medios militares involucra Dirigirlos, con habilidad, astucia, maña.

La última parte de la definición de Hart, también es interesante: “…para alcanzar los medios políticos”. La explicación establece una subordinación de la Estrategia a intereses de mayor envergadura. Hart los define como intereses Políticos, es decir asociados al gobierno del Estado, tratándose de temas militares.

Esta idea de subordinación de la Estrategia es importante y correcta. Establece un contexto apropiado para la función, en términos que ella debe responder a objetivos que van más allá de su propia justificación. El Strategos y su función (la Estrategia) responden a intereses mayores de la Organización a la que pertenecen. De esta manera se constituyen en un medio, en un recurso, y no en un fin en sí mismos.

El grado de importancia de este recurso o la intensidad de su uso, dependen de la naturaleza del Conflicto en el que se encuentra involucrada la Organización. El predominio del Strategos y de la Estrategia entre los intereses de la Organización será mayor mientras más importante sea el Conflicto.

Para el caso de lo militar esto puede adquirir ribetes trascendentales, tratándose de una guerra entre naciones o un Conflicto global. En estos casos los intereses nacionales dependen de manera sensible y casi exclusiva de la dinámica del Strategos y la Estrategia a la que da forma.

El concepto de subordinación de la Estrategia refuerza la premisa de la Acción y de lo dinámico, generando el espacio necesario en la Organización para el establecimiento de los grandes objetivos y los planes a otro nivel.

A este proceso algunos autores lo llaman definición de la Alta Estrategia, tratando de asociar lo estratégico a la tarea de fijar objetivos y planes.

Es probable que en concepto pueda establecerse esta diferenciación de estrategias de acuerdo al nivel de la Organización en la que se conciban, pero en esencia, la acepción de Estrategia y de lo estratégico se materializa mientras más cerca se encuentre del Conflicto. Allí se perfecciona su naturaleza.

Sin la existencia del Conflicto, el Strategos y su función específica se mimetizan en la Organización y llegan a diferenciarse poco de otras funciones de Dirección.

Probablemente este hecho no desmerezca la existencia del Strategos y de la Estrategia, pero lo aleja de su misión específica: la dirección de operaciones militares, empleando la fuerza, para dirimir conflictos.

La Estrategia es una función del Strategos y la formación de éste último responde al conocimiento profundo y cabal de la naturaleza del Conflicto. Que ello se subordine al poder político o a los intereses mayores de la Organización se entiende y acepta. Toda excepción no deja de ser disfuncional.

Como puede verse, la definición de Lidell Hart sobre Estrategia establece algunas características importantes. Hart, sin embargo, no hace mayor referencia al Strategos como el generador de la Estrategia y de la dinámica estratégica. Sus obras, que constituyeron parámetro importante de la lógica de lo estratégico en el mundo occidental, se concentran luego en descripciones minuciosas de lo que son las guerras, las batallas, las formas de entenderlas, manejarlas y lidiar con ellas. Todo esto en un análisis de la Estructura y no de la Función.

El célebre Von Clausewitz, amplía y profundiza el estudio de éstas mecánicas hasta el punto de desarrollar un verdadero tratado “De la Guerra”, nombre que asigna a su obra más importante.

No se niega la importancia de estos estudios. De ellos emergen incluso algunos de los Strategos y de las estrategias militares más brillantes de la historia, pero puede certificarse, a vuelta final de página, que estos célebres hechos cuentan siempre con la paternidad de alguien: un hombre, un nombre, el Strategos.

Los hechos están definidos por Alejandro Magno, Julio Cesar, Napoleón, Ludendorf, Rommel, Guderian, Montgomery, Patton, Eisenhower, etc. Brodie, Hart, Clausewitz, permanecen detrás de la historia.

La Estrategia está definida por el Strategos, y para él la riqueza en el tratamiento de lo estructural (el Conflicto, la batalla, la guerra) constituye un fundamento de referencia, pero no un factor que explique lo circunstancial y lo dinámico, y la guerra es eso. Si la guerra en particular no puede asociarse a la Acción, ¿entonces qué?

