Si de aprender a vivir se trata, estos son los 8 fundamentos

El ser humano está naturalmente diseñado para aprender. Sin esta capacidad, su evolución hubiese sido imposible y su bienestar también. Pero en realidad, todo el aprendizaje acumulado poco le ha servido para su realización y felicidad.

Ha conseguido proezas increíbles. Ya no existen misterios en el mundo natural. Todo se ha escudriñado, descifrado y entendido. El hombre domina su entorno y planifica la conquista de nuevas fronteras, tanto en dimensiones astronómicas como en las microscópicas que dan forma a todas las cosas.

El progreso no solo es evidente, también increíble. Sin embargo, hay algo que pocos en este mundo han alcanzado: el hecho de saber vivir y evitar el sufrimiento. Por solo esto, el ser humano es un gigante con pies de barro. Un coloso incapaz de disfrutar de todo lo que ha hecho y artífice de su propia e inevitable destrucción.

Si de aprender a vivir se trata, estos son los 8 fundamentos que se deben conocer. Ninguno representa una proeza técnica o una conquista material. Son pequeños pero trascentales pasos en el dominio de sí mismo:

1.- Debes aprender a no reaccionar a cualquier cosa que te moleste.

El costo que se paga en la vida por no comprender esto es enorme. Basta que hagas un pequeño inventario mental y podrás verificar que has perdido cosas preciosas e irremplazables por reaccionar ante minucias que te “molestaban”.

Este “insignificante” y absurdo acto, es uno de los combustibles más efectivos de tu sufrimiento y fracaso. La energía invertida en reaccionar a las “molestias”, impide ver y disfrutar las otras cosas buenas de la vida.

No reaccionar no significa que estés de acuerdo con lo que pasa, simplemente que eliges elevarte por encima de las “pequeñeces” y decides reconocer tu grandeza. Los seres que alcanzan la plenitud y trascienden, nunca reaccionan inercialmente ante las cosas que los molestan. Se elevan sobre ellas y así las procesan, con la suficiencia del que aprecia los eventos desde las alturas y no desde los matorrales.

La clave para vencer esta asignatura de la vida es simple: Responder, nunca reaccionar.

2.- Aprende que no podrás ser nunca el consuelo de todos y no conseguirás que los demás te traten como quieres.

Así es. Y no tiene por qué haber tanto problema con esto.

Sucede algo muy simple: nadie está pendiente de nadie todo el tiempo. Cada quién tiene una vida por atender. Todos cargan su propia mochila. Finalmente, tú no eres el centro de la rosca navideña de nadie, y eso es sano.

Imagínate por un momento que la vida de otras personas dependiera completamente de la forma en que los trates. Sería una carga muy pesada de llevar. ¿Por qué entonces pretendes ser tú el centro de la atención de otros? No tiene sentido.

Aprende a ser dueño de tí mismo. Ésta es la única demanda que te extiende la vida. Todo lo demás, o es prestado o es ajeno.

3.- Debes aprender a elegir siempre la lección y no el problema.

Esta es la forma inteligente de apreciar la vida. Toda adversidad o contratiempo constituye una lección, nunca un castigo. Que veas las cosas de otra manera es un error solo tuyo.

No culpes a nadie por tus desventuras, ni siquiera a ti mismo. Esto no ayuda en nada a resolver lo que corresponda.

Los problemas enseñan, generan oportunidades, ayudan a crecer y a diferenciarse positivamente de los demás. Pocos entienden esto, y por ello mismo emerge el drama humano. No formes parte de esa enorme masa de individuos temerosos de enfrentar la adversidad o la tribulación en sus vidas. Camina tranquilo, con el entendimiento claro de que todo lo que pasa, por bien pasa.

Elige la lección, no el problema.

4.- Aprende a elegir tu tranquilidad mental.

Esta es una competencia que tienen pocos. Y sin embargo es fundamental para alcanzar cualquier tipo de éxito.

