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VALORES HUMANOS: Fundamento para la buena Vida

Pocas cosas existen en términos del hombre y su conducta que puedan estar determinadas por una fórmula específica, o su solución dependa de la sencilla aplicación de una  “receta”, cual la posología de un galeno.

La complejidad del ser humano y su entorno hace difícil pensar que existan remedios sencillos para los problemas que lo aquejan. La idea de lo simple no pertenece al pensamiento contemporáneo porque la dificultad forma parte de la arquitectura mental que condiciona la forma de hacer y ver las cosas en el mundo “moderno”. Los problemas, conflictos y adversidades siempre son complejas, y las soluciones sencillas “sospechosas”.

Posiblemente la falla no radique en presentar la vida en su objetiva dificultad, pero es un error abstraer de las interpretaciones lo simple, lo fácil, lo sano y puro. Es razonable plantearse que la vida no es fácil, pero absurdo suponer que toda solución deba ser difícil. Deducir que para un problema difícil la solución es por fuerza difícil es ridículo, y eso mismo se concluye programando en la mente de la gente.

La sencillez no solo existe, también es camino idóneo para la resolución de problemas, lo contrario es solo afán de complicar la existencia.

¡Existen fórmulas y “recetas” maravillosamente simples para prevenir y actuar sobre la adversidad!

Hay ejemplos concretos de fórmulas simples que evitan problemas: el hombre que no cae en vicio o tentación de él (sea cual fuere éste) elude contrariedades en su vida. Así de sencillo. ¿Alguien podría objetar esto? ¿No es verdad que aquel de conducta recta tiene menos probabilidades de enfrentar problemas que el hombre de vida disipada y conducta errática?

Lo simple no sólo existe, es además muestra de belleza y efectividad.

Entre las cosas más simples, bellas y efectivas se encuentran los Valores Humanos, ésos condicionamientos de actitud moral profundamente arraigados en el espíritu del hombre.

No hay atisbo de complejidad en los Valores que debe adoptar una persona como elemento directriz de sus actos en la vida, no existe doblez en ellos. La aplicación de Valores correctos previene la adversidad, constituye formula efectiva y receta maravillosa para resolverla.

Posiblemente el único aspecto débil relacionado a la sencillez de los Valores sea que su determinación tiene correspondencia con la libertad del hombre y es él quién puede equivocarse.

Puede argumentarse que la fijación de Valores responda a consideraciones de cultura, ambiente, tiempo, dogma, filosofía aplicada, psicología social, etc.; pero ante ello también corresponde ser prácticos, dado que los Valores responden primero a una íntima consideración personal. En lo profundo de la conciencia, el llamado a ciertos Valores alcanza respuesta natural. El mismo Ser reconoce su validez.

El conjunto de Valores Humanos descrito a continuación ha pasado todas las pruebas de la historia, todos los rigores del tiempo y los cambios en la humanidad. Su eficacia permanece incólume, su sabiduría poderosa, su poder inalterable, más allá de consignas de dogma o Fe.

Hace más de dos mil años, Pedro, el apóstol y piedra angular de la futura iglesia cristiana le planteaba a la humanidad estos Valores: Fe, Virtud, Conocimiento, Dominio Propio, Paciencia, Piedad, Afecto Fraternal, Amor.

1.- La caminata exitosa por la vida precisa primero Fe.

El hombre victorioso debe ser una persona que tenga CERTEZA de aquello que espera y CONVICCION por el resultado que aún no ve. Debe CREER más allá de las circunstancias y tener seguridad del resultado que espera.

En medio de acontecimientos inciertos la Fe del hombre en la tarea y las posibilidades no debe menguar. Gran proporción de los fracasos se explican por abandono. El éxito no se alimenta del tiempo, vence al tiempo, lo domina. El éxito no es una prueba de velocidad, es una carrera de fondo. La capacidad de resistir adversidades, la fortaleza para caminar en medio de ellas convencido de las posibilidades de vencer, sólo puede encontrarse en una Fe inquebrantable. Y ésta no debe confundirse con esperanza, la Fe establece completa seguridad en el empeño. Tampoco debe confundirse con falta de flexibilidad o sentido práctico, puesto que esto ya es algo funcional.

