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El “culto” al Empleo y la Jubilación

Existe una frase llena de sentido común que expresa: “lo único seguro de un Empleo es que un día terminará”. Y si alrededor del Empleo se ha construido una vida entera, entonces es razonable pensar que el día que el Empleo termine, muchas cosas concluirán con él.

El drama es muchas veces mayor cuando este fin se presenta tarde en la vida, cuando uno ha invertido los mejores recursos y la energía que proporciona la juventud en desarrollar con esmero aquello que “la empresa y los jefes” demandaron. Cuando el telón cae en el otoño de la vida productiva de las personas, el desenlace suele ser más intenso. La fatiga natural de la caminata realizada presenta factura y el “descanso”, anónimo y silencioso, parece inevitable. Solo queda recurrir a los ingresos que proporciona el trabajo de la gente más joven como una compensación “justa” por todo lo invertido en su momento. A eso se llama Jubilación. Ésa es la estación final de las personas que dedicaron una vida completa al Empleo, el momento de la pausa, del descanso, del “cambio de turno”, el fin de un largo ciclo, y el inicio de… ¿qué?, ¿del fin?

Se le pueden dar todos los nombres, y colocar todo tipo de adornos, pero la Jubilación como producto de una vida entera en el Empleo, es un tránsito violento de ser un “sol” a convertirse en la “luna”. Es una forma de terminar la Vida, no una de cambiarla, puesto que uno ES todo aquello que puede dar hasta el final de sus días, uno NO ES joven y “productivo” y luego “hombre maduro con necesidad de descansar”.  A pesar que se goza hoy de pasmosos adelantos tecnológicos y se visualiza el futuro con el lente de toda posibilidad, en realidad la mentalidad con respecto a las personas, el empleo y la productividad está anclada en la lógica de la lejana Revolución Industrial del siglo XVIII. Ésa visión establece que la productividad de las personas está más bien asociada a su capacidad física y su posibilidad de sostener un “ritmo vital”. Las capacidades “intangibles”, aquellas que parten del potencial intelectual y se coronan con la aptitud de visualizar y soñar, no se contabilizan en ése “cuadrilátero” estrecho e inanimado que construye la mentalidad clientelista del Empleo.

Y no es que alguien se convierta en un viejo “inútil” para su familia o sus amistades, es solo una persona “disfuncional” para la lógica del Empleo. Pero esa lógica tiene raíces tan profundas y de alcance tan vasto en la realidad integral del hombre, que concluye por condicionar la calificación en todo ámbito, luego si no se es “útil” para el Empleo, entonces ya se “merece” un descanso. Y la persona jubilada, en muchos casos condicionada por toda una vida en el sistema, sonríe y con paciencia dice: “…ya di mi parte y me corresponde descansar”. Seguramente el corazón salta en el pecho y quiere salir a gritarle al mundo que la lista no pase sin mencionar su nombre, que se encuentra preparado como pocos para continuar en la nave, que atesora hoy destrezas y capacidades con las que solo puede soñar un jovencito,  pero… “así son las cosas”, así funciona el sistema, ésa es “la lógica de la vida”: llegó el momento de descansar.

¡A esto apunta la filosofía del Empleo!

Pero la Vida no es así. La vida “concluye cuando concluye”, y en tanto eso no sucede, solo transforma su potencial y su belleza.

También existen de los otros, ésas criaturas del Empleo que contabilizan con esmero el tiempo que falta para que alguna “norma o ley” (de ésas que supuestamente están diseñadas para velar por los intereses comunes), disponga que llegó el momento en el que se pueden Jubilar. Esperan con ilusión y genuina felicidad que llegue ése día, aquel en el que ya no tengan que trabajar por el sustento. Y como la lógica del Empleo ha conseguido asociar el concepto de trabajo al hecho de contar con un Empleo, entonces quién ya no lo tiene, “ya no trabaja”, y si no trabaja, entonces está “descansando”.

