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NO TENGO EMPLEO, ESTOY “EN PARO”

Parece, lamentablemente, que la falta de Empleo ya no se considera una circunstancia a la que eventualmente está sujeta toda persona que brinda sus servicios a otra, tampoco un fenómeno económico que tiene efecto sobre el bienestar de las naciones, la falta de Empleo es hoy un drama de carácter personal que marca la vida de la gente y deja huellas, muchas veces irreversibles, en el Ser.

Estamos presenciando un cambio sobrecogedor en la Valoración de las cosas: cada vez más gente considera que tiene Valor en cuanto tiene un Empleo.

El Empleo se ha convertido en una forma de medir el sentido de la Vida. Ella toma uno u otro matiz en función de las particularidades del Empleo de turno, y en su caso incluso deja de tener sentido en cuanto aquél no existe. La “biografía” de la gente se evalúa de acuerdo a los empleos que ha desempeñado y se valora por la importancia que cada uno de ellos hipotéticamente tuvo. La “hoja de vida” de una persona está compuesta en un 80% por su historia laboral.

Y no es que alguien hubiese impuesto esta forma de ver las cosas, o que el Sistema lo haya establecido como efecto de su desenvolvimiento. Esta visión de la Vida emerge de las propias personas, son ellas las que finalmente deciden que todo sea así. Luego, ellas mismas responsabilizan al Sistema, a otras personas o a la Vida, por los infortunios que pasan.

Esto no quiere decir, por supuesto, que los Sistemas de Gobierno estén exentos de culpa y responsabilidad, o que la Vida sea en esencia un “lecho de rosas”. Transitar por todas las coyunturas y eventualidades que presenta la existencia no es sencillo, y efectivamente los Sistemas de Gobierno no sólo son imperfectos, son también manifiestamente malos en muchos aspectos. Sin embargo, partir de estas conclusiones para justificar una vida llena de penas y frustraciones por “no tener empleo” es un despropósito descomunal.

¡El Empleo no determina de ninguna manera el Valor de una persona!, el desempeño laboral no lo califica para la Vida. El Empleo (si existiese) es una consecuencia del Valor del hombre, un efecto de la capacidad que tiene de aportar algo valioso para otros. El Empleo no es un punto de partida, es uno al que eventualmente se llega como consecuencia de que “alguien” hace uso justo de lo que vale una persona, bien en términos de sus conocimientos, sus aptitudes, sus habilidades o lo que fuese. Las personas tienen Valor específico antes de (eventualmente) tener un Empleo, mientras lo están ejerciendo y después que ya no lo poseen. Entender que la Vida no llama a sus criaturas solamente para que constituyan una enorme fuerza de trabajo y luego descansen en paz, no es sólo un imperativo moral, es una demanda existencial.

Ya tiene buen tamaño ésa costumbre nefasta de educar a los niños desde la cuna con el objetivo de que puedan conseguir un buen empleo y a partir de él planifiquen un retiro “garantizado” en la vejez. Ya duró suficiente la grosería de planificar cada gramo del esfuerzo familiar por generaciones para que los jóvenes puedan acceder a un “título” que aumente sus posibilidades de emplearse. Ya ofende la sana vergüenza que el mundo mire con un lente generoso a quién tiene un Empleo y con otro menos piadoso al que no lo tiene, al que lo perdió o al que nunca lo quiso.

¿Qué tipo de “ocurrencia” (por no decir otra cosa) justifica el presentarse ante los demás como una persona “En Paro”? ¿Qué quiere decir eso? Si pudiese entenderse como una consigna que tiene el propósito de llevar un mensaje político al Poder, probablemente ofendería menos, aunque igualmente resultaría poco útil. Pero si ello quiere expresar una cualidad del “estar” y del “Ser” de la persona, es simplemente un desacierto penoso. Nadie puede calificarse “En Paro” solamente porque en un determinado momento esté desempleado. “En Paro” están las personas que carecen de Vida, porque ellas simplemente ya no pueden hacer nada.

Por otra parte, ¿cómo puede evaluarse la historia de quién consigue un empleo después de haber estado mucho tiempo “en paro” y lo festeja con el sentimiento de quien hubiese salvado la vida o salido de las llamas de un castigo? ¿Qué valor puede asignarse a quién convierte en un objetivo de Vida el conseguir un Empleo?