La Fe debe estar puesta en el objetivo.

Este primer ingrediente es insustituible. La persona que no tiene Fe en sí misma, en lo que hace y puede conseguir, no supera pruebas, y la victoria le está vedada.

2.- El camino correcto se encuentra añadiendo a la Fe, Virtud.

La Virtud es una cualidad personal, se demuestra con buena conducta y un comportamiento ajustado a normas y leyes morales. El hombre debe ejercer acción virtuosa y recto modo en su proceder. Sin esto la Fe no se consuma, porque en consecuencia la vida presenta caminos tortuosos, llenos de obstáculos y contrariedades. Muchos dejan de tener Fe ante la magnitud de los problemas que enfrentan, pero la Fe no puede evitar el surgimiento de problemas si el hombre que la profesa no hace de lo virtuoso código de conducta.

3.- Las dificultades del camino se evitan añadiendo a la Virtud, Conocimiento.

Esta es la facultad de comprender y juzgar las cosas. El Conocimiento es entendimiento, inteligencia. Aquí se premia el esfuerzo por aprender y saber, por experimentar y crecer. Cuando el conocimiento se suma a la Fe y la Virtud trasciende la erudición.

Es conmovedor apreciar cuántas personas fundamentan su recorrido por la vida y su búsqueda de éxito solo en su capacidad intelectual. Ésa es muestra de pobreza. Pero también es triste ver gente de Fe y Virtud sin alcanzar fruto, precisamente por carecer de Conocimiento.

Por ello esta sabia receta “añade” Valores, los suma unos a otros, puesto que sólo en su sinergia y combinación se alcanza beneficio.

Si el ser humano no se entiende de forma integral, en el sentido amplio de su naturaleza, poco aprovecha el afán de conocerlo. El hombre es criatura de complejidades fantásticas y no ocupa una sola dimensión. Los apologistas del conocimiento, de la técnica y la ciencia como elementos sustentadores del bienestar humano no están conceptualmente habilitados para entender al hombre. Padecen complejo de inferioridad ante el poder de los elementos y fenómenos que componen el universo, y como el humilde hombre que hace un par de siglos sintió alivio al presenciar las primeras máquinas de vapor, ellos calculan sentirse más seguros encargando el destino al Conocimiento.

Y en realidad el destino de la humanidad se encuentra en su capacidad de entender y aplicar Valores a la vida, de los cuales el Conocimiento es solo uno.

4.- La libertad procede de añadir al Conocimiento, Dominio Propio.

¡Cuántas  personas eluden la victoria porque no tienen Dominio Propio!  El Problema mayor del hombre lo constituye él mismo, la pelea principal se desarrolla en su interior. No existe enemigo más peligroso, juez más inflexible, o carcelero más eficaz.

El Dominio Propio le exige al hombre autogobierno, control de sus emociones, miedos y angustias, con la serenidad de quien posee Fe en sus posibilidades, Virtud para sostenerlas y Conocimiento para llevarlas a buen fin.

El Dominio Propio es estado indispensable para el ejercicio de la vida. El control de las emociones es mecanismo de equilibrio vital para enfrentar la adversidad, pues ella llega con intensidad. Cuando los problemas no son tratados con Dominio Propio, desaparece el equilibrio, se combate fuego con fuego y se avivan las llamas.

Si el hombre no tiene capacidad de controlarse a sí mismo entonces no tiene capacidad de controlar sus problemas.

En la lid cotidiana con las contrariedades la razón debe imponer buenos argumentos. Sin ello no existe posibilidad de victoria. La  convocatoria se dirige a la razón porque la lid está plagada de emotividad. Y si bien el objetivo no es eliminar emociones o desconocerlas, es imperativo impedir que dominen las circunstancias. Los conflictos están revestidos de sentimientos intensos, las emociones se filtran por todas partes, por cada resquicio que establece la adversidad.

El objetivo es alcanzar Control. Las emociones deben controlarse; es necesario equilibrar su impulso con una fuerza contraria que modere sus efectos y  encauce sus energías. Esa fuerza es la razón. Ella llega acompañada por vasto instrumental de lógica, sentido común, urgencia, conveniencia y convicción. Todo ello se antepone a la emoción desbocada en forma de pensamientos y argumentos claros.

