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3 Consejos para tu vida, de parte de tu mejor amigo (Parte 3)

“El compañero es una persona que conoce profundamente el poder del silencio, es por medio de él que en realidad se comunica. Y este conocimiento le está vedado a la mayoría. El compañero sabe que las cosas más importantes no son las que se dicen, son las que se callan”.

(Frase y artículo extraído del Libro: Si un Perro fuera tu Maestro… 12 lecciones de vida que deja un perro antes de partir)

Cuando se quiere aprender, aparece el maestro.

¡Y vaya que los perros pueden ser Grandes Maestros!

Estas criaturas forman parte del entorno humano como pocas, no sólo lo completan, lo enriquecen; difícilmente pudiera entenderse nuestra vida sin la presencia del noble animal.

Su gracia, su servicio, su compañía, hacen parte de ésta existencia que a veces resulta difícil comprender. Y sobre todo su Amor, ése eje alrededor del cual rota toda su razón de ser: amor puro y desinteresado. Capacidad de amar sin reconocer límites, y de recibirlo como significado de vida.

Veamos los consejos de éste hermoso Maestro de cuatro patas:

(Ver la Parte I: Cuando tus seres queridos llegan a casa, siempre corre a saludarlos (La Felicidad)

(Ver la Parte II: Toma Siestas (La necesidad de soñar)

3.- Cuando alguien tenga un mal día, quédate en silencio, siéntate cerca y suavemente hazles sentir que estás allí (El incomparable valor de la compañía)

Que bendición más grande es la compañía, y tamaño misterio. En esto nosotros los perros quizás tengamos nuestra máxima expresión. Esto es lo que fundamentalmente nos une a las personas desde el inicio de los tiempos. Somos, sencillamente, buenos compañeros. Por eso creo que tengo algo que decir al respecto, y posiblemente mucho que juzgar.

La compañía es una muestra de cariño, por supuesto, el cual es a su vez una manifestación de Amor, pero tiene sus particularidades importantes: involucra presencia física, mucha interacción, respeto y paciencia. El amor es finalmente un sentimiento, pero la Compañía es una acción.

La Compañía y la soledad son casi como hermanos siameses, trabajan juntos, al mismo ritmo, se complementan casi siempre y se sustituyen en muchas ocasiones. Ambos constituyen elementos esenciales para el equilibrio emocional del hombre y ninguno de ellos puede estar ausente de una vida que quiera consolidar la felicidad.

Por muchos motivos, entre ellos para poder construir y apreciar la buena compañía, el hombre tiene que aprender a convivir con la soledad.

En éste mundo que se ha construido alrededor de los requisitos imperativos de su dimensión social, el hombre precisa estar bastante tiempo sólo para reforzar su individualidad, su identidad y su significado personal. Esto es lo que le permite mantener un equilibrio apropiado con lo que le demanda su entorno.

Muchas veces por simple ignorancia las personas califican mal a la soledad y la evitan, construyen incluso relaciones destructivas para evitar estar solas. Es probable que en muchos casos ni siquiera estén conscientes de lo que la soledad es, pero la eluden.

Otro número importante entiende la importancia de la soledad pero no puede practicarla, al menos no en el sentido positivo que ésta debe tener. Por último puede bien entenderse que la soledad consiste simplemente en no estar acompañado, pero su sentido fundamental no es ése, sino el de relacionarse íntimamente con uno mismo.

En realidad se podría decir con toda pertinencia que en el marco impersonal del  agregado social todos los individuos que no tienen capacidad de relacionarse consigo mismos son individuos solitarios, rodeados, paradójicamente, de muchísimas personas.

Porque estar rodeado de mucha gente no quiere decir necesariamente que se esté acompañado.

Únicamente quien es docto en el conocimiento y ejercicio de las prácticas que se hacen en soledad puede ser una buena Compañía.

Acá surge otra paradoja, al menos bajo el lente mediocre de la masa, porque en realidad sólo el ego sano es en definitiva el que mejor puede acompañar a un semejante.

El ego firme y bien establecido es autosuficiente y no precisa succionar nada de nadie, por eso precisamente puede regalar Compañía desinteresada. El ego respeta, porque antes ha demandado respeto y ha sido capaz de conseguirlo. Acompaña porque antes ha experimentado la necesidad de la Compañía.

Un buen compañero solamente puede ser una persona con ego victorioso, alguien que ha hecho del egoísmo una virtud que construye. Muchas veces es incluso más fácil que las personas encuentren el Amor y no un buen compañero, porque finalmente, ¡el Amor tiene tantos móviles y tantas manifestaciones!