La intención no es desmerecer a nadie, más todo lo contrario. Cada persona vale mucho, pero mucho más, en su infinito universo de potencialidades, que un Empleo. Y la Vida es inconmensurablemente mayor a la labor que uno desempeña. La idea no es quitar el valor específico que un Empleo tiene, la intención es recordarle a todo el mundo el enorme Valor que cada quién representa, o en el peor de los casos el fabuloso Valor que puede tener si entiende las cosas en la dimensión que poseen.

Todo ser humano es irrepetible e incomparable, cada quién está dotado de dones, aptitudes y habilidades que no poseen sus semejantes. Y en el acto de reconocerlas, cultivarlas y desarrollarlas, se encuentra el Valor del aporte que puede darse a sí mismo y desde allí a los demás. Aquí el orden es de vital importancia, porque el Valor que cada persona tiene debe primero beneficiarla a ella misma, y luego, como un efecto de la abundancia, ser de beneficio de otros. Quién no se sienta una persona de Valor y no experimente eso en su propia vida, nada valioso tiene por ofrecer a su entorno.

Esto no tiene que ver con “oficios” particulares o “conocimientos especiales”. La idea del Valor de una persona trasciende actividades específicas. Un heladero que “aprecia y precia” su oficio en términos de perfección y excelencia es más valioso que un doctor en Economía que hizo las cosas “correctas” o “como se tenían que hacer”. El Valor parte primero de “apreciar” lo que se Es, lo que se tiene y lo que se hace, y en función de ello otorgarle un “precio”. La persona que “aprecia y precia” lo que tiene luego podrá ser juzgada en esos mismos términos por los demás. Quienes esperan que el aprecio y el “precio” sean asignados por otros, se someten directamente al parámetro ajeno, y si éste resulta inferior, pues ése concluye por ser su propio Valor. Esta es la historia de muchos empleados, quienes esencialmente poseen el Valor que les asignan los empleadores, porque o bien carecieron siempre de Valor Propio o lo resignaron.

Para la persona que identifica y cultiva su Valor Propio, el Empleo es una opción, no es el fin de la historia; es además, una opción entre un conjunto vasto de posibilidades, es finalmente, una opción que compite con mucho esfuerzo. Esta paradoja posee una explicación sencilla: quien desarrolla su Valor Propio lo tiene en alta estima y pocas veces consigue que un tercero lo “precie” en la misma dimensión. El Empleo representa también un importante sacrificio de libertad y habitualmente esto es algo caro para quien se valora a sí mismo y a su capacidad de aporte. Finalmente el Empleo persigue agregar mayor Valor a objetivos ajenos y la persona que “aprecia” su valía no siempre coincide con ello.

Por otra parte la persona con Valor Propio que decide tomar el Empleo como una vía de desarrollo personal y profesional es casi siempre un excelente empleado, porque aporta de lo que ES más allá de aquello que se le exige, porque además trabaja con la tranquilidad de quién está prestando un servicio que se “aprecia” y no algo en lo que se juega la vida. Con el Valor Propio sucede algo parecido a lo del Amor Propio, pues nada sabe de Amor quién primero no se ama a sí mismo y  nada de valor aporta quién primero no está consciente de su propio Valor.

Tampoco tiene ningún sentido asociar íntimamente el Empleo con el Trabajo, como dando a entender que trabaja sólo quién tiene un Empleo. Esto no tiene nada de cierto y no es algo correcto, porque en realidad trabaja quién aporta algo, y esto no sólo sucede en el universo del Empleo. Quien no tiene en Empleo no por ello puede decir “que no está trabajando” en cuanto de todas maneras esté haciendo algún aporte o esté realizando el Valor que intrínsecamente tiene. Por centenas de años la Mujer estuvo clasificada como una persona de “segunda categoría” solamente porque su trabajo se desarrollaba en el hogar, y el hombre de la casa (un “brillante empleado”) era quién merecía el reconocimiento principal pues “mantenía” a la familia. Este tipo de culto al Empleo y su asociación al Trabajo es una falacia.

