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El dueño de tu Tiempo, ¡es tu dueño!

Administrar el Tiempo es una cosa y otra diferente determinar quién es dueño del tiempo de uno. La diferencia entre ambas es la misma que existe entre Forma y Fondo.

Tiene, por supuesto, beneficios y perjuicios saber administrar el tiempo, pero el hecho de no ser dueño de él es condicionante definitivo de la realización del potencial humano.

Cierto tamaño alcanza el hombre en la Vida teniendo potestad sobre su tiempo y otro cuando es la voluntad ajena quien lo domina.

La afirmación que sostiene que el Tiempo es el activo principal del hombre, su bien más valioso y el único recurso que no puede recuperar a medida que lo “gasta”, es una verdad trascendente. Tiempo es Vida y Vida es Tiempo. Esta es una relación ontológica que explica las cosas más básicas e importantes de la existencia.

Todos los hombres llegan al mundo con una medida determinada de tiempo por administrar. En ello no hay más discriminación que la definida por los caprichos del destino. Una hora de tiempo es el mismo “absoluto” para todos los seres, aunque sea relativa la interpretación y la vivencia que en ella se tenga.

Todos gozan de completa libertad para determinar el destino que dan a su tiempo, y en función de ésa decisión las personas se diferencian unas de otras.

La decisión que toma el hombre es el grado de dominio y poder que ejerce sobre su tiempo. Dueño y señor de él no puede ser en el contexto de las dinámicas sociales de la vida, pero el “grado” de control es factor determinante en el carácter que tiene su existencia.

Muchos convencionalismos sociales condicionan temprano las decisiones que las personas toman sobre el dominio de su tiempo. Estos convencionalismos señalan que el camino “apropiado” está marcado por la formación de capacidades, destrezas y habilidades para desenvolverse “competitivamente” en la vida; condiciones que luego se someten al arbitrio del Mercado para maximizar retribuciones.

Esta forma de pensar lleva a 95 de cada 100 personas a transar Tiempo por Dinero.

Cuando las capacidades, destrezas y habilidades son la “materia prima”, que se transa en el Mercado, el tiempo que ellas demandan para su ejercicio es el que se termina negociando. En esta realidad se inscriben la mayoría de los empleos y auto-empleos que la gente adopta como medio de sustento.

Se vive en un sistema que esencialmente forma y prepara personas para que intercambien Tiempo por Dinero. En ello se basa la economía global gobernada por un grupo reducido de hombres que tiene clara su visión y un conjunto de anónimos que transita cansinamente el proceso de alcanzar metas y objetivos para el sistema. Estos “innumerables” venden su Tiempo y negocian condiciones con el mejor postor.

Hay un problema importante en esta lógica universal: ¿cuánto vale el Tiempo?, o lo que es igual: ¿cuánto vale la Vida? ¡Ninguna respuesta alcanza a definir esto! Nadie puede asignar con facilidad un valor en dinero a su Vida. ¿Por qué entonces se termina haciendo precisamente eso?

La respuesta se encuentra en la falta de Consciencia sobre el vínculo intrínseco que existe entre Vida y Tiempo:

la Vida de las personas tiene el valor que se esté dando al uso de su Tiempo.

Cuando existen limitaciones al uso discrecional y libre del Tiempo, el valor de la Vida se reduce de manera proporcional. Cuando estas limitaciones están establecidas por otras personas, el valor de la Vida propia está determinada, entonces, por ésas otras personas: uno vale aquello que los otros “pagan” por el tiempo que se les proporciona. Y si este mecanismo de “alquilar el tiempo” se sostiene por periodos largos, el “alquiler” concluye siendo una transacción patrimonial y la Vida del hombre que transa Tiempo por Dinero se convierte en la “propiedad” de alguien más.

Muchos piensan que son dueños de su destino a pesar que “alquilan” permanentemente su Tiempo. Se muestran tranquilos, y a veces satisfechos, calculando el dinero que les representa ésa transacción y la manera en que  “cubre” las necesidades que tienen. Esa tranquilidad no proviene de un criterio mediocre para evaluar las cosas, es producto de un largo proceso en el que han sido adoctrinados para aceptar la Vida así. La familia y la sociedad le dicen al hombre que su vida se desarrollará en un laberinto de socavones como los que tiene una mina, y le enseñan a transitar esos túneles para situarse, al menos, en aquellos que brinden mayor “comodidad y cobijo”. Luego, bien hace quién transita con habilidad esas cavernas y termina por situarse lo más cerca posible de la “superficie”.

Todo tipo de Empleo y Auto Empleo es una competencia que se lleva a cabo en túneles estrechos que difícilmente llevan a la superficie. La persona que “alquila” su tiempo en un Empleo y se sujeta a lo que en este sentido dispone el Sistema, tiene Dueño, debe reconocer Patrón. Y toda persona que invierte su tiempo en tareas cuya retribución depende exclusivamente del tiempo personal tiene como Patrón a su propio oficio. En ambos casos, cuando  se acaba el Tiempo se acaba el Dinero. En ambos casos las definiciones sobre la vida propia, son ajenas.

Para tener control de su Vida y destino el hombre tiene que ser dueño de su Tiempo, debe ejercer soberanía sobre él. Y dado que en teoría no existe monto de dinero que pueda expresar el valor de una Vida, no debe negociar su tiempo (que precisamente es Vida) por monto alguno de dinero.

