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Cambia tu forma de ver las cosas y las cosas cambiarán

La promesa detrás de esta frase está revestida de enorme Poder: cambia tu forma de ver las cosas (esto es personal), y las cosas cambiarán (esto es todo lo demás).

Los psicólogos afirman que no existe algo que pueda llamarse Realidad de manera objetiva. La Realidad, dicen, es aquello que cada individuo percibe de acuerdo a su “personalísimo” punto de vista. Bajo esta lógica posiblemente existan pocas cosas más relativas que la propia “Realidad”, (que en todo caso hay que distinguirla de los Hechos, para tranquilidad de la ciencia).

Basta ver lo que dos individuos opinan o piensan de algo en particular para entender que la Realidad está sujeta a tantas interpretaciones como personas la observan, analizan y juzgan.

¿Qué factores determinan que cada quien tenga una percepción específica de la Realidad? Los mismos psicólogos dicen (y esto también parece lógico), que ello se fundamenta en el Sistema de Creencias que cada persona tiene. Las creencias establecen la forma en que se ve el mundo. Son un par de lentes por los cuales se observa todo lo que sucede. Estos lentes cambian en cada persona a lo largo de su vida, porque también lo hacen creencias en diferentes etapas de su existencia. Por esto la Realidad es infinita en su composición y cambia siempre.

¿Si se construye la Realidad en función de las creencias que se tienen y la forma de ver las cosas que éstas provocan, entonces puede construirse la Realidad que se prefiera estableciendo creencias que sintonicen con ello?

Si la respuesta es positiva el hombre está revestido de mucho Poder, puesto que puede alterar la Realidad que lo rodea a voluntad.

La segunda premisa emerge de otra pregunta: ¿interesa cambiar algo? La respuesta obvia parece sí, ¡por supuesto! , ¿Quién no desea cambiar al menos algo de lo que le sucede?

Luego, en resumen, el hombre tiene el Poder de cambiar aquello que desee. Lo único que debe hacer es reparar en las creencias que sostiene respecto a las cosas que quiere cambiar. Cambia ésas creencias y las cosas cambian.

Dirán muchos que tan sencilla la cosa no es, porque finalmente es complejo alterar Sistemas de Creencias.

Sin embargo hay fuerzas importantes que juega a favor:

  • ¡Las personas quieren cambiar muchas cosas que pasan en sus vidas!
  • Dado que desean los cambios, entienden que sus Creencias los han conducido a situaciones de poco beneficio.
  • La mayoría no tiene nada que las ate a “sangre y fuego” con creencias que no consiguen llevarlos a estados de bienestar.
  • Luego pueden sentirse perfectamente capaces de revisar creencias, cambiar la forma de ver las cosas y obtener transformaciones.

¿Estar dispuesto a revisar creencias califica a alguien de mala forma?

Los sistemas de creencias no solo se encuentran arraigados en la gente, también en el contexto cultural que ampara los actos cotidianos, entre ellos la “solidaridad” de los individuos respecto a creencias comunes. Por efecto de esto es usual que las personas consideren que no son ellas las equivocadas y que el error es ajeno. Por eso esperan (a veces toda la vida), que sean las cosas y “los otros” quienes cambien. Aguardan, con mejor o peor ánimo, que las cosas se “acomoden en su debido lugar” y terminen por darles razón en lo que piensan y creen. Pero como no modifican el “lente” con el que ven las cosas, no pueden apreciar los cambios (si los hubiere).

¿Qué provecho obtienen estas personas al no cambiar creencias y formas de ver las cosas en la vida?

Hay quienes lo hacen por convicción “intelectual” y otros por ignorancia. Las primeras se ufanan de sus principios, coherencia, rectitud, temple y estoicismo. Son personas que se presentan como ejemplos a seguir, invierten recursos y tiempo para consolidar sus convicciones y se esfuerzan en hacer “reflexionar” al resto del mundo. La vida los puede golpear pero no les hace cambiar nada de lo que creen. Soportan embates apretando los dientes, convencidos que el premio llega solo para los que nadan contra corriente.

Las personas que no cambian creencias y formas de ver las cosas por ignorancia son diferentes, tienen un sentido muy desarrollado de la fatalidad y el destino, son creyentes desorientados en su entendimiento de disposiciones sobrenaturales, personas resignadas, conformistas, predecibles. Dan la impresión de haber llegado a la justa convencidos de la derrota y munidos de esperanza que algo inesperado otorgue gusto y sentido a todo.

Éste grupo de personas conforma esa media que puebla el planeta y a su vez explica lo extraordinario, sea esto bueno o malo. Son millones que “pasan por la vida” haciendo “ciertas cosas”, dándole significado al espacio estrecho de realidad que ocupan y dejando tras sí poco más que herencia biológica.

