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Cuando uno quiere aprender aparece el Maestro

(Extracto del libro: Si un Perro fuera tu Maestro… 12 lecciones de Vida que deja un Perro antes de partir)

No descubrí, por supuesto, nada que no sea evidente para cualquiera: cuando uno quiere aprender, aparece el maestro. ¡Y vaya que los perros pueden ser Grandes Maestros! Estas criaturas forman parte del entorno humano como pocas, no sólo lo completan, lo enriquecen; difícilmente pudiera entenderse nuestra vida sin la presencia del noble animal. Su gracia, su servicio, su compañía, hacen parte de ésta existencia que a veces nos resulta difícil de entender. Y sobre todo su Amor, ése eje alrededor del cual rota toda su razón de ser: amor puro y desinteresado. Capacidad de amar sin reconocer límites y de recibir amor como significado de vida. En muchos, en muchísimos aspectos, la vida de un perro supera en calidad y trascendencia la de los hombres (probablemente por eso es realmente más corta). La vida de un perro que se ama marca con sello incomparable los más puros sentimientos, en tanto que están con nosotros e igualmente después que se han ido.

Por otra parte ellos mismos llevan una vida tan placentera y a la vez intensa, que, como decía el pequeño Tom, no precisa ser más larga de lo que termina siendo. Finalmente es cierto que el sentido profundo de la vida no puede ser medido en tiempo, porque si esto fuera así, siempre concluiría por ser penosamente larga o corta y nunca alcanzaría la precisión que pudiera tomarse como punto mensurable de una Buena Vida. Son las experiencias, las sensaciones, las penas y las alegrías las que dan forma genuina a la vida y le proporcionan sentido. Estas cosas diferencian el vivir del durar.

Los hombres complicamos nuestra vida como no lo hace ningún otro animal de la naturaleza. Poseemos capacidades maravillosas, hemos construido prodigios que celebrarán futuras generaciones, hemos desentrañado innumerables misterios y revelado secretos que guardaba la naturaleza. Nos animamos confiadamente a explorar el espacio y planificar nuevos mundos, combatimos sin tregua la enfermedad y vencemos. Sin embargo nuestra vida, allá en la intimidad que no está reservada para la acción colectiva, es confusa y complicada. Nuestra capacidad no siempre alcanza para pelear contra el sufrimiento y vencerlo, contra la infelicidad y conquistarla. En todo esto somos pequeños seres, aprendices pobres, que aun siendo aplicados concluyen siempre reprobando las asignaturas. El Poder de nuestras mentes y el potencial prodigioso de nuestras emociones no han encontrado las respuestas para conocer la felicidad simple que justifica finalmente la estadía sobre esta tierra. Porque la felicidad es, como bien lo diría un perro, justamente una cosa simple, básica, lejana de cualquier tipo de complejidad como las que hemos construido.

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