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La Vida, entre el Nacimiento y la Muerte

(Sustraigo a la Vida la oportunidad de hacer algunos comentarios inoportunos…)

La muerte es dejar de Ser.

La muerte es el evento que detiene nuestro estado.

La muerte no es otro estado ni otra forma de Ser, es solamente un evento, un corte en el tiempo y el espacio, un corte de aquello que somos.

Siendo sólo un evento, lo importante no es entender lo que la muerte es, más bien comprender lo que es la Vida.

Porque la Vida SI es un estado, o al menos un conjunto grande de eventos con significado, un conjunto que dura mucho más, por supuesto, que el evento efímero de la muerte.

El Nacimiento es un evento parecido al de la muerte, corto e intrascendente por sí solo. El Nacimiento tiene valor porque éste se lo proporciona la Vida que lo sucede.

Por lo tanto la Vida es un estado trascendente entre dos eventos efímeros que por sí mismos carecen de importancia.

La Vida es la que tiene Significado, no el nacimiento ni la muerte. La vida es el Propósito.

Sin embargo la Vida como estado, no necesariamente representa un Significado y un Propósito para aquel que vive, pues el que vive NUNCA tuvo control de los sucesos que provocaron el estado.

Nadie determina nacer ni establece que debe morir. Los seres vivos (conscientes) pueden encontrar un significado y un propósito para su Vida pero eso se da una vez que la Vida existe, por lo tanto la Vida misma como estado no tiene Significado para ellos ni constituye un Propósito que ellos hayan buscado.

La Vida, como estado, tiene un Significado y un Propósito para “algo” que se encuentra antes de ella y después de ella.

Y éste “algo” no puede ser un objeto o cosa inanimada, puesto que de serlo no tiene ninguna relación con lo que entendemos que es VIDA. No hay relación lógica entre lo inanimado y la Vida.

Por lo tanto ESE “algo” debe ser, por fuerza, un “alguien”, dado que el entendimiento de un “alguien” se asocia al entendimiento de “lo vivo”.

“Alguien” encuentra Significado y Propósito en la Creación de la Vida y en su posterior cese.

La Vida es una Creación porque no se conoce fuente que la “produzca” o estado previo que haya sido transformado.

Antes del Nacimiento no hay nada y luego de él la Vida ha sido Creada.

Toda Creación lleva necesariamente a un Creador. Éste es el “alguien” que encuentra Significado y Propósito en la Creación y posterior existencia de la Vida.

Nuestro entendimiento no basta para comprender los móviles, la naturaleza o el carácter del Creador.

Siendo los seres vivos criaturas, no podemos alcanzar al Creador sin que éste así lo disponga.

Si el Creador no se revela a las criaturas, permanece entonces en el misterio y es completamente insondable.

La pregunta no es si existe el Creador, la pregunta es ¿se ha revelado el Creador a sus criaturas?

El acto de la Creación de la Vida, para formar un estado con Significado y Propósito, sólo puede ser entendido como un acto de Amor del Creador, puesto que si no es un acto de Amor ¿cómo más puede ser calificado?, ¿cómo un capricho?, ¿cómo una arbitrariedad?

Si el acto de Creación de la Vida no fuese un acto de Amor entonces tampoco existiría la muerte, porque la Vida dejaría de tener Significado y Propósito si no tuviera nunca un fin.

La muerte, por lo tanto, es también un acto de Amor del Creador.

Para saber si el Creador se ha revelado debe entonces buscarse el mensaje de Amor en todas las posibles revelaciones. Porque el Creador es Amor.

Si en la historia de la humanidad existe registro de un acto extraordinario de Amor, allá puede encontrarse la revelación del Creador.

Sólo un evento de ésa categoría tiene registrado la historia. Sólo uno cuya trascendencia sigue marcando el devenir de los tiempos.

La historia humana, la historia que hacen los hombres, la historia que los hombres conocen y reconocen tiene un solo registro de ésa importancia.

Con esto no se afirma aún que ESA revelación sea la del propio Creador, se afirma solamente que es el acto más representativo de la Historia.

Luego cada quién, con sano e inteligente criterio, remítase el episodio histórico.

Estúdielo, analícelo y determine si eventualmente puede constituir un hecho en el que el Creador se revela.

Si la Vida ha sido efecto de las disposiciones del Creador, la Vida misma, que es el estado de los seres vivos, reconocerá si la revelación le corresponde al Creador.

No es la dimensión racional la que reconocerá la revelación, tampoco la dimensión emocional, es la propia Vida la que reconocerá su origen en la revelación, de la misma forma que el agua se reconoce en el manantial.

La respuesta al interrogante profundo se encuentra en la decisión de remitirse al episodio histórico y enfrentarse a él, nada más sencillo que eso. Luego es la propia Vida la que absolverá el interrogante.

Ésa Vida que al no ser solo cuerpo, al no ser solo mente, al no ser solo energía, reconocerá “algo más”.

Y si no reconoce “algo más”, pues habrá sido demostrado que allá no se encuentra el Creador.

Entender la muerte es algo sencillo. Para entender la Vida hay que remitirse al episodio histórico más significativo de la humanidad y ponerlo a prueba como una hipotética revelación del Creador.

Para mí, ése episodio histórico tuvo lugar hace algo más de 2000 años con el nacimiento de Jesucristo.

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