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¡El éxito tiene un costo! Traspira, esfuérzate

Considerar que el éxito tiene precio es una concepción equivocada. Un error sutil, pero error al fin y al cabo. En realidad el éxito tiene un costo. Ésa es la forma apropiada de entender el asunto. Precio y costo no son lo mismo, el primero es siempre una consecuencia del segundo.

Las cosas nunca poseen un “precio” (o son “apreciadas”), sin la consideración previa del costo que representa “construirlas”.

En tanto el precio es una consideración “externa”, el costo es producto de trabajo interno. El concepto de precio se vincula más a lo material, especialmente al dinero. Y la asociación entre éxito y dinero es un gran equívoco.

Este error se manifiesta en alguna de las siguientes formas:

  • En la concepción del éxito como la búsqueda y acumulación de dinero.
  • En la idea que “quien no tiene mucho dinero no puede afirmar que sea exitoso”.
  • El criterio que éxito responde a la “acumulación” de algo.
  • La noción que el éxito puede medirse con algún tipo de “criterio universal”.

Nada de esto es correcto.

La definición de éxito es algo completamente personal, íntimo.

Para cada quien tiene un significado o connotación diferente. Y no tiene nada que ver con el dinero.

Exitoso se puede sentir aquel que valora la formación de una familia tanto o más que una abultada cuenta bancaria. Igualmente quien supera debilidades y defectos o el que encuentra un amor que no esperaba. Habrá también de aquellos que midan su éxito en términos de dinero o poder, pero ésta es una categoría y no el conjunto.

Son absurdos convencionalismos sociales los que llevan a calificar las personas como exitosas en función del dinero, el poder o la fama que tienen.

Convencionalismos simplistas. “Enlatados culturales” que bien se ajustan a la mediocridad que siempre representa la opinión pública, el criterio de la masa.

Mucho mal producen estos estereotipos en la persona promedio. La acomplejan, la obligan a hipotecar su tranquilidad (y muchas veces su moral), para calificar en los arbitrarios modelos de éxito que la Sociedad plantea. Provocan que las personas vulneren con mayor frecuencia la ley y las buenas costumbres. Porque violarlas representa, muchas veces, un camino más corto a la fortuna financiera.

Así se corrompen los individuos y se enferma la comunidad, justificando sus actos en consideración de lo que “buenamente” se espera de ellas en el mundo que habitan.

Las “convenciones sociales” trascienden querencias, clases y niveles de educación.

Es habitual que la “presión” para ser “exitoso” provenga de la propia familia. De los hijos que ambicionan en los padres la acumulación material que ven en otros hogares. De los cónyuges, que se sienten con el mérito para poseer y disfrutar lo mismo que otros ya tienen.

La medida del “éxito universal”, un rasero implacable.

Tan mal entendido que no solo afecta la moral de la gente, también el amor entre las personas. La idea del “precio del éxito” causa daño. La concepción de que se puede ser “apreciado” con el lente colectivo provoca una contienda desesperada por alcanzar una meta ficticia.

El éxito no tiene ningún fundamento colectivo, nada le debe a la masa anónima. No es plural, es lo más singular que existe: personal e íntimo.

Solo una cosa común tiene para todas las personas, una sola, porque todo lo demás es en él completamente privado. Este aspecto común es el costo que tiene obtenerlo.

¡Nadie puede alcanzar éxito sin pagar el costo que éste tiene!

El costo es trabajo, sacrificio, esfuerzo, disciplina, sudor y lágrimas. Es un costo muy alto, ¡por supuesto! Como es para el caso de todo lo que tiene mucho valor. Y en tanto más distinguido el éxito, mayor costo. Porque si en algo se diferencian las personas es en la disposición que tienen de pagar el costo por los éxitos que buscan.

A esto habrá que llamar con propiedad carácter. Ésa disposición de algunos para pagar con buen ánimo el costo de aquello que pretenden. Carácter se precisa para llegar donde uno quiere sin engañarse esfuerzo o compromiso ninguno.

Porque si algo es reprensible es el autoengaño en el que caen las personas al evaluar la naturaleza de su propio éxito.

Se dicen y convencen que están tranquilas y en paz con lo que han alcanzado. Pero saben bien que no se han realizado, es decir que no obtuvieron el éxito deseado.

