11 años para disfrutar la vida. Y con mucha suerte…

11 años para disfrutar la vida es una afirmación producto de aritmética simple: la edad promedio en que las personas se retiran es 67 años; la expectativa de vida es, por otra parte, 78  años  (también en promedio). Ergo, las personas trabajan aproximadamente 50 años para “descansar” y disfrutar los últimos 11 años de su vida.

Con un poco de suerte, eso sí. Porque es más seguro trabajar cerca de 50 años que llegar a vivir 78.

¿Qué tal?

Hay algunas cosas que suenan muy fuerte en esta deducción con tinte “simplista”, y es bueno reflexionar en ellas.

No faltarán los que se pongan a escarbar los números y traten de desvirtuar la lógica. Dirán que los 67 años de edad de retiro dependen de lugares u oficios, afirmarán que esto no aplica para quienes “trabajan con gusto” en lo que hacen, y especularán sobre los límites de la longevidad humana.

Pero ésas disquisiciones no forman parte del objetivo de estas líneas.

11 años para disfrutar la vida (poco más, poco menos), es el título que se le puede aplicar al Sistema de trabajo que define el orden de vida contemporáneo, y que se fundamenta esencialmente en el empleo.

Hay algunos hechos incontrovertibles que soportan esta aritmética simple, por ejemplo: la mayor parte de las personas toma su primer empleo entre los 20 y 25 años. Por lo tanto, la alusión a los 50 años de trabajo en una vida, no es arbitrario.

Otro hecho concreto: las personas que operan en el sistema del empleo, habitualmente se consideran “económicamente activas” hasta cerca de los 65 años. Alrededor de ésa edad (en promedio, por supuesto), toman decisiones serias sobre su actividad laboral.

Por último, aunque la esperanza de vida sigue aumentando merced a los avances de la ciencia y las investigaciones biológicas, aún no se sitúa lejos de ésa banda: entre 70 y 80 años.

Por lo tanto, y basados en hechos sólidos, los 11 años para disfrutar la vida tienen validez argumentativa.

Ahora bien, comencemos a hacer algunos cortes en la estructura del argumento:

1.- La lógica de los 11 años para disfrutar la vida aplica casi a la perfección en el caso de las personas que viven de un empleo la mayor parte de sus vidas (de hecho la gran mayoría de las personas en este mundo).

2.- La lógica aplica igual para los llamados “auto-empleados”, estos que dependen de sí mismos para generar sus ingresos: odontólogos, médicos, abogados, etc. La diferencia con el otro grupo es (probablemente), solo un factor de calidad de vida relacionado con el hecho de ser uno “su propio jefe”.

3.- La lógica aplica con menos rigor para las personas que cuentan con un sistema que trabaja para ellos y les genera ingresos: las estructuras empresariales, fundamentalmente.

4.- Los 11 años para disfrutar la vida son menos rigurosos para aquellos que fundamentan su trabajo e ingresos en el movimiento de su dinero: los inversionistas.

5.- Y finalmente, la lógica es muchísimo más benigna para quienes trabajan y ganan dinero de manera pasiva: derechos de autor, regalías, etc.

Éste es, más o menos, el carácter del “contínuum”.

Ejercitemos ahora algunas reflexiones menos superficiales.

Muchos dirán con razón que esto de “disfrutar la vida” es algo tan personal y subjetivo que no puede incorporarse en la aritmética o la estadística.

Porque es perfectamente posible, afirmarán, que una persona que pase 50 años de su vida en un empleo, igualmente disfrute cada hora de su vida.

Y se tendrá que decir que tienen razón, porque las posibilidades dan para todo. ¡Pero definitivamente es poco probable! Puesto que el empleo incorpora un factor que impide “de raíz” la planificación del regocijo: y éste es la pérdida de libertad.

El sistema del empleo, más allá de situaciones particulares, constituye un limitante concreto a la libertad personal. Existen reglas y normas que se deben cumplir de acuerdo a la disposición de otros. Están los “jefes” que establecen (con toda razón), lo que puede o no hacerse. Se intercambia tiempo por dinero para la generación de los ingresos, etc.

El empleo priva libertad de una u otra manera, y al hacerlo imposibilita el perfeccionamiento del gozo.

No hay ningún tipo de felicidad sin libertad. En esto no existe argumento que valga. Y si se sostiene esta dinámica por 30, 40 o 50 años es prácticamente imposible que alguien pueda decir que disfrutó la vida.

Las personas auto-empleadas no tienen necesariamente jefes y no necesitan someterse a las normas de otros, ¿correcto? Pues no. No es correcto.

