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¿Dónde está el Tigre?

El Tigre representa la amenaza que nuestros antepasados percibían en muchos elementos del medio en que vivían y ante el que no tenían ningún tipo de control. El Tigre era el factor que desataba en ellos todos los mecanismos mentales y biológicos de protección y defensa. El Tigre terminaba devorándolos si no tenían la capacidad de eludirlo o eliminarlo.

Nosotros somos ésos mismos seres que comenzaron a poblar este planeta hace miles de años. Constituimos producto de la experiencia y evolución que tuvieron, de su historia para vencer las adversidades y sobrevivir. Ciertamente hemos progresado, dominamos muchos elementos que mantenían aterrorizado al hombre primitivo, nos consideramos, en general, seres que han progresado y disfrutan de una “vida civilizada”.

Muchos misterios y enigmas que angustiaron a los primeros hombres han sido develados y tienen explicaciones incluso profanas. El mundo ya no es una amenaza, por el contrario, está más cerca de convertirse en víctima del propio “progreso”. Exploramos con calma y racionalidad la vastedad del universo que nos cobija y entendemos cada vez mejor el mundo microscópico que explica la naturaleza de las cosas.

El hombre ha cambiado ciertamente, y en poco se asemeja a ésa criatura que habitaba cavernas remotas, en muy poco, salvo en el hecho que aún mantiene el temor por el Tigre.

El Tigre al que hoy se teme no tiene cuatro patas, y en la mayoría de los casos ni siquiera es algo físico, pero provoca las mismas reacciones ancestrales: angustia, tensión, pavor y desgaste general. El Sistema Nervioso Simpático que trabajaba para regular el organismo y ayudar en las tareas físicas necesarias para enfrentar al Tigre, sigue operando hoy en otras eventualidades, de hecho menos dramáticas, pero que la mente del hombre moderno procesa de la misma manera que lo hacía hace miles de años al percatarse de la presencia del animal. Es más, el Sistema Nervioso Simpático funciona hoy con mayor frecuencia, porque en la vida del hombre contemporáneo los “tigres” se han multiplicado.

Es lógico sentir terror y activar todos los mecanismos mentales y biológicos de defensa para enfrentar un Tigre, pero es absurdo hacerlo cuando el Tigre no existe.

Es en la mente del hombre donde se gestan ahora las amenazas: “tigres” de todo tipo, en cada momento y circunstancia, la gran mayoría de carácter imaginario.

¡El hombre está enloqueciendo!, eso es lo que diría con razón cualquiera ancestro.

Pocos días de su vida pasan sin que se sienta y comporte como si el Tigre estuviese al acecho: éste puede tener hoy la forma de una boleta de energía eléctrica que debe pagarse, o la falta de respuesta a un mensaje electrónico. Así son los “tigres” que hoy lo rodean, transitan con él cada jornada, duermen en su compañía y lo han convertido en su rehén. Lo obligan a mantener los músculos en tensión casi siempre, la adrenalina regando su sistema, la mente alerta y el cuerpo en vilo.

Los primeros hombres activaban estos mecanismos al ver un Tigre verdadero, al sentir su olor o su inminente presencia. Actuaban de acuerdo a una amenaza real. Sin embargo hoy, para el caso del hombre que ha tomado señorío de este mundo, ¿dónde está el Tigre?

¿Es razonable pensar que una boleta de energía eléctrica, el rostro desaprensivo del jefe, el mensaje no respondido por la novia o la incertidumbre del próximo viaje de vacaciones, tenga la misma forma y represente el mismo peligro que el Tigre de nuestros remotos abuelos?

Habrá que ser honestos en la respuesta, la razón dice que NO, pero nuestros cuerpos y mentes responden a eventos mundanos y triviales de la misma forma que lo hacían ante el Tigre de aquellos tiempos. Y al hacerlo no solo desgastan y enferman, más bien hacen sufrir como nunca lo hubiera imaginado el indefenso hombre del inicio de la historia.