Los fundamentos del Strategos tienen carácter personal. Detrás de la Estrategia exitosa, existen hombres especiales, capaces de lidiar y de vencer en un proceso que es de los más difíciles que existen. El conocimiento de lo estructural no genera la existencia ni el éxito de la Estrategia sin la particular participación del Strategos. Napoleón decía: ” Es excepcionalmente difícil hallar en un hombre todas las cualidades necesarias para ser un gran general”.

Por todo ello la definición de Estrategia que plantea Beaufre parece la más reveladora y aquella que menos olvida al Strategos: “…dialéctica de las voluntades empleando la fuerza para dirimir los conflictos”. La voluntad, a diferencia del conocimiento, involucra acción. Y ésta es la esencia de la Estrategia. La voluntad puede alcanzar éxito a pesar del conocimiento, y puede resultar brillante merced a él. La voluntad enfrenta y vence contratiempos que el conocimiento no puede dimensionar. La voluntad, no solo diferencia a un hombre, lo identifica entre los demás.

La voluntad define el carácter y el valor de ésa persona que buscaba Napoleón. La voluntad ha ganado batallas por medio de hombres que lo desconocían todo acerca de ellas.

Y cuando esta voluntad se enfrenta a otra, igualmente decidida, en un proceso dialéctico, nace la Estrategia, como una forma ordenada de administrar y dirigir los recursos para alcanzar la victoria.

Porque sin el concepto de la victoria o de la derrota la Estrategia no existe y la voluntad se hace innecesaria.

Las cosas y los hechos no tienen voluntad, los hombres la tienen. Las cosas y los hechos no pueden calificar victorias o derrotas, los hombres lo hacen.

Al establecer esto, Beaufre no se aleja de las otras premisas de la Estrategia: la dialéctica de las voluntades para alcanzar el éxito involucra la aplicación de habilidad, maña, virtud, astucia.  Aquí está el Arte de dirigir.

En el empleo de la fuerza se incorporan todos los medios y recursos.

La fuerza y su utilización es un concepto inherente al de Estrategia. Ya sea que ésta se utilice de manera activa o pasiva para dirimir el Conflicto.

Los grandes pensadores orientales en temas de guerra y Estrategia (Sun Tzu, por ejemplo), son partidarios extremos de que la mejor Estrategia es aquella que permite ganar una batalla sin necesidad de luchar. Con todo el beneficio que involucra el concepto, ello no excluye en nada el hecho que la Estrategia se fundamente en el uso de la fuerza, sea en última instancia que ella sea usada o no.

La interpretación y entendimiento del término Conflicto completa la descripción básica de lo estratégico.

Sin la existencia de un Conflicto, el hombre organizado puede recurrir a un conjunto diverso de medios para alcanzar sus objetivos sin tener que acudir a la lógica de lo estratégico. En esencia, cuando lo estratégico se estudia desde sus orígenes en el mundo militar, se asocia intrínsecamente al Conflicto. Normalmente los “medios militares” que menciona Hart o los “instrumentos de guerra” de Brodie tienen como destino final su utilización para “dirimir los conflictos”.

Hacer uso del concepto y de la mecánica de lo estratégico para atacar y resolver problemas o alcanzar objetivos en los que no medie la existencia concreta de un Conflicto, no se justifica.

La palabra Conflicto significa “lo más recio del combate. Punto en que aparece  incierto el resultado de la pelea”.

En términos sociológicos se entiende así: “enfrentamiento entre dos o más personas o grupos que se suelen manifestar de diferentes modos: luchas de clases, revoluciones, etc.”

En su diccionario militar, estratégico y político, Fernando de Bordeje dice de Conflicto: “vulgarmente se toma como sinónimo de guerra. No obstante, un conflicto puede desencadenarse en otra esfera que la militar, bien sea en el campo laboral, político o diplomático, cuando se produce un choque de intereses”.