Pero no siempre admiten con naturalidad que sus logros están incompletos, porque no tienen la disposición de pagar el costo involucrado. Es decir todo el trabajo, sacrificio, esfuerzo, disciplina, sudor y lágrimas que representa aquello que buscan.

Al no existir un precio, no hay obligación para demostrar a nadie que se es exitoso. Pero si hay la obligación con uno mismo de invertir todo lo que la vida ha dotado para alcanzar lo que se pretende.

Eludir el costo que representa la construcción del éxito íntimo y personal es reprobable. Constituye una falta de honradez con uno mismo y muestra penosa de mediocridad.

La complacencia es un defecto que tiene, como la espada, hojas afiladas en ambos extremos:

  • Es reprochable en tanto se es complaciente con los demás para ajustarse a “parámetros sociales que califican el éxito”.
  • Y es reprochable cuando modera los esfuerzos y sacrificios para ser la mejor versión de sí mismo.

El ser humano está obligado a realizarse. No es una opción. Es una demanda de los favores que le ha entregado la existencia.

La naturaleza nunca muestra un ave que teniendo alas se niegue a volar. Eso no existe. Las criaturas más elementales honran sin excepción los favores con los que han sido dotados.

El ave no se siente exitosa por el mero hecho de extender las alas y volar, ello está en su naturaleza. ¡Esto es igual en el caso del hombre! La realización personal, la construcción de la mejor versión de sí mismo es una condición natural.

Pero se debe pagar el costo. Es necesario esfuerzo, trabajo, sacrificio.

El éxito no es una consecuencia de astucia o habilidad en tanto ellas no se inserten en el trabajo duro. La gota de genialidad solo se perfecciona cuando es acompañada por litros de sudor.

¡No hay atajos para alcanzar el éxito! Tampoco existen fórmulas universales. Si esto fuera así se podría pensar que el éxito se encuentra en venta y prevalece un precio que se puede pagar.

Quien no cubre el costo con sacrificio y dolor puede engañarse pensando que es exitoso, pero solo cuenta con una fachada, apenas posee un holograma.

Y en algún momento repara en ello. Especialmente cuando un profundo vacío se manifiesta en su ser, a pesar de que en apariencia posee “todo lo que el mundo le reconoce a una persona exitosa”.

La gente se pregunta muchas veces ¿Por qué a otros le va mejor que a mí?

Asumiendo que las comparaciones fuesen apropiadas, la respuesta correcta debiera ser: ¡Porque están pagando el justo costo que ello representa!

Esto no quiere decir que el costo sea una cuestión de volumen, es decir que en tanto más costo se paga mayor éxito se tiene. La cosa no funciona así. ¿Acaso tiene mayor éxito un águila porque vuela más alto que una gaviota?

La medida del éxito es interna, no responde a criterios externos. ¡Pero tiene un costo para todos!

La vida es como una majestuosa función de teatro y todos los seres humanos están invitados a presenciarla en butacas VIP. Dispuestas en perfecto semicírculo alrededor del escenario. Cada quién debe pagar el costo de entrada a la función. No todos tienen reservado el mismo asiento, por supuesto, pero el de cada quién está colocado en ése semicírculo equidistante del escenario central. Quién no paga el costo presencia la función a la distancia, sin ser protagonista de un acto para el que tuvo invitación especial.

La vida es generosa y no se oculta a nadie. La función se puede ver en la butaca VIP o con unos binoculares a la distancia. Cada quién escoge. La medida es el costo que se está dispuesto a pagar.

  • Levántate un poco más temprano
  • Dedícale una hora más de tiempo a ése proyecto que tienes en mente
  • Toma ésas decisiones postergadas
  • Renuncia a lo que sabes que debes renunciar

  • ¡Ama!, solo así podrás ser amado
  • Que te guíe tu pasión y te acompañe la razón, nunca lo inverso
  • No tomes ningún atajo. Lo fácil seduce, pero lo difícil paga

  • Mientras más solo en la ruta, mejor. Las vías de la mediocridad siempre están pobladas
  • Si sufres que sea con buen ánimo. El sufrimiento pare evolución para quien tiene buen juicio
  • Reposa siempre como un tributo al cansancio meritorio. Quien reposa sin haberse cansado primero no descansa, yace…

  • Si quieres llorar, llora. Las lágrimas riegan el campo del trabajo esforzado que muchas veces frustra.
  • Traspira, traspira.

El éxito tiene un costo, traspira…

Twitter: @NavaCondarco

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