Nos ufanamos de la calidad de vida alcanzada, de las comodidades conquistadas, pero igualmente tomamos una ducha de agua caliente rodeados de tigres. Nos alimentamos como solo hubieran soñado los antepasados, pero lo hacemos con tigres en cada rincón de la mesa.

Hay dos respuestas apropiadas para la pregunta ¿dónde está el Tigre?:

  • En primer lugar el Tigre no existe.
  • En segundo lugar, el Tigre está en todas partes.

El Tigre real (el peligro concreto, la amenaza efectiva), pocas veces se presenta. El otro Tigre, el imaginario, ése que se gesta en la mente de las personas, está en todas partes.

Dos cosas aprendieron muy rápido nuestros antepasados: a identificar la presencia del Tigre y combatirlo cuando era posible o necesario. Así superaron pruebas y evolucionaron. Esto proporciona evidencia de dos capacidades humanas: la toma de consciencia sobre las dificultades y la aplicación de soluciones para superarlas.

Para enfrentar problemas el hombre moderno está mejor dotado que nunca, pero su toma de consciencia de las cosas es la más pobre desde que sus pies se posaron en este planeta:

  • Es incapaz de tomar consciencia de que el Tigre no existe.
  • Es incapaz de tomar consciencia de que puede evitar el sufrimiento.
  • Es incapaz de entender que el único propósito que tiene en esta tierra es ser feliz y experimentar su propia evolución.

Posiblemente no concibe una vida sin tigres. Le han dicho desde pequeño que debe prepararse para enfrentar un incierto y duro futuro, ha visto siempre que la gente a su alrededor se angustia y sufre por todo tipo de cosas. Le han enseñado, con toda formalidad, a desarrollar capacidades para “enfrentar” una vida hostil y doblegarla.

Ya no es un ser que se busque a sí mismo y disfrute las cosas que la Providencia le ha puesto en mesa para su provecho. Se ha convertido en un “cazador de tigres”.

Y el “cazador de tigres” no solo está convencido que éstos existen, también los busca premeditadamente. Sin tigres no tiene oficio, ni sentido de lo que ES y lo que HACE.

La vida de este “cazador” es triste, por supuesto.

El desafío del hombre moderno es aquel que sus antepasados superaron bien y pronto: tomar consciencia de las dimensiones efectivas de la amenaza del Tigre y derrotarlo.

Dicen quienes se han preocupado de estudiar estos temas que el 99% de los problemas que el hombre calcula tener son producto de su imaginación, no son reales. Por lo tanto en el 99% de los casos el Tigre no existe.

No es difícil tomar consciencia de esto puesto que cada quién puede comprobarlo en su propia vida, luego ¿por qué se sigue sufriendo?, ¿por qué se sigue viendo un Tigre que no existe?

Miles de años de historia atestiguan la dificultad que tiene la respuesta. El hombre no solo ha sido incapaz de resolver esto, por el contrario, a medida que el tiempo pasa y se siente más “civilizado”, la cosa se pone peor. Sus “tigres” son ahora más fieros y numerosos.

Nuestros abuelos no hubieran concebido la angustia de un adolescente de este tiempo al encontrarse unas horas sin internet, nuestros padres quedarían perplejos por el grado de molestia que hoy genera la imposibilidad de tener un teléfono móvil. Una persona promedio activa reacciones biológicas y mentales en un embotellamiento de automóviles idénticas al que uno de nuestros ancestros experimentaba al ver cara a cara un Tigre de cuatro patas y 400 kilos de peso.

La solución es simple, al menos en relación a lo que promete: una vida plena y llena de paz. La solución radica en tomar consciencia que el Tigre no existe el 99% de las veces, a pesar que la mente indique lo contrario. Así de simple: tomar consciencia de la REALIDAD, de lo que efectivamente sucede AQUÍ Y AHORA.

El único Tigre peligroso y potencialmente mortal está en la mente y el mundo imaginario que ésta proyecta cada momento.