En realidad el Trabajo es una condición natural del Hombre, no el Empleo. El Hombre no puede vivir sin hacer algún tipo de Trabajo, pero tiene toda la capacidad (¡en el nombre de todos los santos!) de vivir sin un Empleo. ¿Qué tipo de personas está formando esta lógica para que alguien cuente los días que le faltan para dejar de “trabajar”? ¿Y convertirse en qué?, ¿en un elemento “pasivo” de la sociedad?, ¿en un miembro de la “reserva”?

Y los gobiernos…, ésos sistemas impersonales que se sienten obligados a ser gigantes y “buscarse oficio” para justificar (también) la generación interna de Empleo, ofrecen con especial contento la posibilidad de “reducir” cada vez más ésa edad a la que la gente puede Jubilarse, y la “masa anónima” celebra, porque el Sistema determina que ésa es una “buena medida”. Y cuando ésos mismos gobiernos enfrentan la fría realidad de las matemáticas y se encuentran obligados a ampliar el rango de edad para la jubilación, entonces las calles se llenan de protestas, y a viva voz se proclama la “injusticia”, la falta de solidaridad y de reconocimiento hacia el empleado de toda la vida. Porque finalmente sólo el empleado “de toda la vida” puede acogerse a la mayoría de los sistemas de jubilación, al menos como parte explícita de sus derechos.

¿En qué se fundamenta la idea de los Estados de Bienestar?: en Todo lo relacionado al Empleo, la lógica del “pleno empleo” (que muy mal les ha sido entendida a los economistas), el Índice de Desempleo, el sub-empleo, el empleo formal, el empleo informal, etc.

Menudo atrevimiento desde el nombre mismo que han escogido: “Estado de Bienestar”. Un grupo de “iluminados” que cada cierto tiempo son electos por los millones de la masa anónima que apenas lleva las cuentas de su economía familiar y poco puede entender de las finanzas estatales. Mentes “ilustradas” que “saben” perfectamente lo que Bienestar significa para las personas y a ello apuntan a cualquier costo. Estados que afirman que Bienestar significa tener un Empleo, trabajar las menos horas posibles, jubilarse cuanto antes, percibir ingresos del erario cuando no se tiene empleo, acceso gratuito a la salud, educación sin costo, vacaciones pagadas, etc. Estados que pronto establecerán qué es la Felicidad y que lo habilita a uno para acceder a ella. Estados que emitirán en cualquier momento algún dictamen de “buen gobierno” definiendo el Amor.

Curiosa situación la de los Estados de Bienestar, especialmente en la vieja Europa. Millones de seres humanos desarrollando su vida al amparo del Empleo omnipresente y de las incontables prestaciones estatales. Millones de personas que no se dan cuenta que NADA ES GRATIS en esta vida, ABOLUTAMENTE NADA, y cada prestación o cada servicio “gratuito” es pagado por alguien de alguna manera, y puede perfectamente dejar de ser pagado si “ése” alguien es incapaz de sostener el esfuerzo. Sociedades que en su afán de “bienestar” están desarrollando futuras generaciones con debilidades competitivas, poco creativas, sin capacidad de enfrentar con ventaja la adversidad y el desafío, sociedades con gran número de “gente mayor”, que hoy es teórica “carga” para el Estado y las nuevas generaciones, pero que hace poco eran “beneficiarios” de las políticas de Bienestar y Empleo.

Es difícil aventurarse a pronosticar cuánto tiempo serán sostenibles estos Estados de Bienestar, al menos mientras se sostengan en la lógica del Empleo universal como forma de vida, el concepto de que existe lo gratuito y la filosofía del “Gran Hermano” que sabe qué es lo mejor para cada individuo. Es factible suponer que duren menos que ése ciclo de inestabilidad, odio y guerras que empujó al viejo continente hacia dicho camino.

Si existe la “Meca” del concepto del Empleo como elemento rector de la vida, ésta se encuentra en los países europeos y sus intentos de crear un modelo de Estado de Bienestar. Y la crisis definitiva se gesta entre los millones que hoy están “en paro” y de repente encuentran que la vida ha concluido y que el capítulo de las Revelaciones ha sido abierto para ellos (No tengo Empleo, estoy “en paro”).

