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Sabios consejos de Santiago para el Emprendedor

El Emprendedor no es un ser común. De ello dan testimonio no solo las experiencias de quienes abordan la tarea, de ello dan fe las propias estadísticas que definen la dinámica de las economías en este planeta. Existe a lo sumo una persona que puede calificarse como Emprendedor entre diez que desarrollan sus tareas con otros móviles.

La tarea de emprender es una de las más desafiantes y complejas, en ella deben superarse multitud de temores, dudas, complejos y  críticas. El Emprendedor se desenvuelve en los límites de precaución natural que tiene la especie humana: el instinto de supervivencia, el sentido de protección o seguridad, la aversión al riesgo, el temor al fracaso.  En pocos actos de la vida  se ponen a prueba las convicciones y el carácter de manera más nítida.

Por otra parte,  vencido el enorme obstáculo de iniciar el viaje, éste es a su vez un largo, agitado y solitario camino.

Merece particular atención la significativa Soledad que el Emprendedor tiene en el trayecto. Muchos pueden estar alrededor, alentando y apoyando el empeño, pero el Emprendedor está esencialmente solo. Harry Truman el 33vo presidente de los Estados Unidos tenía escrito en la mesa de su despacho algo parecido a lo siguiente: “todos los procesos terminan aquí”,  y ésta es exactamente la historia del Emprendedor: la responsabilidad final no puede compartirse, no puede delegarse, al final del camino hay solo un par de hombros y una espalda.

Existe sabiduría milenaria que el Emprendedor puede aprovechar para procesar estos hechos y una de las más valiosas tiene un par de miles de años de antigüedad.

La Epístola de Santiago es uno de los textos más hermosos de la Biblia. Su mensaje no es sólo alimento sólido para el espíritu o referencia vital para el creyente, es también una enseñanza profunda y práctica para la Conducta que debe sostenerse en la vida, en cuanto Hombres en general pero también en la función laboral o profesional que se desempeña en ella.

Muchos de los mensajes de esta carta están hechos a la medida de las cosas que necesita entender el Emprendedor:

  • El valor trascendental de la Paciencia para poder perseverar y alcanzar el éxito.
  • Los perniciosos efectos de la duda y la falta de Fe en el trayecto hacia la meta.
  • La inconsistencia del hombre de “doble ánimo” en todos sus caminos.
  • La necesidad de ser “pronto en el oír, tardo en el hablar y tardo para airarse”
  • La importancia del trabajo que sucede a la Convicción.
  • El ominoso poder de la lengua y de la palabra para la construcción o la destrucción de las cosas.
  • El enorme poder de la Humildad como elemento motriz de la tarea.
  • La forma de visualizar y encarar el futuro.
  • La necesidad de ser equilibrados y justos con quienes sostienen y colaboran en las tareas.

Entre todos estos consejos uno de los más valiosos es el relacionado a la PACIENCIA.

Santiago inicia su texto señalando: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia” (Stgo 1, 2:3)

Pocos maestros existen en la vida como los problemas y las adversidades. Nadie en sano juicio las busca, pero todos las encuentran en algún momento.

La mayoría de las personas solo sufren el rigor de las dificultades, únicamente un pequeño grupo las capitaliza positivamente. Sacar provecho de los problemas y transformarlos en maestros colisiona con muchos preceptos que se inculcan desde la infancia, la mayoría relacionados con una lógica negativa: “nada bueno puede esperarse de los problemas y de la adversidad”.

Pocas veces se enfatiza en uno de los frutos más valiosos que puede proceder de las pruebas que se presentan en la vida: la PACIENCIA.

Santiago es claro en esto: la prueba de la fe produce Paciencia.

Fe es lo primero que tiene el Emprendedor al poner en marcha una idea o una visión. Los proyectos existen porque alguien cree en ellos, los gesta, los visualiza en el tiempo, tiene certeza de lo que espera y convicción de lo que otros no ven.

Es ésta Fe, ésta convicción la que se pone a prueba en el camino. Si no se emprende la marcha, las pruebas no aparecen. Por lo tanto, y como primer punto, las pruebas son una clara señal de que ¡el emprendimiento existe!  Si la fe no fuese puesta a prueba tampoco tendría premio, carecería de calidad y de sustancia. ¡Un buen emprendimiento tendrá pruebas en el camino! Y detrás de éstas no solo corresponde  encontrar el tipo de fortaleza a la que se remiten los viejos consejos, detrás de ellas también existe  la oportunidad de encontrar Paciencia, y con ella el combustible vital para hacer todo el viaje.

Sin Paciencia, querido Emprendedor, nunca se llega a la meta.

Sin Paciencia se hacen viajes cortos, se navega en superficie, se coquetea con la seducción de “lo promedio”, aquello que se halla tan cerca de lo mediocre. Sin Paciencia no se gestan ni se desarrollan buenos planes, no se cautiva a los clientes, no se enamora al mercado ni se vence al competidor. Y, por sobre todo, no se supera la soledad que acompaña el trayecto. La Paciencia tiene la virtud de alinearse con ése médico infalible que tiene la naturaleza: el tiempo. Éste es quien al final remedia y resuelve todo.

La Impaciencia es estadísticamente la mayor causa del fracaso de buenos emprendimientos. La Impaciencia es homicida de proyectos y principal obstáculo de su éxito. La Impaciencia supera  a la vacilación y la aversión al riesgo como factor de fracaso del Emprendedor.

No solo es sugestivo, es sobre todo conmovedor que Santiago afirme que se debe tener “sumo gozo” cuando se enfrentan pruebas,  porque es precisamente lo opuesto a lo que el instinto indica.

