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El Emprendedor y su romance con el Fracaso

fracaso-empresarialLa persona que no tiene la capacidad de coexistir con el Fracaso, con las pérdidas y con la frustración, no está habilitada para desenvolverse exitosamente como Emprendedor. En el mundo del  emprendimiento las victorias constituyen  gramos de oro entre toneladas de lodo y de arena,  y hace falta un colosal esfuerzo para separar una cosa de la otra.

Si el minero combate cada día con el lodo y el frío, lo hace porque reconoce que el valor del premio supera todo costo y el resto es el ambiente natural donde se esconde el tesoro. Cada tonelada de lodo no es una representación de fracaso,  es el insumo de cuyo proceso emerge el dorado metal. Si el oro no fuese tan escaso y tan difícil de encontrar tampoco sería tan valioso.

Este ambiente es parecido al del Emprendedor: el resultado esperado es como ésa elusiva pepita de oro en el muladar.

Muchas personas emprenden con un falso espejismo como norte, visualizan el premio sin apenas tomar en cuenta las dificultades que pueblan el camino que conduce a él. Están dispuestas e empeñar todo el esfuerzo para alcanzar su sueño pero ignoran que la meta no se alcanza sólo con trabajo, se alcanza principalmente por la capacidad de procesar el fracaso y la frustración, toneladas de ambos por cada gramo de beneficio.

Si el Emprendedor no sabe Perder no está habilitado para Ganar, porque el Triunfo es apenas una de las contiendas en las que no se ha perdido y el mérito jamás se encuentra entre los “ganadores” sino entre aquellos que saben perder. Los hombres grandes no son aquellos estereotipos asociados con la genialidad y la astucia para conseguir sus metas, son personas con una admirable capacidad de encajar las adversidades, procesarlas y utilizarlas para sus fines. Como muestra viva del dictamen del Edén, estos hombres alcanzan sus objetivos secando sangre, sudor y lágrimas.

Esto no quiere decir que otras tareas de la vida no demanden lo mismo o se hagan menos “dignas” por poseer procesos diferentes,  está claro que en la vida nada se consigue sin esfuerzo, la diferencia sutil radica en que el Emprendedor tendrá que procesar todo esto esencialmente SOLO. El Emprendedor carece de ésa “red de seguridad” que proporciona la responsabilidad colectiva o aquella que está vinculada a la responsabilidad de alguien más.

Si algo en definitiva caracteriza su  trabajo es que el peso de encarar todos los “costos” recae en él,  y solo en él. En esencia no existe quién  comparta la frustración y la pena. La simpatía y la “solidaridad” pueden poblar su entorno, pero la responsabilidad del resultado está exclusivamente vinculada a él.

El Emprendedor debe darse cuenta que los mejores maestros y las orientaciones de mayor calidad que encontrará  en el camino no provendrán necesariamente de ése “entorno solidario” que lo rodea. Ése entorno carece de la empatía necesaria para identificarse con las vivencias  que él tiene a lo largo de la vía. Son precisamente los Problemas, las Frustraciones, las Pérdidas y los Fracasos quienes no le mentirán nunca y quienes mejor le enseñarán las soluciones y remedios.

El Fracaso es un maestro de mucho más valor que el Éxito, las adversidades forjan el carácter como pocas cosas lo hacen y  la resolución de los problemas conduce al hombre a la sabiduría.

Mientras que para el resto de las personas todos los contratiempos sólo llaman a angustia y condenación, para el Emprendedor deben ser unos aliados decisivos. Por una parte porque de ellos puede extraerse provecho excepcional, pero por otra parte porque son INELUDIBLES. Los problemas y la adversidad en la vida son inevitables, así en el hombre en general  y con mayor medida en el Emprendedor, por lo tanto o bien se asumen como piedra de tropiezo o bien como piedra que construye el fundamento.  En la vida del emprendimiento el fracaso es lo rutinario y el éxito lo extraordinario, los problemas son una constante y lo positivo una excepción.

No es necesario pensar que el Emprendedor “desee” que las pruebas y los contratiempos lleguen y menos aún que los disfrute, ellos simplemente aparecerán, con la misma certidumbre de la luz que rompe las sombras de cada amanecer, como el lodo, la arena y el agua que esperan al minero cada día. Jugarán siempre el rol de privarle de su premio, de hacerle difícil la tarea, lo seducirán a cada instante para que abandone la lucha y muchas veces lo conseguirán.

Resistir estas fuerzas con el puño levantado y el pecho descubierto tiene poca probabilidad de alcanzar buen resultado. Poner a prueba la hombría y el coraje ante ellas no es lo más inteligente. Aquello de tener  “estómago” o “nervios de acero” aplica mejor en un Bombero que en un Emprendedor, porque nadie puede tener el “aguante” necesario para enfrentar la adversidad por periodos muy largos de tiempo,  y el emprendimiento no es asunto de una jornada.