Los estudiosos de Estrategia afirman desde el comienzo de la historia que “la ventaja mental es la ventaja definitiva”. Y ello aplica para todo propósito en la vida.

La tranquilidad mental proviene del silencio, ése que se produce al “apagar” los pensamientos que abordan (y ahogan), cada instante de la vida.

No creas que todo se resuelve pensando o “usando la cabeza”. Esa es una mentira peligrosa. Buena parte de los pensamientos te traicionan permanentemente. No se ajustan a la verdad, constituyen una ilusión.

Debes aprender a meditar, reflexionar y contemplar sin juicio lo que te rodea y sucede. Despacio y con calma, mucha calma. Esto no representa parsimonia o incompetencia. Acuérdate de las palabras de Napoleón a su mayordomo: “estoy apurado, vísteme despacio”.

5.- Necesitas aprender que la gente no te haga sentir que no eres lo suficientemente bueno.

¿Sabes cuál es la mejor forma de ser altamente competitivo? Sentir que no compites con nadie.

Los atletas de alta competición no miran lo que hacen los demás mientras ellos mismos hacen lo que corresponde, ¿se entiende? Si se mantuvieran pendientes de lo que hacen los demás, no podrían enfocarse en su propio desempeño para ganar la justa.

Esto lleva a una conclusión muy simple: deja que los demás pierdan su tiempo y rendimiento mirándote a ti de la manera que deseen. Tú dedícate a lo tuyo. Ése es el principio de la ventaja competitiva, y la mejor forma de hacerle ver al mundo que siempre estuvo equivocado.

6.- Aprende que no necesitas peleas, argumentos o conexiones falsas. A veces, no decir nada lo dice todo.

Todo es cuestión de invertir apropiadamente la limitada energía que se tiene. Piensa en lo siguiente: no gastarías el combustible de tu movilidad transitando sendas fangosas, mucho menos si puedes llegar al mismo objetivo por camino asfaltado. Esto mismo sucede con las interacciones y relaciones conflictivas.

Una cosa es que existan, pero otra distinta es alimentarlas con el combustible que aviva su fuego. Las peleas y las argumentaciones interminables son eso: nutrientes de malas y falsas conexiones.

Aprender a manejar la PAUSA es la mejor forma de alinear propósito y energía para superar interacciones y relaciones conflictivas.

7.- Debes aprender a dejar ir las cosas y la gente. No luchar por el cierre. No pedir explicaciones ni perseguir respuestas. Tampoco esperar que la gente entienda lo que tú si comprendes.

Esto se llama, simplemente, fluir con la vida.

Es verdad que todos somos dueños de nuestro propio destino, esencialmente porque tenemos la capacidad de decidir. Pero esto es una cosa y otra distinta entender y aceptar la realidad.

Las cosas finalmente son como son. Más allá de cualquier planteamiento que hayas hecho, la vida finalmente dispone. Oponer resistencia a ello es cometer la misma insensatez del que desea detener el curso de un río con las manos.

Puedes convertir la vida en un aliado o un adversario. El mejor que exista en un caso y el peor en el otro. Para alcanzar lo primero, deja ir, suelta, porque finalmente, “lo que resistes, persiste”.

8.- La vida se vive mejor cuando no la centras en lo que pasa a tu alrededor, más bien en lo que sucede dentro de ti.

En el primer caso eres siempre un esclavo de las circunstancias, en el segundo eres un ser libre. No vivas de acuerdo a lo que dicen o piensan los demás. Es cierto que ese parece un camino inevitable al rigor de las cosas mundanas que pasan todos los días. Pero no por eso es verdad. ¡Tienes toda la capacidad de centrar tu vida en función de lo que sucede en tu interior! Esa es la ruta que siguen los vencedores.

Hay muchas cosas que aprender en este mundo, pero ninguna más importante que las anteriores. De ellas depende todo el resto. Si vences estas pruebas, darás ése fruto que cae del  árbol con raíces firmes.

Esos árboles no solo dan hermoso fruto, también proporcionan sombra y cobijo a los demás.

Twitter: @NavaCondarco

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