La mención de los términos combate, pelea, lucha y choque de intereses alude a dos o más protagonistas que sostienen posiciones encontradas, cuya dinámica busca anulación o destrucción mutua.

El Conflicto establece el imperativo para que una u otra de las posiciones prevalezca. Su resolución es, por lo tanto, una cuestión de supervivencia para las partes.

Cuando la lógica del Conflicto tiene carácter sistemático, evoluciona de lo que puede considerarse un problema a lo que debe considerarse un estado específico del “ser de las cosas”. Un problema tiene carácter puntual en términos de esencia, tiempo y espacio. Esto es muy diferente en alcance al concepto del Conflicto, porque éste genera de forma ordenada y sistemática, un conjunto sostenido de problemas para el bienestar básico de los intereses propios.

Normalmente en un Conflicto las partes pueden personalizar o particularizar las fuerzas antagónicas. Estas desarrollan un rol similar en el enfrentamiento. Están de igual forma organizadas para ello. Le asignan al esfuerzo el mismo grado de importancia que le asigna el esfuerzo propio. El desenlace de esto es un combate, una lucha de posiciones y de intereses entre partes antagónicas.

En estas situaciones, en este medio, emerge el concepto y la mecánica de lo estratégico.

Es importante establecer este contexto porque se propende a utilizar el concepto en situaciones o hechos cuya envergadura no lo justifica, o cuya esencia se encuentra apartada de las premisas que justifican el esfuerzo estratégico.

Un problema, en su particular dimensión de espacio y tiempo, no necesariamente amerita la utilización de la lógica estratégica. Para ello el problema debe formar parte de un esfuerzo organizado y sistemático de alguna persona o grupo que se enfrenta concretamente a los intereses de otro.

En este sentido, y más allá del campo militar, pueden existir estrategias (y Strategos, por supuesto) en el campo diplomático y en el campo político.

En el caso de los negocios, la existencia de lo estratégico debe asociarse fundamentalmente a la existencia del Conflicto que se genera a partir de un competidor. La alusión a lo estratégico para la resolución de aspectos internos se aleja de la utilidad que representa el uso de lo estratégico.

La definición de Lo Estratégico, queda pues sometida al siguiente conjunto de conceptos:

  1. Organización, o supra-estructura a efectos del Strategos y de la Estrategia.
  2. STRATEGOS, o agente que define la existencia de la Estrategia.
  3. Estrategia, como función del STRATEGOS
  4. Conflicto, como campo de acción de la Estrategia o elemento estructural de la función.

La Organización define la necesidad de la existencia del STRATEGOS quien a partir de una dialéctica de voluntades hace prevalecer la Estrategia propia para dirimir el Conflicto. La interacción de estos factores define Lo Estratégico.

La mayoría de los textos, sin embargo, concentra su atención en el tratamiento de Estrategia en perjuicio de los intereses vitales del conjunto. Existe el sobrentendido de que Lo Estratégico se fundamenta o al menos gira alrededor del criterio conceptual de Estrategia.

Y en realidad ello no es así. La Estrategia es únicamente el producto final del circuito, del proceso puesto en práctica por el STRATEGOS para dirimir un Conflicto en beneficio de la Organización.

En todo caso, y si de centro de gravedad se trata, el circuito gira alrededor del STRATEGOS.

Esta personalización del proceso genera dificultades importantes en el esfuerzo histórico por describir Lo Estratégico; por ello probablemente la Estrategia ha cobrado mayor valor explicativo, porque llegado el caso resulta más sencillo referirse a la obra que al autor.

Los estudios sobre el STRATEGOS se han limitado a la identificación de grandes representantes históricos.

El STRATEGOS, sin embargo, no es un producto de accidentes privilegiados de la historia. Es un agente de la dinámica organizacional que debe, por fuerza, identificarse, formarse y desarrollarse.

Si existe el entendimiento fundamental que Lo Estratégico es indispensable para alcanzar objetivos organizacionales, así de indispensable resultará la existencia y participación del STRATEGOS. El rol del STRATEGOS en términos de Lo Estratégico, no es sustituible por ningún tipo de esfuerzo colectivo, ni por la participación improvisada de alguien que asuma la función.

