Cómo dominar el dinero y no ser dominado por el

El dinero es un elemento que está estrechamente vinculado al hombre a lo largo de su vida. Omnipresente en todos sus actos desde que toma uso de conciencia. Controla en buena parte su tiempo, porque define momentos en que ciertas cosas pueden hacerse o no. Situaciones para iniciar o concluir algo, detenerse o avanzar.

(Extracto del Programa de Asesoramiento sobre la Psicología del Dinero de Carlos Nava Condarco)

El dinero propende a controlar el ritmo de vida, y desde allí se acerca a tomar control del destino.

Su carácter regulador interviene en la dinámica del alma. Porque influye sobre los sentimientos, condicionando alegrías y penas, gozo y zozobra. Modela las emociones, y desde allí también toma control sobre el porvenir.

Por último, también afecta valores: fe, virtud, paciencia, amor. Así altera las manifestaciones del espíritu y da el paso final para gobernar el destino.

Restar importancia al dinero o privarle del lugar específico que tiene en la vida es una NECEDAD. Con ello solo se enriquece una larga historia de ignorancia respecto al tema.

Esa historia se inicia muchos años antes del nacimiento de cada persona. Puesto que la naturaleza de la relación está determinada por padres, abuelos, y generaciones previas a éstos.

La lógica al respecto proviene de la orientación que se recibe en el seno familiar. Y en ése sentido todos son inermes receptores del contenido de los mensajes.

La responsabilidad familiar en la educación sobre el dinero es determinante. De la manera que se maneje depende la vulnerabilidad que las personas tengan al respecto, y la forma que esta compleja relación tome en el curso de sus vidas. Sin la apropiada participación familiar la fragilidad de los individuos en su relación con el dinero adquiere características difíciles de modificar a lo largo del tiempo.

El error de las familias en el proceso de educar sobre el dinero, se fundamenta en dos aspectos:

1.- Los padres sostienen, muchas veces, que el dinero no es importante.

2.- Afirman, también muchas veces, que no lo es todo en la vida.

La primera afirmación es absurda. El dinero es un aspecto muy importante en la dinámica de vida.

La segunda es una verdad de Perogrullo. Obviamente el dinero no lo es todo en la vida, y por ello mismo no se debe aumentar o disminuir su específico valor.

Las familias que alcanzan mejores resultados educan apropiadamente a sus hijos en estos asuntos. Y construyen otro hecho incuestionable: la transmisión generacional de la prosperidad financiera.

La fórmula definitiva para su tratamiento es simple: el hombre es quien debe DOMINAR el dinero y no dar margen a lo contrario.

El dominio emerge del conocimiento. Mientras mayor es él, más amplio el poder y la capacidad de control. Cuando el conocimiento proviene del seno familiar, la carga es más ligera y la probabilidad de victoria se incrementa. Dominar involucra someter. El dinero es “sirviente” o amo. Poderoso sirviente o poderoso amo.

El dominio representa soberanía. Es el hombre quien determina el “como” y el “cuando” con respecto a los alcances y beneficios del dinero, o es éste quien establece las pautas. El soberano no se sujeta, determina.

Finalmente el dominio significa establecer las dependencias correctas. O bien el dinero depende de la capacidad de producirlo o la capacidad depende de él.

¿Cómo se alcanza dominio sobre el dinero? A través de tres vías, todas de similar importancia:

1.- Teniendo la capacidad necesaria y suficiente para producirlo.

Aquí el conocimiento es vital. Primero para conocer la dinámica específica del dinero y luego para entender las formas de generarlo. La falta de conocimiento es una sentencia que somete al individuo a los arbitrios del dinero.

2.- Perdiendo el temor al fracaso en los intentos de producirlo

A mayor temor, menor capacidad de producir dinero y más exiguos los resultados. Superar el temor es un asunto de carácter, de resolución y determinación para alcanzar el indispensable dominio.

3.- Teniendo la habilidad de VENDER la capacidad de producir dinero.

En tanto el conocimiento de un oficio, o el potencial de un emprendimiento, permanezcan inactivos o no sean expuestos a la demanda, no pueden materializarse. La capacidad de producir dinero debe ser activada en el mercado, en la colectividad, en el medio social que determina el intercambio de bienes y servicios.

La combinación de estos tres factores es fundamental para alcanzar el dominio.

Un cuarto factor (muy importante), no tiene una relación directa sobre el dominio: la administración del dinero que se ha producido.

La incapacidad de administrar bien el dinero genera fragilidad, pero en éste caso ya se está hablando de eficiencia, no de efectividad.

