La jubilación como producto del “culto” al empleo

Existe una frase llena de sentido común y que en mucho se ajusta al tema de la jubilación: “lo único seguro de un empleo es que un día terminará”. Y si alrededor del empleo se ha construido una vida entera, entonces es razonable pensar que el día que el empleo termine, muchas cosas concluirán con él.

El drama es mayor cuando este fin se presenta tarde. Cuando se han invertido los mejores recursos y energía de la juventud en desarrollar aquello que “los jefes” demandaron. Cuando el telón cae en el otoño de la vida productiva, el desenlace es más intenso. La fatiga por el camino andado presenta factura y el “descanso” parece inevitable.

Solo queda recurrir a los ingresos que proporciona el trabajo de la gente más joven. Como una compensación “justa” por todo lo invertido. A eso se llama jubilación. Es la estación final de las personas que dedicaron una vida al empleo. El momento de la pausa, del descanso, del “cambio de turno”. La conclusión de un largo ciclo, y el inicio de… ¿qué?, ¿del fin?

Se pueden adornar mucho las cosas, pero la jubilación como producto de una vida entera en el empleo, es un tránsito violento de ser un “sol” a convertirse en la “luna”.

Es una forma de terminar la vida, no de cambiarla. Puesto que uno ES todo aquello que puede dar hasta el final de sus días. Uno NO ES joven y “productivo” y luego “hombre maduro con necesidad de descansar”.

A pesar que hoy se goza de pasmosos adelantos tecnológicos, y se visualiza el futuro con el lente de toda posibilidad, la mentalidad respecto al empleo y la productividad, está anclada en la lógica de la lejana Revolución Industrial.

Ésa visión establece que la productividad de las personas está asociada a su disposición física y la posibilidad de sostener un “ritmo vital”. Las capacidades “intangibles”, aquellas que emergen del potencial intelectual y se coronan con la aptitud de visualizar y soñar, no se toman en cuenta en la mentalidad clientelista del empleo.

Y no es que alguien se convierta en un viejo “inútil” y por ello deba acogerse a la jubilación, es solo una persona “disfuncional” para la lógica del empleo.

Pero esto tiene raíces tan profundas y alcance tan vasto, que concluye por condicionar todo ámbito. Luego, si no se es “útil” para el empleo, entonces ya se “merece” un descanso general. Y la persona que se acoge a la jubilación, condicionada por una vida en el sistema, sonríe y con paciencia dice: “…ya di mi parte, y me corresponde descansar”.

El corazón le salta en el pecho. Quiere gritar al mundo que la lista no pase sin mencionar su nombre. Que se encuentra preparado como pocos para continuar. Que atesora destrezas y capacidades con las que solo puede soñar un jóven. Pero… “así son las cosas”, el sistema funciona de esta manera, es “la lógica de la vida”: llegó el momento de parar.

¡A esto apunta la filosofía del empleo!

Pero la vida no es así. Ella “concluye cuando concluye”, y en tanto eso no sucede, solo transforma su potencial y belleza.

También existen de los otros. Ésas criaturas del empleo que calculan con esmero el tiempo que falta para que alguna “norma” disponga su jubilación. Esperan con ilusión que llegue ése día, aquel en el que ya no tengan que trabajar por el sustento. Y como la lógica del empleo ha conseguido asociar el concepto de trabajo al hecho de contar con un empleo, entonces quién ya no lo tiene, “ya no trabaja”, y si no lo hace, entonces está “descansando”.

En realidad, el trabajo es una condición natural, el empleo no. El hombre no puede vivir sin hacer algún tipo de trabajo, pero tiene toda la capacidad de vivir sin un empleo.

¿Qué tipo de personas están pariendo las sociedades para que alguien cuente los días que le faltan para dejar de “trabajar”?

Y los gobiernos, ésos sistemas impersonales que se sienten obligados a ser gigantes y “buscar oficio” para justificar (también) la generación interna de empleo, ofrecen la posibilidad de “reducir” cada vez más ésa edad para jubilarse. Y la “masa anónima” celebra, porque el sistema ha determinado que ésa es una “buena medida”.

Luego, cuando ésos mismos gobiernos enfrentan la realidad de los números y se encuentran obligados a extender la edad para jubilarse, se conmocionan las calles. A viva voz se denuncia la “injusticia”, la falta de solidaridad y de reconocimiento al empleado de toda la vida.

Porque finalmente sólo el empleado “de toda la vida” puede acogerse a la mayoría de los sistemas de jubilación, al menos como parte explícita de sus derechos.

¿En qué se fundamenta la idea de los Estados de Bienestar?:

En todo lo relacionado al empleo:  “pleno empleo”, índice de desempleo, sub-empleo, empleo formal, empleo informal, etc.

Menudo atrevimiento desde el nombre mismo que han escogido: “Estado de Bienestar”.

Un grupo de “iluminados” electo por la masa anónima que apenas lleva cuentas de su economía familiar y poco entiende de las finanzas públicas. “Ilustres” que “saben perfectamente” lo que estar bien significa para todos y a ello apuntan a cualquier costo.

Estados que afirman que bienestar representa tener empleo. Trabajar menos horas. Jubilarse cuanto antes. Percibir ingresos del erario cuando se está “en paro”. Tener acceso gratuito a la salud y educación. Vacaciones pagadas. Etc.