Si bien esto parece estar mejor entendido entre los militares (porque en última instancia la idea del General es muy sólida), en el mundo de los negocios, las interpretaciones continúan muy equivocadas. Aún se realizan esfuerzos de naturaleza colectiva como forma de establecer y administrar Lo Estratégico. Este es el caso de los planes estratégicos. Se asume que ellos pueden cumplir la función estrictamente reservada al STRATEGOS, y esto no es así.

Los procesos de planificación y los planes no están habilitados para sustituir los esfuerzos básicos de Dirección que exige un proceso estratégico.

No existen planes estratégicos, dirección estratégica o administración estratégica que no estén íntimamente asociadas a la función del STRATEGOS. Este no es un asunto de elección o predilección, sin el STRATEGOS, Lo Estratégico no existe.

Si se desarrolla un “continuo” del proceso que inicia una Organización para tratar un Conflicto la variable de explicación más importante sería el Contacto. Mientras más cerca se encuentre la Organización de hacer contacto con el Conflicto, la naturaleza de Lo Estratégico cobra mayor valor. Mientras más lejos se encuentre, más cerca se halla del Plan.

 

Un Plan, por sí solo, no dirime un Conflicto. En cambio una Estrategia, aun cuando no esté bien planificada, puede hacerlo.

No es fácil comprender por qué, en el proceso de evolución del estudio de Lo Estratégico se ha vinculado tanto (hasta el punto de hacerlos indiferentes), el Plan con la Estrategia.

El concepto mismo de Plan tiene tal riqueza que su utilización para invadir el territorio perteneciente a la Estrategia no cobra ningún sentido. El Plan es una “Supra-función” organizacional. Su empleo es necesario e indispensable a todo nivel y en todo momento de la vida organizacional. No es un esfuerzo que pueda reservarse a una particularidad, ni uno que precise apoyo conceptual para explicarse.

Con los planes no se consigue todo y sin ellos no se consigue nada. El Plan tiene su parte correspondiente en los esfuerzos humanos y organizacionales. El Plan es el Plan y la Estrategia es la Estrategia. Ninguno de ellos precisa recurrir a la explicación conceptual del otro para establecer su propio valor.

El STRATEGOS debe planificar sus acciones para enfrentar el Conflicto, y si algo puede llamarse Plan Estratégico, es esto. Cualquier otro esfuerzo que pretenda merecer el título y que se encuentre lejos del Conflicto en el “continuo” del Contacto, desmerece la esencia de Lo Estratégico.

El Plan por lo tanto, como esfuerzo colectivo, no reemplaza de forma alguna al STRATEGOS.

¿De qué otra forma puede evaluarse la conocida afirmación entre los militares de que “todo plan termina con el primer disparo”?

Tampoco pueden reemplazar al STRATEGOS los esfuerzos individuales espontáneos e improvisados. Este es el caso de los llamados Estrategas.

Cuando se adopta el término STRATEGOS no se lo hace como sinónimo de Estratega.

El STRATEGOS es producto de un proceso largo y continuo de formación profesional. Un profundo entendido en materia de Lo Estratégico, de todo lo que ello involucra: la naturaleza y la dinámica organizacional; el liderazgo como elemento motor insustituible de las voluntades humanas; el campo de batalla, el enemigo, la naturaleza del Conflicto, etc.

El Estratega en cambio es la persona que de manera eventual o circunstancial puede atribuirse la práctica de alguna acción estratégica en el tratamiento del Conflicto.

No debe perderse de vista que la Estrategia es producto del “arte de dirigir” y en función de ello se presta a la habilidad, astucia o maña que en determinado momento del Conflicto puedan ejecutar diferentes personas. A ellos, en ése determinado momento y circunstancia se los puede llamar Estrategas, en cuanto están ejecutando acciones consistentes con Lo Estratégico. Pero un Estratega no es necesariamente un Profesional de la Estrategia y por ello no puede confundirse con el STRATEGOS.

