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SIGUE CAMINANDO

Finalmente la Vida es una larga caminata que solo demanda una cosa de la persona coherente: sigue caminando.

Muchas veces ya no existen explicaciones o justificativos para las cosas que pasan, faltan objetivos y motivaciones. Entonces la Vida nos toma de la mano y solo nos dice: sigue caminando.

¿Qué opción queda?; ¿detenerse?, ¿abandonar?; ¿esperar que las cosas sucedan como exige nuestro buen entendimiento?

La Vida nunca se detiene, como ésas cintas sin fin que funcionan para que uno camine o corra encima. Si es uno el que se detiene la cinta lo arrastra y lo desploma, exactamente de la misma forma en que la Vida lo hace con aquel que deja de caminar.

El mundo no puede detenerse por uno, no puede detenerse por nadie. El mundo dará vueltas sin pausa ni misericordia hasta el momento mismo que desaparezca, y terminará sus días de ésa manera: dando vueltas.

La Vida proporciona pista para aquel que quiere correr. Ajusta su dinámica para soportar al que se empeña, y prepara galardón para el que va alcanzando y superando metas. Igualmente otorga sendero para quien camina con más lentitud y contempla todos los detalles que adornan el trayecto. La Vida tiene soporte para todos: los apresurados, los pacientes, quienes contemplan y quienes quieren ser contemplados, quienes valoran el camino más que las cosas que existen a su alrededor, quienes valoran más ésas cosas que el propio camino, y finalmente para quienes se valoran a sí mismos más que a todo lo demás. Para todos ellos la Vida ofrece soporte. Incluso para los que están cansados y no desean continuar viaje, la vida extiende la mano y dice: sigue caminando.

Porque es cierto y definitivo: la Vida extiende la mano al que va exhausto por sus caminos. Nunca es completamente indiferente, puede esperar hasta el último momento, puede extender una mano débil y frágil, pero NUNCA deja de hacerlo. Llega siempre en socorro y ayuda de aquel que ya no puede más. Llega con una premisa: sigue caminando.

Porque para quien sigue caminando existe una meta. Porque el que sigue caminando califica.

No importa el ritmo, no importa la velocidad, no importa si se está disfrutando o no del camino, importa primero que se siga caminando

¿Estuvo muy duro el camino hoy? Mañana estará mejor: sigue caminando.

¿Tristeza, frustración, angustia en la caminata? Pues bien, en algún recodo del camino, más adelante, hay sosiego, tranquilidad y contento. Sigue caminando.

¿Vas solo?, ¿nadie entiende ni comparte el camino que elegiste? No desmayes, existe en algún lugar del trayecto gente que está haciendo exactamente lo mismo, que siente lo mismo, que espera lo mismo, que espera por ti. Es tan sólo necesaria una cosa: sigue caminando.

El camino demanda pero también tiene provisión reservada a la medida de todos. Nada abunda por completo, pero nada falta tampoco. Si entiendes esto, cuando llegues a los tramos finales también comprenderás que fue un camino lindo y que valió la pena transitarlo. No seas soberbio con él, no lo subestimes, sabe bien como doblar la cerviz de aquellos que lo hacen. Sin embargo no le temas más de la cuenta pues ha sido diseñado para que puedas transitarlo, no tiene cosas ocultas o trampas misteriosas si caminas con la frente alta y el paso seguro.

Hay una sola cosa que no admite, una actitud exclusiva que no permite: que te detengas.

Solo una cosa manda, solo un requisito tiene, rigor mantiene en una sola demanda: no preguntes por qué ni cuando, tan solo sigue caminando.