Porque las personas auto-empleadas tienen el que posiblemente sea el más implacable de los jefes: uno mismo. Y las que pueden ser las peores reglas y normas: las autoimpuestas.

El auto-empleado depende de invertir directamente su tiempo para generar ingresos, y esto le priva de márgenes importantes de libertad. Por esto aplica bastante bien en la lógica de 11 años para disfrutar la vida.

El empresario depende de un sistema en el que trabajan otras personas y efectivamente tiene un mayor grado de libertad y posibilidad de disfrutar la vida en márgenes y condiciones mejores a las que imponen los 11 años.

Sin embargo prevalece un factor condicionante, una dependencia de terceros que puede complicar mucho la calidad de vida.

No es raro que el empresario sostenga una continua y prologada lucha contra el estrés,  preocupaciones, depresión y ansiedad. Todo esto se da por la dependencia, por el factor condicionante que representa el propio sistema que opera para él.

Pero algo juega a favor del empresario, algo que difícilmente puede darse en los dos grupos anteriores: la disposición personal ayuda a que las cosas sean diferentes. Es decir, si el empresario decide organizar las cosas en su vida para maximizar su bienestar y gozo, eventualmente puede hacerlo.

Para el grupo de personas que viven de sus inversiones (es decir su dinero trabajando para ellos), el caso es parecido al anterior.

La disposición personal puede ayudar mucho a ganar calidad de vida. Son decisiones personales que eventualmente no están limitadas por terceros. El inversionista tiene una dependencia menor que el empresario de un sistema, pero el nivel de intensidad de las decisiones que toma es un factor que no ayuda, a no ser que él mismo disponga otra cosa.

Finalmente, las personas que generan ingresos pasivos son las que mejor se sitúan para extraer algo más de 11 años para disfrutar la vida.

Pueden trabajar igualmente periodos largos, pero es más cuestión de intensidad que extensión en términos de inversión de tiempo y esfuerzo.

El autor de un libro o una colección de música posiblemente haya trabajado intensamente para producirlas y comercializarlas, pero puede ser mayor el tiempo que éste trabajo reditúe beneficios sin que existan inversiones adicionales.

Disfrutar de la vida es primeramente un asunto de libertad y luego una cuestión de actitud.

Si la libertad no existe, por buena actitud que acompañe, no hay márgenes razonables para la felicidad. Por otra parte, si existe libertad pero no actitud para disfrutar de ella, tampoco llegará la felicidad.

Ahora bien, sobre la actitud correcta hay mucho que decir. Sobre la libertad poco, pero fundamental.

Hay margen para entender que muchas personas no disfruten ni siquiera de 11 meses de gozo a lo largo de toda su vida a pesar de contar con la básica libertad de hacerlo. Pero no hay nada de margen para el caso de las personas que voluntariamente hipotecan su libertad 50 años con el pretexto de que se “están ganando la vida”.

¡No hay justificativo alguno para malgastar la vida!, mucho menos ésos pretextos que el sistema ha hecho famosos: “algo hay que comer”, “así es la vida”, “no está mal la seguridad por un poco de libertad”, etc.

El empleo no es una forma inteligente de invertir muchos años de la vida, ¡en absoluto! Tampoco el auto-empleo que no esté acompañado de medidas económicas que garanticen ingresos después que no pueda invertirse tiempo.

Para los que relativizan esto o ingresan en ésa espiral interminable de “convencerse o mentirse a sí mismos”, aplica matemáticamente la lógica de 11 años para disfrutar de la vida. Y aplica única y estrictamente si tienen la suerte de vivir hasta los 78 años (o más), y de poder retirarse ventajosamente de la vida laboral a los 67 años (o menos).

Para los empleados y auto-empleados de toda la vida, ésas cifras que parecen tan “encorsetadas”, tienen 100% de valor.

Hay más de 10 razones por las que nunca se debería tener un empleo, pero una que se antepone a todas: ¿11 años para disfrutar de la vida… y con mucha suerte?, ¿en serio? El hecho de ser entendido como un ser humano contradice en cada célula y átomo esta posibilidad.

Y para esos otros que no hipotecan la libertad para generar ingresos pero que igualmente son incapaces de disfrutar la vida, vaya ésta admonición:

¡Comience a disfrutar su vida AHORA MISMO! Hoy es el día perfecto, mañana nadie lo sabe. No hay garantía sellada de nada en esta vida. Podría tener algo más de 11 años para disfrutar la vida, o perderla en los próximos 11 días.

No hay mala intención, pesimismo o “poca vibra” en la última afirmación, es tan solo la realidad de la vida.

Twitter: @NavaCondarco

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