El concepto del Plan y la idea de los Estrategas vinculados a Lo Estratégico, emergen en muchos de los casos, como producto de la confusión que genera el entendimiento de lo que es Estrategia y lo que es Táctica.

En muchos casos lo que es eminentemente estratégico su asume como táctico y allí se incorporan los conceptos del Plan para sustituir los conceptos de Estrategia. La Dirección táctica se asume como estratégica y allí termina el entendimiento de la participación vital del STRATEGOS.

Fernando de Bordeje, dice de Táctica lo siguiente:

“Es el arte o ciencia que estudia el empleo y conducción de la maniobra de las fuerzas en el combate”.

Véase bien: “…la maniobra de las fuerzas en el combate”. La maniobra como tal o el proceso de efectuar maniobras con las fuerzas y los recursos disponibles, es UN elemento correspondiente al tratamiento de Lo Estratégico, no es por mucho, la Estrategia en sí misma.

Von Clausewitz da un salto más grande para establecer la diferencia:

“La táctica es el arte de utilizar tropas en la batalla, la estrategia es el arte de utilizar las batallas para ganar las guerras”.

Esta definición tampoco coloca a la Estrategia en la esfera exclusiva del Plan, dándole por ello a la Táctica la responsabilidad de la dirección de las acciones en el Conflicto. La Táctica dice Clausewitz, es el arte de utilizar tropas. Con ello se acerca a la definición de Bordeje en el sentido de uso y maniobra de fuerzas y recursos. La Estrategia, dice, es al arte de utilizar batallas de forma de ganar las guerras, luego, ¡hay que ganar las batallas!, y esto último sólo se consigue con la dirección adecuada de las acciones en el Conflicto, la cual recae en la función del STRATEGOS, materializada en la Estrategia.

La Táctica no sustituye a la Estrategia y tampoco la coloca en un nivel alejado que pueda hacer que se la interprete solo como un Plan. En el punto y en el momento que se aplican acciones tácticas, se aplican en los hechos, conceptos estratégicos.

Conceptualmente Estrategia y Táctica se diferencian solamente en términos de alcance. La Estrategia involucra la dirección y el dominio de todas las acciones en el Conflicto, la Táctica se limita a algunas de ellas, pero allí aplica el sentido estratégico que de forma general se está utilizando para tratar el Conflicto.

La Táctica, por supuesto, nace de la Estrategia pero no proyecta esta última hacia arriba, por el contrario se proyecta a sí misma hacia abajo, de forma de alcanzar los límites puntuales, en espacio y tiempo, de contacto con el Conflicto.

Por ello es cierto que las tácticas apropiadas tienen mayor probabilidad de definir a favor los resultados de un Conflicto, que la sola Estrategia. Si existen errores en las definiciones estratégicas pero aciertos en las definiciones tácticas la probabilidad de éxito se mantiene alta. Si existen errores en las definiciones tácticas, por mucho que se cuente con la mejor Estrategia, el éxito  está en riesgo.

Esta es la importancia del elemento táctico.

Gerald Michaelson, en su tratado sobre Sun Tzu, hace algunas apreciaciones interesantes sobre la lógica de Lo Estratégico y lo táctico:

“La estrategia, dice, determina la orientación. La auténtica ejecución del plan para lograr unos objetivos recibe el nombre de Táctica y comienza en el contacto”.

Luego afirma:

“Mientras que los principios estratégicos perduran inmutables, las tácticas cambian con el tiempo y las circunstancias”.

Finalmente dice:

“En cualquier nivel, las estrategias son las tácticas del siguiente nivel inferior en la cadena de mando”.

Esta última afirmación es la más importante, porque en ella se encuentra establecida la diferencia vital entre Estrategia y Táctica: el alcance y la proximidad al contacto con el Conflicto.

Por este hecho, que tiene naturaleza trascendental en el tratamiento de Lo Estratégico, el STRATEGOS está obligado a rodearse del mejor apoyo humano que pueda conseguir. Éste comandará muchos de los esfuerzos tácticos y de su desenvolvimiento dependerán los resultados finales.