Para interactuar con los Problemas y con el Fracaso se necesita más Inteligencia que Carácter, más habilidad que fuerza, más energía que poder. La Fortaleza de la adversidad nunca podrá enfrentarse con fortaleza propia equivalente, el hombre simplemente carece de ése alcance. Pero tiene a mano su Inteligencia,  la capacidad de discernir e interponer fe, paciencia, buen ánimo y perseverancia en el camino.

La vida de un Emprendedor no es nada fácil cuando estas cosas no se entienden y se asimilan, como no lo fue seguramente la vida de nuestros antepasados sujetos a la rigurosidad de la naturaleza. ¿Qué hubiera sido de nuestra especie si los primeros hombres solo se hubieran dedicado a “soportar” o enfrentar “por fuerza” los elementos naturales que los castigaban?, ¿Cómo se le gana la partida al rayo o a la lluvia?, ¿al frío o al calor? Primó su inteligencia para adaptarse a los fenómenos y concluir por utilizarlos a su favor, en ello nada tuvo que ver la fuerza o el poder. Hoy podemos observar desde la agradable calidez de nuestras casas la nieve cayendo alrededor, hoy el sol nos nutre de energía eléctrica. El hombre ha llegado a conquistar a los elementos para utilizarlos a su favor, y lo ha hecho recurriendo a su Intelecto, no a su Coraje o su Valor.

Ante las Perdidas, los Fracasos, los Problemas y la Adversidad, el Emprendedor tiene también un desafío de Conquista y no uno de estoica resistencia. Un desafío de Conquista que en todo caso no implica sometimiento,  más bien ésa capacidad de conseguir que lo opuesto juegue en beneficio propio.

Se juegan muchas cosas de valor en la interacción del Emprendedor con el conflicto: el éxito entre ellas o el hecho de alcanzar los resultados  a pesar de la adversidad, pero sobre todo la posibilidad de estar en PAZ, en equilibrio emocional y con tranquilidad en el alma. Estos factores sufren elevado castigo cuando el Emprendedor no concluye por “conquistar” la adversidad. Cuando el hombre se quiebra, el emprendimiento se quiebra y allí acaba la historia.

Nadie ofreció flores en esta fiesta y hace mal quien llega portando macetas. El camino del Emprendedor no es sencillo y en poco aprovecha tratar de “adornarlo”. Las pérdidas existirán, el fracaso tocará las puertas muchas veces y la frustración será parte de la dieta. Lo importante es no oponer resistencia ante ello, sino inteligencia, entender que las pruebas son maestros que no mienten y  que la adversidad puede ser conquistada para bien.

Por último todo esto también servirá para que el Emprendedor se coloque ante el espejo y determine finalmente si tiene “uñas para la pelea”, pues siempre vale la pena darse cuenta si la convocatoria a ésta tarea fue un error. Quién en su momento decidió emprender viaje puede darse cuenta en el camino que las demandas del trayecto no coinciden con las expectativas o con la capacidad, y en éste caso lo mejor es detenerse y cambiar de senda. Ello es prueba definitiva de coraje.

  • Si quien emprendió es una persona que no procesa apropiadamente el hecho de Perder, hay que detener viaje.
  • Si es una persona que tiene en alto precio rutinas tranquilas de vida, es mejor cambiar de camino.
  • Si es una persona que cree que el éxito es una nave que se aborda a cañonazos, es mejor que canalice esa energía por otra parte.
  • Si cree que la genialidad es prima mayor de la inteligencia, está llamado a otro juego.
  • Si lo está haciendo sólo por ganar dinero es mejor evaluar otra opción, porque en este viaje también perderá dinero.

Es cierto que el minero hace lo que hace por amor al oro, pero ésa pasión lo conduce a desarrollar un romance con los otros elementos, aquellos que debe conquistar para tomar su premio. Comprende que entre lodo y arena se halla lo que más quiere y por eso los entiende, los procesa y los trata con cuidado. A ellos les extrae el oro, se los quita, con inmensa paciencia y habilidad.

Igualmente el Emprendedor debe sostener un romance con el fracaso para extraer de él aquello que quiere: la victoria, el sueño realizado, la visión alcanzada.

Cuando vea la íntima relación que existe entre el fracaso y la victoria llegará a tratarlos por igual. Y probablemente detrás de este pequeño detalle no sólo encuentre una valiosa ventaja comparativa sino también la PAZ,  porque quien no valora de igual forma el fracaso y el éxito,  es como aquel que inicia un viaje interminable para encontrar el tesoro que supuestamente existe al pié del arcoíris.

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