El dinero necesario para subsistir y adquirir todas las cosas transables que se desean, debe conseguirse por medio de la Venta de conocimiento, destrezas, servicios o productos, no “alquilando” el tiempo propio. Todas las personas tienen una Capacidad de Producción distinguida de los demás, el potencial de producir algo de valor, y ése “algo” es lo que debe transarse en el Mercado. Por supuesto que ése “algo” habrá demandado tiempo para desarrollarse, pero ése tiempo tiene el carácter de Inversión y no de un gasto. Es diferente Invertir tiempo en crear la Capacidad de Producción, que “gastarlo” en transacciones por dinero. Es más, en cuanto mayor sea el tiempo invertido en el desarrollo de la Capacidad de Producción, menor la probabilidad de tener que transar tiempo por dinero, dado que esto último se da con mayor frecuencia cuando la persona no tiene capacidad de producir algo de valor o cuando éste se acerca sólo a la capacidad física.

En la realización de su Capacidad de Producción el hombre debe transar Resultados por dinero, debe “vender” (y ésta sí es una habilidad vital de “supervivencia”), aquello que sabe que otro precisa y está dispuesto a pagar. Estos Resultados pueden ser productos (ideas, bienes, consejos, soluciones, diseños, sistemas) u objetivos por alcanzarse. La persona debe administrar su tiempo para producir aquello que alguien más necesita y está dispuesto a pagar. No es el tiempo propio el que debe ponerse a disposición del Mercado, es el Producto de ése tiempo el que se debe transar. De esta manera el “problema” con el Tiempo pasa a ser de “administración” (eficacia y eficiencia) y no de “propiedad”. Lo que distingue a una persona de otra es la habilidad de administrar su tiempo para producir aquello que se le demanda y no la capacidad de soportar y procesar la forma en que otro administra su tiempo.

Los resultados de esto no se miden en la cantidad de dinero que finalmente se acumula, se miden en la Calidad de Vida que se posee en el proceso.

No existe calidad en una vida que se pone a disposición de los demás a cambio de dinero.

Es posible que en el proceso de intercambiar Capacidad de Producción por dinero en lugar de transar Tiempo por dinero, alguien concluya recibiendo menos dinero, pero a cambio habrá tenido control de su propia vida y posibilidad de vivirla a distancia del arbitrio de los demás. ¡Y eso finalmente vale mucho más que el dinero!

Es posible que alguien reciba finalmente más dinero transándolo por su tiempo, pero no es probable. En la vida ciertamente  todo es posible, por ello la dinámica del juego demanda trabajar sobre probabilidades. En ése sentido siempre serán mayores las probabilidades de maximizar la acumulación de dinero si aquello que se transa para conseguirlo no demanda que se hipoteque la vida. Esta afirmación resume todas las tesis sobre Motivación en el trabajo: produce más y mejor el hombre por disposición que por obligación.

Algunas premisas de pensamiento establecidas por “tradición” deben aclararse:

  • No es verdad que el único o mejor camino para obtener el dinero necesario para el sustento provenga de transar Tiempo por Dinero. ¡No es verdad!, por mucho que constituya parte de la ancestral sabiduría popular.
  • No es verdad que el éxito en la vida (primero habrá que afirmar que el éxito tiene unidad de medida absolutamente personal), radique en Formar a las personas en conocimientos, habilidades y destrezas que sean puestas a disposición del Mercado.
  • No es verdad que el Empleo tradicional constituye el vehículo idóneo para transar ésa Formación en el Mercado.
  • No es verdad que la “Carrera Profesional” exitosa esté representada por una historia de empleos que han consumido buena parte del Tiempo y de la Vida. Finalmente a nadie le interesa eso, ni siquiera a los sistemas que se benefician de ello.
  • No es verdad que la única alternativa a esto sea desarrollar conocimientos en un oficio que se transe en el mercado sin dependencia de los demás. Este es el auto-empleo que conocen bien los abogados, médicos, odontólogos, etc., un sistema que sólo cambia de patrón y entrona al oficio como dueño y señor del tiempo propio.
  • No es verdad que todo esto se solucione por acumulación de Conocimiento, puesto que mucha gente con enorme Conocimiento está igualmente perdida en el circuito, transando habilidades básicas por un puñado de dinero.

La Inteligencia es diferente al Conocimiento. La Inteligencia orienta y explota el Conocimiento. Pensar es distinto a Saber. El Pensamiento orienta y explota el Saber. Y Pensar es lo que se precisa para salir del circuito.

¿Cómo se evita transar Tiempo por Dinero?: activando la Capacidad de Producción. ¿Cómo se activa la Capacidad de Producción?: aplicando Inteligencia, en definitiva Pensando.

Le encanta al hombre obtener respuestas sencillas, encontrar “recetas” para todas las cosas, pero esta es otra premisa falsa. Nunca existen respuestas fáciles o ellas no son, al menos, las más valiosas. A pesar que tenga a su disposición todo el Conocimiento, la respuesta de valor que busca debe encontrarla en sí mismo. Ella se encuentra PENSANDO, utilizando ésa capacidad exclusiva, ése regalo del que es único destinatario. Ninguna otra especie puede Pensar, luego ¿para qué tiene el ser humano ése Poder?, ¿para transar su Tiempo físico por dinero? El hombre se acerca a las especies más básicas (y con desventaja) cuando propende a sostenerse en su capacidad física. Y tiende a justificar su esencia cuando acude a su intelecto.

Expresa una frase: “El dinero en abundancia se obtiene pensando, si no fuese así todos aquellos que cargan ladrillos serían millonarios”.  Mientras algunos observan el “agravio” que ello puede significar para quienes obtienen honesto sustento con el sudor de la frente, otros entenderán que cualquier llamado a que la gente piense constituye una convocatoria universal.

Hace muchas décadas Napoleón Hill decía: “Piense y hágase Rico”. Para ésa afirmación el Tiempo no importa, porque lo trasciende, como pocas cosas en la Vida.

Twitter: @NavaCondarco

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