El deseo de hacer prevalecer la razón ante la adversidad se convierte luego en una emoción que sostiene el proceso, construyendo con ello cauce útil para el flujo de energía. Napoleón confesaba que el momento de sus aprontes militares se hundía en agitación penosa, parecía una joven que da a luz, pero ello no le privaba de mostrarse sereno ante la gente que lo rodeaba, y cuando tomaba una decisión todo quedaba en el olvido, menos lo que era necesario para alcanzar la victoria. Esto es Dominio Propio: sentir ardientemente allí en lo profundo, y sin embargo tener la capacidad de mantenerse sereno ante los demás. Luego, el momento de actuar olvidarlo todo, menos el pensamiento claro y el argumento que conduce a lo que se quiere. De esta forma el ser humano trabaja como esas máquinas de vapor de ebullición interna que canalizan energía a un punto preciso que genera movimiento vital. En el hombre la ebullición se consigue por las emociones, pero el control permite que ésa fuerza se dirija a un punto preciso y mueva lo dispuesto para alcanzar los objetivos.

Si este “vapor interno” no es controlado sale por cualquier lado, no mueve nada, quema todo a su alrededor y termina por victimar a su creador.

5.- Los frutos que depara la caminata se alcanzan añadiendo al Dominio Propio, Paciencia.

La mejor definición que existe de Paciencia es “tranquilidad para esperar”. Sin embargo, ¿hay algo más difícil que eso? Una cosa es por supuesto esperar, pero una diferente hacerlo con tranquilidad. Esto último es solo posible en la serenidad de espíritu que otorga la Fe, la seguridad de estar haciendo lo correcto, la confianza de saber lo que se está haciendo y el sosiego que otorga el control de las emociones.

La Paciencia es un Valor Humano que se encuentra en riesgo de extinción. Los sinónimos de eficiencia son hoy la premura, sentido práctico y agilidad. Los niños se forman en una cultura que ensalza “lo fácil e inmediato”. La dinámica del entorno ha convertido al hombre en un ser “reactivo” que tiene poca posibilidad de hacer prevalecer su propio ritmo. Mafalda, el hermoso personaje del dibujo pedía que se “pare el mundo para poder bajar…”

Parecen existir, en definitiva, pocas condiciones para la Paciencia.

Sin embargo es precisamente la “enfermedad” la que da valor al remedio, y la Paciencia es hoy más que necesaria para enfrentar el conflicto y la adversidad. El hombre se enfrenta al riesgo de quedar dominado por sus circunstancias.

Quien ejercita estos Valores es alguien seguro de sí mismo, no un producto de las circunstancias. Sabe qué esperar, y puede hacerlo con la tranquilidad de quien tiene certeza que a la penumbra de la noche SIEMPRE le sigue la luz del nuevo día. Un hombre seguro es un hombre tranquilo; un hombre tranquilo encuentra paz en la espera.

6.- La Compañía en el camino se consigue añadiendo a la Paciencia, Piedad.

Este Valor y el que le sigue se ajustan al carácter social del hombre. La Piedad está inspirada en la consideración a los demás y se manifiesta en actos de abnegación y compasión. La Piedad es el marco grande de la empatía.

A veces, sin embargo, resulta más apropiado entender éste Valor  como aquel que determina la necesidad de Dar.

En tanto que el hombre  no está concebido como una criatura que se complete en soledad, su relacionamiento con los demás debe estar condicionado por la máxima de Dar aquello que quiere recibir, sembrar en los demás lo que de ellos quiere cosechar, invertir en otros lo que desea para él. Esta regla es completamente determinística, pero muy subestimada. Su sentido ha sido reemplazado por una compleja red de relaciones humanas fundamentada en el interés individual y el egoísmo.

La persona de visión entiende que las fronteras del “yo” son estrechas, y la perspectiva de vivir en ellas no es diferente a la que tiene un roedor en su madriguera. El hombre que posee un espíritu de trascendencia sabe que los grandes espacios se encuentran mucho más allá del “yo”: en el mundo amplio que habitan los demás. Hacia allá tiende puentes, y ésta lógica de considerar necesarios a los demás lo obliga a sentirse necesario para ellos, practicando de esta forma actos de abnegación y compasión.