La respuesta, como siempre, está en el Individuo, la mayor y más significativa de las “minorías”. Si el individuo racionaliza básicamente que lo único seguro de un Empleo es que un día terminará, entonces tiene toda la facultad de terminar también con el Culto, de entender que la solución para su existencia y que el propio sino de su destino se encuentra en él y solo en él, en su infinita capacidad y potencial de condicionar el mundo en el que vive. Porque el mundo como lo conocemos, con sus enormes virtudes y bendiciones (abstracción hecha de los costos que tienen que pagarse),  ha sido construido por Individuos, no por Estados, aunque ellos quieran llamarse a buen propósito. Solo el individuo Empoderado, consciente de su alcance transforma la realidad.

Y para esto la edad no es un límite, mientras los favores de la naturaleza otorguen posibilidad de utilizar el intelecto, la imaginación y la lógica.

Puede afirmarse, sin temor a equivocación, que un mundo diferente emergería de la desesperanza si aquellos millones de “jubilados” formasen parte activa de la economía, y si esos otros millones de jóvenes no tuvieran impuesto el hecho que una parte de su trabajo sea destinado a soportar el costo que representan sus mayores. Una economía sin complejos, sin limitaciones, confiada en la capacidad del hombre para velar por sus intereses y para construir. Así como siempre lo ha hecho, desde los albores de la especie, cuando apenas podía refugiarse en unas cavernas.

Warren Buffett, el empresario norteamericano, hace muchos años que debería estar viviendo la existencia de un jubilado, y sin embargo está activo y sigue produciendo. No lo hace por la necesidad de generar ingresos para su sustento, lo hace porque es coherente con un estado básico de la naturaleza humana: la necesidad de trabajar y estar vigente, el imperativo de producir y crear. Esto diferencia al hombre de la mula de carga, ¿o no? Ambos pueden “emplearse” para algún trabajo, pero la mula no tiene capacidad de crear o condicionar su futuro.

Pero hay algo a favor de la mula, al menos no ha decidido conscientemente crear un altar y un culto al Empleo que se hace de ella.

Carlos Nava Condarco

2 comentarios

  • Bueno es un tema bastante discutido ya que dentro de la posibilidades de contratar empleados jóvenes con preparación académica de alto nivel, mas tecnología de punta, mas idiomas, más disponibilidad a los cambios con gran comodidad, la falta de identidad empresarial, y lealtad, agregando a esto juventud y dinamismo, no hay espacios dentro de las instituciones modernas ya que de una otra forma están los puestos llenos por colaboradores mayores de muchos años de trabajo, con alta experiencia, lealtad e identidad empresarial, pero para los empresarios la importancia de integrar sangre nueva, deciden prescindir de empleados de muchos años de trabajo por alguien más joven, aunque no tenga la experiencia ni la sabiduría de los años. Provocando un estado en el trabajador antiguo y bueno de constante temor a su futuro, ya que aunque cuente con mucha experiencia en las empresas no les interesa por la edad por lo que no les contratan y se desperdicia tanto conocimiento.
    Considero que las empresas deben crear programas de retiro para sus empleados leales que han entregado muchos años de trabajo y están en una edad compleja para ser contratados nuevamente o peor aun ni poderse jubilar por parte del sistema de seguridad, y se quedan como en el aire, por más ahorros que se tengan se acaban porque empiezan aparecer dolores o malestares que nunca se sentían y paran pagando de sus ahorros que supuesta mente eran para su bienestar en salud y que paso con el sueño de pasear hacer cosas que nunca hizo? Sus ahorros son para el pago de gasto mensual y salud. Hay que crear programas de ahorro de retiro voluntario y velar las empresas en honor al tiempo laborado de sus empleados que mínimo estén asegurados para recibir su pensión de seguridad social más los servicios médicos, Con esto no digo que lo regalen porque se puede crear un programa de medios tiempos que pueden bien aprovechar a integrar sabidurías, experiencia con juventud, dinamismo, entre otras.

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