El equipo que apoye la labor del STRATEGOS tiene una importancia definitiva en la dirección táctica y es indispensable para que pueda alcanzarse el éxito estratégico. Mientras más próxima la labor de algunos miembros de este equipo a la propia labor del STRATEGOS, más evidente el hecho de contar en perspectiva con más de un STRATEGOS en la conducción de los intereses organizacionales. La naturaleza del Conflicto exige esto.

Un Conflicto, sostenido en el tiempo, no puede depender indefinidamente de la gravitación que tenga un sólo hombre. Los intereses mayores exigen que la conducción estratégica se sostenga. Por ello los miembros del equipo más cercanos al STRATEGOS deben tener la capacidad de reemplazarlo en cualquier momento.

Esto define la importancia y el carácter del equipo, de la Táctica y de su conducción en el marco de Lo Estratégico.

La Táctica, por último, es el factor que condiciona la diferenciación infinita de las estrategias entre sí. No existen dos estrategias idénticas nunca. Esta aclaración es saludable pues no siempre forma parte de las consideraciones que se realizan cuando se trata de Estrategia.

La Estrategia no tiene nombre, o al menos no otro que aquél que pueda atribuirle su autor. La afirmación de Michaelson es importante: “…los principios estratégicos perduran inmutables, la táctica (entiéndase la propia Estrategia, por lo dicho antes) cambia con el tiempo y las circunstancias”.

Existe una diferencia vital entre lo que son los Principios Estratégicos y lo que es la Estrategia.

Los Principios Estratégicos son premisas orientadoras. Constituyen un producto de la evaluación técnica del desarrollo de las estrategias a lo largo de la historia. Los estudiosos de Estrategia han documentado, a lo largo del tiempo, la forma en que diferentes STRATEGOS han concebido, planteado y puesto en práctica acciones en el Conflicto. De todas ellas se han obtenido conclusiones positivas y negativas. A las primeras, en tanto se hayan repetido como beneficiosas en el tratamiento del Conflicto, se las ha convertido en Principios Estratégicos.

Los Principios Estratégicos establecen orientaciones para el planteamiento de la Estrategia, ¡no son la Estrategia!

El hecho, por ejemplo, de afirmar como recomendable la Concentración de fuerzas para superar en un determinado momento y lugar a las fuerzas del adversario, no es un tipo de Estrategia, es un Principio Estratégico. Cuando Napoleón decía: “el arte de la guerra es disponer de las tropas de manera que estén en todas partes en el mismo momento”, no aludía a ninguna Estrategia en particular, hacía referencia a un Principio Estratégico.

Como se verá más tarde, los Principios Estratégicos son importantes para llevar adelante con éxito cualquier Estrategia. Estos principios permanecen, de alguna manera, inmutables en el tiempo; ellos pueden tener, en ciertos casos, nombres propios, la Estrategia no.

La Estrategia se forma a partir de estos principios como una función del

STRATEGOS, en este sentido nunca podrá clasificarse ni etiquetarse más allá de los parámetros que establezca su autor. Cada Estrategia es una obra particular.

En muchas ocasiones, estudiosos de Estrategia han indiferenciado lo que son los Principios Estratégicos de lo que son las estrategias en un afán de consolidar aspectos estructurales de estas últimas y hacerlas objeto de estudio en sí mismas. Al llevar adelante este proceso solo pueden alcanzarse conclusiones útiles remitiéndose a los Principios Estratégicos. El estudio de la Estrategia por sí sola, termina siempre como el estudio de una fotografía, ello no permite nunca llegar a visualizar la película entera si este esfuerzo no pasa por el estudio del autor.

Esto es algo similar, por ejemplo, al estudio de una pintura de Picasso o un libro de García Marquez. La obra en sí misma no permite ninguna clasificación o identificación que no pase por la clasificación e identificación de su autor, ¿quién si no él, puede darle nombre y lógica a su obra?