Sorprende que una lógica tan simple sea comprendida por tan pocos. Es posible que esta verdad sea precisamente la víctima más ilustre del paradigma de complejidad en el que se vive. Ocuparse de los demás es ocuparse de uno mismo; cuidar de los otros es cuidar de uno. El hombre solo es un ser limitado, el hombre de inteligencia superior se sirve de los demás “sirviendo”, y así alcanza objetivos mayores.

7.- Las vicisitudes y alegrías del camino se comparten añadiendo a la Piedad, Afecto Fraternal.

La forma de relacionarse con los demás debe manifestarse a través de Afecto Fraternal, éste es el Valor  fundamental para el hombre en su dimensión social. El afecto está desprovisto de pasión, se traduce en cariño calmo y benigna simpatía. En la vida todos son compañeros de viaje, se comparten penas y alegrías, se busca alcanzar un destino. Básicamente queda elegir si el viaje se lo efectúa en paz con los demás o sin ella.

8.- Para alcanzar el final del camino debe añadirse al Afecto Fraternal, Amor.

Los Valores se resumen así de manera grandiosa. La demanda de añadirle Amor a la receta no es un postulado poético, es una reflexión de fondo. En realidad el Amor es el dínamo que genera toda la energía que se precisa para vivir: amor por uno mismo, por lo que se hace, por los demás, amor por lo que se tiene, por lo que se quiere…

Sin Amor el tránsito por la vida pierde motor, la única guía es la inercia y el fin la parálisis. La gente que transita la vida sin rumbo es gente que ha perdido Amor. Sin Amor no existe Fe, virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad o afecto fraternal; sin Amor el ser humano carece de valor.

Por fortuna éste hecho se presenta pocas veces. La mayor proporción de gente que puede considerarse “viva” profesa Amor por algo.

Otra cosa es el Amor mal entendido. Aquí es donde el hombre se vuelve un ser incompleto, porque calcula amar pero no entiende lo que esto significa, y en ése proceso pierde, aun cuando quiere ganar.

Cuando se vive con Amor y se hacen las cosas por Amor los resultados están garantizados, el ser entero se dinamiza y produce energía de gran alcance.

Los resultados parciales, los procesos incompletos, las victorias o derrotas “relativas”, tienen origen en el entendimiento equivocado del Amor. El Amor no se perfecciona en las palabras, el Amor no ES porque se afirme que lo sea o porque así lo entiende el ego.

El Amor está lejos de las pasiones o la comodidad, el Amor no es reflexivo, actúa, no se cobija en dichos, gestos o impulsos.

El acto de necedad más grande es la manifestación equivocada del Amor.

Para entender el significado profundo del Amor es bueno remitirse nuevamente a Pedro quién lo describe con una conmovedora precisión:

  • El Amor es sufrido.
  • El Amor es benigno.
  • El Amor no tiene envidia.
  • El Amor no es jactancioso.
  • El Amor no se envanece.
  • El Amor no hace nada indebido.
  • El Amor no busca lo suyo.
  • El Amor no se irrita.
  • El Amor no guarda rencor.
  • El Amor no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad.
  • El Amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
  • En esencia el Amor nunca deja de ser…

¿Cuántos pueden inscribirse entre los que aman de verdad?

¿Cuántos tienen la dicha de saber que estas premisas rigen su vida?

La práctica de esta receta maravillosa de Valores Humanos garantiza una vida de victoria. El remedio de los males que acompañan el transcurso de la vida está al  alcance.

No existe justificación para que se transite la vida en oscuridad, privación o derrota. La luz es regalo otorgado al hombre desde siempre. La vida está llena de personas que deciden ser “ciegas por elección”, eluden la luz colocando una venda sobre sus ojos y luego se quejan de la penumbra que los rodea. En la oscuridad se golpean unos a otros e intercambian culpas, caen de rodillas, se arrastran, reciben golpes mientras avanzan tanteando sombras; acuden a cada gramo de energía para avanzar sin ver el camino, pero lo único que no hacen es el pequeño esfuerzo de quitarse la venda y gozar de la claridad.

Twitter: @NavaCondarco

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