Otro error significativo es vincular el “trabajo duro”, intenso y sin pausa, a la responsabilidad y a la virtud. No existe ninguna relación entre productividad o valor del trabajo y el “sudor de la frente”. No es mejor trabajador quién más se sacrifica o más tiempo le dedica a la labor. ¡Mejor trabaja quién mayores resultados obtiene con el menor esfuerzo!, y esto también tiene una relación estrecha con el Valor de la persona y el aporte que otorga con su trabajo. Este otro culto a la “jornada de trabajo” limitada por un determinado número de horas laborables, en determinados lugares, y bajo la directriz de ciertas normas, es otro argumento falso y juicio equívoco. El aporte de calidad es multiforme y esencialmente atemporal, porque está estrictamente sujeto al carácter de su Valor. Una hora de trabajo de un cirujano cardiaco vale tanto como 1000 horas de trabajo de 10 estibadores en un muelle y probablemente valga menos que la decisión que en 3 minutos toma el general de un ejército en batalla. No existen parámetros homogéneos para calificar el Trabajo sin la consideración estricta del valor que tiene cada uno de ellos en cierto contexto. Y exactamente lo mismo sucede con el Empleo en relación a todas las otras formas en las que puede realizarse el Valor de aporte que tenga una persona.

El Empleo en sí no es un “sustento de vida”, el Valor del conocimiento, las aptitudes, las destrezas y la experiencia de las personas lo son. La Capacidad de Producción es mucho más importante que la “tierra, el capital o el trabajo” del modelo económico lineal. Los empleos son transitorios, las experiencias empresariales o los contratos de trabajo lo pueden ser también, pero la Capacidad de Producción acompaña a la persona  todo el viaje y por cada estación que éste toca. Y la Capacidad de Producción es obviamente un producto del proceso de valoración que cada quién debe hacer con su vida productiva. La Capacidad de Producción no puede conducir únicamente a que se obtenga un Empleo de calidad, puede llevar incluso a que se genere Empleo, en cuyo caso se está trabajando en un estadio superior.

Triste es el caso de ésas sociedades que han hecho del culto al Empleo un parámetro de evaluación de la prosperidad y del bienestar de la gente, porque en los ciclos habituales (y normales) de contracción económica, provocan frustración y desasosiego, y se echan encima, además, a las propias criaturas que han ayudado a formar. Porque la persona que pierde el Empleo o que finalmente se considera “En Paro”, responsabiliza de todos sus pesares a ésa Sociedad que la introdujo en la dinámica. Estas son sociedades frágiles, naciones débiles, poco productivas y de bajo nivel competitivo.

Cuando las sociedades cambien la tradicional pregunta del “¿dónde trabajas?” por el más acertado “¿a qué te dedicas ”, cuando a las personas no se les ocurra por ningún motivo decir “estoy en Paro” porque eventualmente no estén empleados al servicio de alguien y cuando ellas mismas finalmente comprendan que lo único seguro de un Empleo es que un día terminará, vislumbraremos finalmente una sociedad sustentada en el Valor de su gente y en la Capacidad de Producción que éste engendra.

En todo esto no corresponde esperar que sea el Sistema el que cambie, es la persona la que debe transformar su concepción de las cosas, nada lo priva de ello. Finalmente es también una muestra de comodidad transitar por la vida con una mochila de “cuentas por cobrar”. La historia demuestra una y otra vez la magnífica capacidad que tiene el hombre de modelar su destino aún en las condiciones más desfavorables. Si existieron personas que sobrevivieron íntegros a campos de concentración, a guerras destructivas, al hambre y a la enfermedad, poco de sensato tiene que alguno condicione negativamente la calidad de su vida por efecto de lo que significa un  Empleo. ¡El hombre no es lo que le pasa!, y el tributo final que cada quién tendrá cuando deje este mundo no podrá resumirse nunca en un “aquí yace alguien a quien jamás le faltó un Empleo”.

Si somos parte de la especie que conquistó los fenómenos naturales, que dominó la tierra y los mares, que explora el espacio y discierne progresivamente los misterios que lo acechan, entonces somos capaces de extraer de la Vida las cosas que valen la pena y no someternos a los caprichos del destino. Por las venas de ésos grandes hombres circuló la misma sangre que circula en las nuestras, todos ellos estuvieron sujetos a iguales o peores condiciones que las que nos tocan. Seguramente una sola cosa aún nos distingue de ellos: LA ACTITUD. Éste es el activo más precioso, esto es lo que efectivamente diferencia a unos hombres de otros. Su ausencia es la que determina que alguien se clasifique “en Paro” y su presencia la que permite que otro construya un imperio con los limones que le arroja la Vida.