Es cierto que la obra hace al autor, pero el poder no se encuentra en ésta sino en aquel. El autor puede generar muchas obras a medida que algunas de ellas ya pertenezcan a la historia, el autor puede transformar su obra o puede ponerle fin. La obra sobrevive al autor, pero jamás cobra vida sin él. La Estrategia es la obra del STRATEGOS y solo por él y a través de él puede ser identificada o clasificada.

Los Principios Estratégicos son también obra del STRATEGOS, como el resultado histórico de sus acciones. Los Principios Estratégicos no hacen al STRATEGOS, la relación es siempre inversa.

En el estudio de la Estrategia, los Principios Estratégicos permiten orientar el ejercicio mental hacia los campos propios de la temática. Pero sin la consideración y el estudio del STRATEGOS y del conjunto de Lo Estratégico el esfuerzo terminará por ser una experiencia similar a la de aquel aprendiz de pintor que transita indefinidamente una sala de exposición de pinturas tratando de convertirse en autor de una de ellas.

En este sentido, y con la delicadeza que el tema exige, debe plantearse una fina duda sobre la afirmación que los Principios Estratégicos sean inmutables. El STRATEGOS siempre tendrá la capacidad de transformarlos. En última instancia, es él quien les ha dado forma y vida. Y estos principios pueden cambiar porque, como dice Michaelson, las tácticas se ajustan al tiempo y las circunstancias y con ello ajustan las premisas estratégicas y la labor del STRATEGOS.

Por ello la Estrategia no puede brindarse como objeto de estudio estructural. La Estrategia es una función y como tal depende, para su mejor entendimiento y aplicación, del estudio de un conjunto de parámetros, hechos y variables precedentes a ella misma. Entre ellas, por supuesto, el estudio del STRATEGOS.

La Estrategia como función y los Principios Estratégicos como elementos orientadores, se ajustan más bien, al carácter del Conflicto. Existen para tratar con él y dirimirlo. Y él carácter del Conflicto es absolutamente circunstancial, aunque en esencia puedan entenderse en él ciertas fenomenologías. Ello, en todo caso, lleva también a suponer que los Principios Estratégicos no pueden permanecer inmutables en el tiempo, porque así no lo hace, necesariamente, el propio Conflicto.

Ahora bien, si la Táctica se ajusta al tiempo y a las circunstancias, y ello a su vez define la Estrategia, es factible suponer que la Táctica determina la Estrategia. Algunos dirán, y esto también es cierto, que sin las definiciones mayores de Estrategia, la Táctica no forma parte de nada. Esta polémica importante corresponde también al tratamiento de Lo Estratégico. Aún más que aquella que establece diferencias entre los conceptos de Plan y los de Estrategia.

Modular el énfasis de la Estrategia y/o de la Táctica es importante para quien desea abordar con éxito la conducción del Conflicto.

Debe entenderse que la relación entre Estrategia y Táctica es de carácter ontológica. Ambas se corresponden mutuamente en términos de “ser” en general y de sus propiedades trascendentales. Ninguna de ellas se explica sin la existencia de la otra.

La forma de llevar adelante la Estrategia y la Táctica es la misma. El concepto y el ejercicio mental para plantearlas y desarrollarlas es el mismo. Y ambas se determinan mutuamente.

El STRATEGOS es, por efecto de lo que representa la dirección de operaciones en el Conflicto, un agente táctico y por la naturaleza del alcance de su función en la dirección del Conflicto, un agente estratégico.

Quedan con todo ello claramente definidos los conceptos y las diferencias del STRATEGOS, la Estrategia, los Principios Estratégicos, las Tácticas, el Conflicto, etc. El estudio de todo ello se inscribe en la lógica Lo Estratégico, es decir:

  • La Organización
  • El STRATEGOS
  • La Estrategia
  • El Conflicto

 

(Extracto del libro El STRATEGOS y 23 Principios Estratégicos para la lucha en el Mercado. Aclaraciones indispensables de los conceptos de Estrategia, Negocio y Competencia)

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