Es necesario ser eficiente en la administración del dinero porque ello contribuye a la estabilidad, pero lo único que garantiza dominio es la efectividad. Es decir la capacidad específica de producirlo.

Hay diferencia entre ambas cosas.

Con el dinero se necesita ser eficaz antes que eficiente; primero se obtiene el dominio y luego se optimiza el proceso.

Quienes obtienen dominio pero no alcanzan eficiencia en su administración, probablemente no sean buenos prospectos para la abundancia financiera, pero tienen gran probabilidad de no estar entre las víctimas.

El dominio sobre el dinero se sustenta entonces en conocimiento, carácter y habilidad para vender. Ninguno de estos elementos puede fallar.

Una puntualización importante: el conocimiento para producir dinero no está asociado al entendimiento convencional de la formación profesional (tampoco lo excluye, por supuesto). Está vinculado al ejercicio altamente caificado de esos conocimientos.

El único conocimiento, que en sí mismo está habilitado para producir dinero de manera sostenida, es aquel que se practica con calidad.

No se trata de ser un abogado erudito, sino el mejor abogado. Tampoco un médico con muchos estudios o experiencia, más bien el mejor médico. La profesión o el oficio específico no importa, porque igual o mejor equipado puede estar un heladero o el herrero, si es el mejor en lo que hace.

La vida no garantiza nada a quienes calculan que por ingresar a la Academia avanzan en su objetivo de producir dinero. Igual o mayor probabilidad le está reservada al peluquero o al plomero. Todo radica en la CALIDAD con la que se practique el conocimiento.

Hay que estar consciente que la mejor formación académica es sólo un documento colgado en la pared si no existe determinación para ser el mejor en lo que se haga. Aquí radica la capacidad de producir dinero.

Lo mismo aplica a quien opta por el emprendimiento. A él también se le demanda calidad distintiva en el producto o servicio que ofrezca.

Respecto al carácter necesario para alcanzar dominio sobre el dinero, queda corta cualquier exigencia. El Sistema es implacable, y poco le perdona al indeciso, al pusilánime o al que no quiere asumir riesgos.

El mundo demanda carácter para acompañar cualquier conocimiento, y éste se forja en la desventura, en la adversidad, en la caída.

Quien a priori evita todo esto por temor, nunca llega a desarrollar el carácter que se necesita para hacer viaje y superar las pruebas. Woody Allen decía: “Me ha llevado diez años tener éxito de la noche a la mañana”. El carácter se fortalece con cada caída, y el éxito se manifiesta al levantarse.

Son muchos más los que pueden alcanzar conocimientos de calidad que aquellos que pueden acompañarlo con el carácter que se precisa.

Por último, la capacidad de vender lo que se es y puede hacerse, es indispensable.

En este juego no se trata de “ser para uno mismo”. El dinero es un producto que se transa y por ello tiene tanto que ver con uno como con los otros.

Las personas que solo admiran su nariz y no están dispuestos a exponerla ante los demás, no pueden alcanzar dominio sobre el dinero. En la lógica transaccional poco importa lo que uno piense o crea de sí mismo, importa lo que los demás crean o piensen de uno.

El conocimiento y el carácter pueden terminar impolutos en un closet si no se venden a los demás. Gertrude Stein, la escritora estadounidense afirmaba: “El dinero siempre está ahí; sólo cambian los bolsillos”. Este “cambio de bolsillos” se produce solamente cuando alguien compra lo que otro QUISO y pudo vender.

La pobreza en esencia no está explicada por la falta de dinero. Más bien por la carencia del conocimiento necesario para dominarlo.

Es triste no poder ser más positivo en el tratamiento de ésta temática. Es un asunto que difícilmente lo permite. Sin embargo obliga la importancia definitiva que tiene. William Shakespeare el gran poeta y dramaturgo inglés decía: “si el dinero va delante, todas las puertas se abren”. Y ésta es una sobria verdad. Las puertas cerradas en la vida afectan el alma y dañan el espíritu. El dinero, al fin y al cabo, está allí para ayudar a abrirlas.

Por otra parte, el dominio que se alcance sustenta la afirmación de ése otro hombre grande, José Ingenieros, quien con el mayor pragmatismo dejó esta frase:

“La felicidad que da el dinero está en no tener que preocuparse por él”.

(Extracto del Programa de Asesoramiento sobre la Psicología del Dinero de Carlos Nava Condarco. Si desea más información al respecto tome contacto con el autor: [email protected][email protected])

Twitter: @NavaCondarco

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