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Un buen Compañero…

Un buen compañero solamente puede ser una persona con ego victorioso, alguien que ha hecho del egoísmo una virtud que construye. Muchas veces es incluso más fácil que las personas encuentren el Amor y no un buen compañero, porque finalmente, ¡el Amor tiene tantos móviles y tantas manifestaciones! Son tan frecuentes los casos en que el Amor se nutre de la pasión y aun cuando no echa raíz en fundamentos, igualmente se expresa con sentido y profundidad, al menos por una lapso de tiempo; tantos los casos en que el enamorado sustituye al amante e igualmente da Amor. La verdad sobrecogedora del Amor es su propia dimensión. Es tan grande el Amor que incluso sus retazos son carbones ardientes que dan calor entre que se extinguen por falta de llama. Por eso nunca faltan los amantes, por mucho que se sustituyan o se sucedan unos a otros. Pero los compañeros no, estos son definitivamente más escasos, y ellos mismos concluyen por ser amantes genuinos, porque la cepa del Amor es la misma que la del buen compañero: el ego. En el amor propio se encuentra la vertiente del Amor. Entonces el trabajo que demanda el ego constituye a la vez una demanda del Amor y la soledad concluye por ser ése espacio íntimo en donde incluso se gesta el Amor.

El compañero es una persona que conoce profundamente el poder del silencio, es por medio de él que en realidad se comunica. Y este conocimiento le está vedado a la mayoría. El compañero sabe que las cosas más importantes no son las que se dicen, son las que se callan. Las personas que tienen el ego en su lugar no necesitan la lisonja, ni la reafirmación sonora, no buscan ni consuelo ni lástima. Se comunican para crear más allá de lo que ya está establecido, lo que existe ya es terreno conquistado. El silencio es por supuesto buena compañía de la soledad, porque si bien no le dice nada tampoco le priva de la presencia. Saberse acompañado en un profundo silencio es una de las formas más elevadas de intimidad.

El compañero que no conoce las virtudes y los poderes del silencio, agota, porque como dije antes, la Compañía es hermana siamesa de la soledad y ésta se perfecciona en el silencio. El compañero no demanda, da, y al hacerlo también recibe, pero en el momento exacto en donde todo corresponde.

Cuando se pasa un momento difícil nada existe más precioso que una buena Compañía, porque entonces la soledad es débil por causa de la carga adicional que tiene que soportar. Entonces el compañero se queda en silencio, se sienta cerca y hace suavemente sentir su presencia. Esto es lo que activa las respuestas, porque en la mayoría de los casos y en especial en las situaciones difíciles, las respuestas se encuentran en el interior, por tanto la soledad es el vehículo con el que hay que buscarlas.

Elevado ser es el compañero, preciosa joya en la bolsa del ego autosuficiente. Porque el hombre carente, la persona incompleta no busca compañeros, busca cómplices, personas con las que pueda reforzar sus justificaciones, consolidar sus argumentos. El compañero tampoco es el estereotipo del amigo, aquel que no sale sobrando pero con quien lo mismo puede disfrutarse de una buena comida, de una fiesta o de un velorio; el compañero es el mejor amigo, ése con el que especialmente puede compartirse la construcción de uno mismo. Si el compañero comparte además la fiesta es otra cosa porque igualmente es bienvenido, pero es allí, en los momentos y lugares donde se está trabajando el alma, cuando ni siquiera es convocado, donde expone su valor.

Extracto del Libro, Si un Perro fuera tu Maestro… 12 lecciones de Vida que deja un Perro antes de partir.

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