Ahora bien, la Consciencia es como una piedra en bruto que hay que labrar para llegar al diamante, es como un bloque de mármol que precisa cincel para volverse una obra de arte. Efectivamente hay que tomar primero “consciencia de la necesidad del trabajo”, pero luego todo se resume en laborioso modelamiento.

Los Procesos Mentales se trabajan con Procesos Mentales. Los Procesos Mentales equívocos se tratan con Procesos Mentales apropiados. Una y otra vez debe operar el cincel sobre la piedra bruta, una y otra vez, incansablemente, hasta que emerja el diamante.

En esto la razón puede ser invaluable aliado, porque repetirá fielmente que el Tigre en realidad no existe cuando los sentidos así lo evidencien. Con estos “tigres” que la mente del hombre moderno inventa funciona ésa vieja máxima de “ver para creer”.

El cincel que labre la piedra puede ser la repetición continua de una simple y honesta pregunta:

¿Dónde está el Tigre?

Cuando el temor tome control de la mente, la preocupación subyugue el ánimo o la angustia condicione la conducta, la pregunta es de rigor:

¿Dónde está el Tigre?

Cuando el cuerpo se tense, las mandíbulas se cierren con vigor y los dientes rechinen, la pregunta es inmediata:

¿Dónde está el Tigre?

Cuando la vida pierde color y el alma sufre, es menester preguntarse:

¿Dónde está el Tigre?

Ninguna respuesta evidenciará su existencia, y por lo tanto el sufrimiento es injustificable, la angustia innecesaria, la preocupación vana.

La mente vive engañada y engaña toda la vida. NO existe ningún Tigre, luego no hay situaciones que ameriten reacciones de “vida o muerte”.

Ante la oportuna y reiterada consulta la mente concluirá por rendirse a la evidencia y la Consciencia despertará: el Tigre no existe.

La vida es esencialmente benigna y promisoria. El hombre tiene todas las condiciones para ser feliz y vivir en paz. Hay desafíos y dificultades, con seguridad, pero ninguna con la envergadura de un Tigre. Es la mente débil y condicionada la que convierte estos eventos en amenazas que anticipan fatalidades.

Hay que utilizar este “cincel” para alcanzar soberanía sobre la mente cada vez que la angustia, la tensión y las preocupaciones aparezcan: ¿dónde está el Tigre? Más temprano que tarde la evidencia prevalecerá, y las cosas cobrarán la proporción que siempre tuvieron.

Finalmente de esto se trata todo: de proporciones. Problemas y contratiempos siempre existirán, nadie está exento de fatalidades y desgracias, pero transformar cada evento, por ridículo que sea, en una situación que emule a un Tigre a punto de atacar, es absurdo y triste.

El Tigre está en la mente. La mente es el verdadero Tigre. Y todo esfuerzo dedicado a tomar Consciencia de esto conduce a la genuina evolución.

No es necesario sufrir sin motivo o por negligente vocación. Nadie paga el costo de esto más que uno mismo. Ninguna riqueza material puede sustituir la paz mental, aquella que es necesario construir sobre la evidencia de que los problemas y amenazas son siempre menores de lo que la mente proyecta o anticipa.

Sea honesto y sincero con usted mismo. Relájese unos segundos después de terminar de leer esto y hágase estas preguntas:

¿Qué está muy mal o que amenaza mayor existe en este preciso momento?

¿Dónde está el Tigre?

¿Existe entonces motivo para estar tan tenso y preocupado?

¿Es necesario que condicione y exija de su organismo las respuestas que éste se encuentra procesando como si un Tigre lo acompañara ahora mismo?

Hay tiempo, forma y proporción para resolver los problemas. Estas líneas no son una convocatoria a la irresponsabilidad o la displicencia, son una modesta demanda a que entienda que es absurdo caminar por la vida como si un Tigre le pisase los talones.

Twitter: @NavaCondarco

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