Por eso nunca faltan los amantes, por mucho que se sustituyan o se sucedan unos a otros. Pero los compañeros no, estos son definitivamente más escasos, y ellos mismos concluyen por ser amantes genuinos, porque la cepa del Amor es la misma que la del buen compañero: el ego.

El compañero es una persona que conoce profundamente el poder del silencio, es por medio de él que en realidad se comunica. Y este conocimiento le está vedado a la mayoría. El compañero sabe que las cosas más importantes no son las que se dicen, son las que se callan.

Las personas que tienen el ego en su lugar no necesitan la lisonja, ni la reafirmación sonora, no buscan ni consuelo ni lástima. Se comunican para crear más allá de lo que ya está establecido, lo que existe ya es terreno conquistado. El silencio es por supuesto buena compañía de la soledad, porque si bien no le dice nada tampoco le priva de presencia. Saberse acompañado en un profundo silencio es una de las formas más elevadas de intimidad.

El compañero que no conoce las virtudes y los poderes del silencio, agota, porque como dije antes, la Compañía es hermana siamesa de la soledad y ésta se perfecciona en el silencio. El compañero no demanda, da, y al hacerlo también recibe, pero en el momento exacto en donde todo corresponde.

Cuando se pasa un momento difícil nada existe más precioso que una buena Compañía, porque entonces la soledad es débil por causa de la carga adicional que tiene que soportar. Entonces el compañero se queda en silencio, se sienta cerca y hace suavemente sentir su presencia.

Esto es lo que activa las respuestas, porque en la mayoría de los casos y en especial en las situaciones difíciles, las respuestas se encuentran en el interior, por tanto la soledad es el vehículo con el que hay que buscarlas.

Elevado ser es el compañero, preciosa joya en la bolsa del ego autosuficiente. Porque el hombre carente, la persona incompleta no busca compañeros, busca cómplices, personas con las que pueda reforzar sus justificaciones, consolidar sus argumentos.

El compañero tampoco es el estereotipo del amigo, aquel que no sale sobrando pero con quien lo mismo puede disfrutarse de una buena comida, una fiesta o un velorio; el compañero es el mejor amigo, ése con el que especialmente puede compartirse la construcción de uno mismo. Si el compañero comparte además la fiesta es otra cosa, porque igualmente es bienvenido, pero es allí, en los momentos y lugares donde se está trabajando el alma, cuando ni siquiera es convocado, donde expone su valor.

Los perros somos para muchos ésos compañeros. Nosotros reunimos, sin quererlo, ésas condiciones que se precisan para la buena compañía. No hablamos, por supuesto, pero hacemos sentir nuestra presencia y así nos comunicamos.

Estamos allá cuando se comparten alegrías y asimismo cuando se procesan penas y tristezas. Nos echamos suavemente a los pies de quién está trabajando sus preguntas y respuestas. Soñamos, como solo nosotros sabemos hacerlo, mientras los hombres que amamos dibujan sus laberintos y sus propias puertas de salida.

No me siento triste de poder hacer todo esto, por el contrario, yo llego a la vida para ello. La pena que tengo es mucho más elemental pero dramática: me sobrecoge que el hombre se halle en la condición de tener que encontrar tantas de estas cosas en un perro.

Siendo él una criatura mucho más completa y capaz debiera tener en sí y entre sus semejantes todo esto que encuentra primero en nosotros. Me apena saber que soy yo quien le provee de todas estas carencias, porque en definitiva mi vida es muy corta.

Confío sin embargo en su capacidad de darse cuenta, más temprano que tarde, de todo aquello que precisa cambiar y todo aquello que debe poner en su lugar. Finalmente no es su debilidad o sus carencias las que lo han convertido en el amo de éste mundo y en el mío.

Tiene el hombre en su interior todo lo que necesita para superar sus desventuras y mejorar la calidad de vida que lo une por mucho más tiempo que a mí con este mundo.

Es posible que cuando llegue ése día él también tenga una vida más corta, y sin embargo sea más pletórico, porque por último, la dimensión del tiempo no se mide en términos de extensión sino de intensidad. Vivir mucho es la afirmación más lejana que existe a una consideración de tiempo. Quienes conocemos lo que es la vida y sabemos vivir, no necesitamos mucho tiempo para partir satisfechos (y ser recordados por mucho, mucho tiempo).

Extraído del Libro: “Si un Perro fuera tu Maestro… 12 lecciones de vida que deja un perro antes de partir”)

Twitter: @NavaCondarco

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