Sistemas de gobierno que pronto se atreverán a establecer QUÉ es la felicidad y QUÉ habilita a la gente para acceder a ella.

Curiosa situación la de los Estados de Bienestar, especialmente en la vieja Europa. Millones de seres humanos desarrollando su vida al amparo del empleo omnipresente e incontables prestaciones estatales.

Millones que tarde comprobarán que NADA ES GRATIS en la vida. Que cada prestación o servicio “gratuito” es pagado por alguien. Y puede dejar de serlo si “ése” alguien es incapaz de sostener el esfuerzo. Sociedades que en su afán de “bienestar” están desarrollando generaciones con debilidades competitivas, poco creativas. Sin capacidad de enfrentar con ventaja la adversidad y el desafío.

Sociedades con mucha “gente mayor” y teórica “carga” para el Estado y las nuevas generaciones, pero que hasta hace poco eran, a su vez, “productores” de políticas de bienestar y empleo.

Difícil establecer cuánto tiempo serán sostenibles estos Estados de Bienestar. Al menos mientras se fundamenten en la lógica del empleo universal como forma de vida, el concepto de lo gratuito, y la filosofía del “Gran Hermano” que sabe qué es lo mejor para cada quién.

Si existe la “Meca” del concepto del empleo como elemento rector de la vida, ésta se encuentra en los países europeos y sus Estados de Bienestar. Y la crisis definitiva se gesta entre los millones que hoy están “en paro”, pensando que la vida ha concluido y el capítulo de las Revelaciones ha sido abierto para ellos.

La respuesta, como siempre, está en el individuo, la mayor y más significativa de las “minorías”.

Si el individuo racionaliza básicamente, que lo único seguro de un empleo es que un día terminará, entonces tiene toda la facultad de terminar también con el culto. Entender que la solución para su existencia y el sino de su destino se encuentra en él, en su infinita capacidad de condicionar el mundo en el que vive.

Porque el mundo como se lo conoce, con sus virtudes y bendiciones (abstracción hecha de los costos que tienen que pagarse), ha sido construido por individuos, no por Estados, aunque ellos quieran llamarse a buen propósito.

Solo el individuo empoderado, consciente de su alcance, transforma la realidad. Y para esto la edad no es un límite. La jubilación no existe mientras los favores de la naturaleza otorguen posibilidad de utilizar el intelecto, la imaginación y la lógica.

Puede afirmarse sin temor que un mundo diferente emergería de la desesperanza si millones de “jubilados” formasen parte activa de la economía. Y si esos otros millones de jóvenes no tuvieran impuesto el costo que representan sus mayores.

Una economía sin complejos. Sin limitaciones. Confiada en la capacidad del hombre para velar por sus intereses y construir su destino. Como siempre lo ha hecho, desde los albores del tiempo.

Warren Buffett, el empresario norteamericano, hace muchos años debería estar viviendo como jubilado, y sin embargo está activo y sigue produciendo. No lo hace por la necesidad de generar ingresos. Lo hace porque es coherente con un estado básico de la naturaleza humana: la necesidad de trabajar y estar vigente. El imperativo de producir y crear.

Esto diferencia al hombre de la mula de carga, ¿o no? Ambos pueden “emplearse” para algún trabajo, pero la mula no tiene capacidad de crear o condicionar su futuro.

Pero hay algo a favor de la mula: al menos no ha decidido crear, conscientemente, un altar y culto al empleo que se hace de ella.

Twitter: @NavaCondarco

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2 comments

  • Bueno es un tema bastante discutido ya que dentro de la posibilidades de contratar empleados jóvenes con preparación académica de alto nivel, mas tecnología de punta, mas idiomas, más disponibilidad a los cambios con gran comodidad, la falta de identidad empresarial, y lealtad, agregando a esto juventud y dinamismo, no hay espacios dentro de las instituciones modernas ya que de una otra forma están los puestos llenos por colaboradores mayores de muchos años de trabajo, con alta experiencia, lealtad e identidad empresarial, pero para los empresarios la importancia de integrar sangre nueva, deciden prescindir de empleados de muchos años de trabajo por alguien más joven, aunque no tenga la experiencia ni la sabiduría de los años. Provocando un estado en el trabajador antiguo y bueno de constante temor a su futuro, ya que aunque cuente con mucha experiencia en las empresas no les interesa por la edad por lo que no les contratan y se desperdicia tanto conocimiento.
    Considero que las empresas deben crear programas de retiro para sus empleados leales que han entregado muchos años de trabajo y están en una edad compleja para ser contratados nuevamente o peor aun ni poderse jubilar por parte del sistema de seguridad, y se quedan como en el aire, por más ahorros que se tengan se acaban porque empiezan aparecer dolores o malestares que nunca se sentían y paran pagando de sus ahorros que supuesta mente eran para su bienestar en salud y que paso con el sueño de pasear hacer cosas que nunca hizo? Sus ahorros son para el pago de gasto mensual y salud. Hay que crear programas de ahorro de retiro voluntario y velar las empresas en honor al tiempo laborado de sus empleados que mínimo estén asegurados para recibir su pensión de seguridad social más los servicios médicos, Con esto no digo que lo regalen porque se puede crear un programa de medios tiempos que pueden bien aprovechar a integrar sabidurías, experiencia con juventud, dinamismo, entre otras.

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