¿Enfrentar los problemas y la adversidad con gozo? Probablemente los parámetros de educación y  cultura alcancen para aceptar las pruebas con la lógica de “ponerle buena cara al mal tiempo”, pero ¿gozo?, es decir ¿disfrutar del mal tiempo? Esto sólo puede entenderse suponiendo que al hacer las cosas así algo Muy Grande se consiga al final del proceso: y este premio es precisamente la Paciencia.

Enfrentar con  gozo las pruebas constituye un Examen capital, porque pocos tendrán la Actitud apropiada para hacerlo. Pero finalmente, esto de hablar de “pocos” lo entiende bien el Emprendedor, porque él mismo forma parte de un grupo muy reducido de personas en el mundo.

Corresponde ahora entender con propiedad lo que Gozo significa, porque los evangelios no hacen uso circunstancial de los términos y el Emprendedor no tiene a poco ningún consejo útil. La palabra Gozo procede del vocablo latino “gaudium” y hace referencia a la alegría del ánimo o al sentimiento de complacencia al poseer o recordar algo apetecible. Gozar, por lo tanto, está asociado a disfrutar y a toda acción placentera.

La adversidad entonces se enfrenta con alegría de ánimo, los problemas se soportan con complacencia y se disfruta el proceso hasta el punto que provoca placer.

Y, ¡ojo!,  a no olvidar que Santiago no sólo demanda gozo, más bien Sumo Gozo, o todo lo anterior en estado superlativo.

¿Qué tan natural puede ser esto?

Seguramente conviene tomar una prudente distancia del sentido espiritual que la afirmación tiene en la carta de Santiago, porque evidentemente en ésa dirección está planteada la demanda pues los creyentes reconocen que Dios se perfecciona en las debilidades, pero la “dimensión prosaica” de la afirmación también tiene poder, como la tiene una corriente eléctrica después que ha sido procesada en un transformador. En este sentido debe afirmarse que la demanda es natural, ¡por supuesto!; seguramente difícil de entender, pero absolutamente natural, ¿o se puede aseverar que el gozo no es un elemento natural en el hombre?

Probablemente sea mejor cambiar la palabra natural por habitual. De esta manera se corre menos riesgo de cometer un error. Naturalmente se pueden enfrentar los problemas y las adversidades con sumo gozo, pero habitualmente no se lo hace. Se podría entender, naturalmente, que la Paciencia se construye mejor desde éste ángulo, pero habitualmente no se lo hace.

Sin embargo el Emprendedor entiende también mejor que otros que “habitualmente no existe mucho beneficio en lo habitual”. ¿No es cierto acaso que los emprendimientos exitosos  se encuentran muy lejos de hacer las cosas “como siempre”?, ¿no es acaso cierto que el beneficio emerge de hacer las cosas de forma “diferente”?, ¿ser único no es acaso sinónimo de distinción?

Se exige entonces  una actitud diferente el momento de enfrentar los problemas y las adversidades, una actitud “no habitual” entre las personas, y por ello mismo una actitud que proporcionará ventajas comparativas.

Por otra parte, ¿Cuál es el beneficio concreto de enfrentar la adversidad con ansiedad y angustia?, ¿existe en ello alguna ganancia?

Se ha convertido en un peligroso paradigma la consideración que los actos valiosos deben estar acompañados por una actitud de “preocupación” con respecto a los detalles y contingencias. Se da a entender, de manera cada vez más extendida, que quien no se preocupa en realidad “no se ocupa apropiadamente de las cosas”. De esta forma se está construyendo una cultura fundamentada en el temor y en la aversión al riesgo. Preocuparse en realidad está muy lejos de ocuparse. Es mucho más fácil preocuparse que ocuparse y si existe una cultura que sutilmente fomenta lo primero, de hecho conseguirá que la preocupación termine por sustituir a la ocupación.

La “preocupación” puede vincularse a la parálisis, de la misma forma que la alegría de ánimo puede convocar a la acción. La preocupación carga el mismo tipo de energía negativa que nutre a los problemas y a las adversidades, en ése sentido ¿cómo puede ser la mejor forma de evitarlos o resolverlos? La acción en cambio siempre es de signo positivo y con ello está naturalmente mejor habilitada para enfrentar los contratiempos.

La preocupación, la angustia y la ansiedad difícilmente conseguirán desarrollar Paciencia como pueden hacerlo la alegría de ánimo y la complacencia.

Por eso en la demanda de Santiago, como en muchos otros casos en la vida, la mejor respuesta no se encuentra en la pregunta ¿Por qué?,  más bien en la pregunta ¿Por qué no?

Al Emprendedor le resulta familiar la asociación del éxito con la Perseverancia, pero ¿es posible ser perseverante sin ser primero paciente? La Perseverancia es el vehículo que permite alcanzar objetivos, pero la Paciencia es el combustible que mueve ése vehículo. Detrás de una persona perseverante no existe necesariamente un hombre muy seguro de sí mismo, existe sobre todo un ser muy paciente.

Y la Paciencia la proporcionan las Pruebas que se enfrentan con gozo, con alegría de ánimo, con sentido de beneficio.

La tristeza es otra cosa. Precisamente opuesto a todo lo anterior, y triste en realidad tiene que estar quién pocas veces enfrenta algún problema, porque es posible que no esté haciendo nada significativo.

Y ningún Emprendedor puede inscribirse en este grupo por una razón sencilla, porque todo Emprendedor debe preciarse siempre de que está haciendo algo que pocos se animan a hacer.

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