Lo más razonable radica en inscribirse entre quienes están “hambrientos” de cambiar. Y como ningún cambio se produce si cada quién no cambia, flexibilizar el sistema de creencias y ver las cosas de manera diferente, parece práctico.

Cambiar la realidad allá donde se vea que todo esfuerzo por comprender o adaptar las cosas fracasa. Modular la conducta viendo ésas mismas cosas con lente diferente, uno que parta de la pregunta ¿y si estoy equivocado? La respuesta llega rápido, una vez que las cosas cambien porque se las vea de otra manera. Si las cosas se ajustan a las expectativas se asume que el cambio de creencias y forma de ver las cosas fue correcto. ¿Quita algo actuar de esta manera?, ¿Convierte a una persona en alguien sin principios y convicciones?, ¿en una “veleta” que se acomoda a los vientos? ¡En absoluto!  Más bien la vuelve un ser humano inteligente, consciente de su falibilidad y capacidad de aprender cada día.

¿Cómo se puede cambiar la forma de ver las cosas?, por medio de Empatía. Ver y sentir las cosas como otros lleva a un abordaje diferente de la realidad. Si se adopta empatía con otras personas se consigue entender mejor sus puntos de vista, argumentos y actitudes. Si se las contrasta con convicciones propias se obtiene una síntesis más rica que el estado original. Es posible que las otras personas se encuentren equivocadas, que sus argumentos carezcan de sustento o su forma de ver las cosas no sea de provecho, pero verificarlo desde una posición empática tiene más valor que hacerlo desde el reducto propio, y en todo caso consolida el valor de las creencias originales. El proceso permite que se avancen posiciones, que ellas no queden en campos opuestos y distantes.

Quien hace uso de Empatía avanza, progresa, sale del reducto a conquistar tierra ajena, no por imposición de valores o principios, más bien por mejor entendimiento de los mismos en el otro. Y de todos modos se provoca la conquista, bien porque se haya conseguido cambiar la realidad de otros o verificado la necesidad de cambiar preceptos propios. Quien cambia su forma de ver las cosas y por ende altera la realidad, gana siempre, no sólo porque sale de la ciénaga que representa asumir que uno tiene siempre la razón, fundamentalmente porque evoluciona.

La Empatía es en definitiva una Actitud, y como tal propositiva, estoica y confiada.

La sincera conclusión que el cambio es necesario y debe producirse para evolucionar es una cuestión de Actitud ante la Vida.

Es un asunto en el que colisionan aptitudes, conocimiento y erudición con la básica Actitud hacia las cosas que pasan. En tanto el Conocimiento es conservador y racionaliza cualquier posibilidad de cambio, la Actitud lo asocia de inmediato con una premisa de bienestar. Por esto la Actitud no solo se encuentra cerca de la Empatía, también de cualquier pensamiento que se distancie de “atrincheramientos”. Actitud proviene de un contexto de “acción”, y ésta se desenvuelve siempre en escenarios que cambian.

La Actitud no encara la Vida en términos de Principios que deben respetarse a “cualquier costo”, la Actitud trabaja en función de Valores, preceptos inmutables de lo correcto. Cuando los Valores están claros, todo cambio propende a evolución. Cuando los Valores están establecidos, el cambio del lente o el cristal con el que se miran las cosas es un acto inteligente que en nada compromete la esencia o identidad, en todo caso las refuerza porque busca optimizar la calidad de la persona.

Los Valores son raíces sobre las que debe desarrollarse el entendimiento de la Vida y la conducta. Valores, actitudes y conducta están relacionados. Todo lo demás no solo debe estar sujeto a evaluarse y cambiar, más bien nunca entenderse inalterable. Creencias que no cambian originan dogmas, conducen a fundamentalismo y odio a lo diferente.

El Cambio es Vida porque permite que las cosas fluyan con naturalidad, se transformen y adapten como sólo pueden hacerlo las cosas animadas. Lo que no cambia es sinónimo de parálisis y muerte.

Deben cambiarse por lo tanto las creencias que no lleven a ninguna parte, verse las cosas con lente diferente, adoptarse empatía con otros, asumiendo que “no se tiene la razón” en todo. El resultado de esto terminará por ser una Realidad que acomode mejor a expectativas de bienestar y paz. Se habrá evolucionado de un estado de juicio e intolerancia a uno de Poder para cambiar la Vida cuando así se vea conveniente. Se habrá transitado de la incómoda posición de la liebre que corre a saltos por el pedazo de tierra que considera suya, a la del águila que mora en las alturas, que mira problemas y coyunturas de la vida desde la comodidad y paz que le proporciona el firmamento.

Twitter: @NavaCondarco

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