Ideas para tener ideas

Las ideas son el producto fundamental y más importante de la mente humana. A partir de ellas se construye y mueve el mundo. No existe ningún proceso, económico o social, que pueda funcionar sin considerarlas. Las ideas no solo son la chispa que activa toda dinámica, son el lubricante que hace posible la supervivencia e interacción entre los seres humanos.

La mente construye, procesa y pone en práctica ideas a cada instante. Es una mecánica que tiene la misma inercia que el acto de respirar. Todas las personas que están vivas respiran y tienen ideas. Es así de elemental.

Hay sin embargo una diferencia funcional entre la mecánica de respirar y la de generar ideas. El primero es un acto subconsciente, el segundo es producto de la consciencia. Todos saben esencialmente respirar, pero la producción de ideas (especialmente útiles y beneficiosas), tiene que aprenderse.

Hay otra distinción no menos importante. Está relacionada con límites y limitaciones (que no es lo mismo). La capacidad pulmonar de las personas está sujeta a restricciones, sin embargo las ideas no tienen fronteras. La imaginación humana puede trascender tiempo y espacio cuantas veces lo desee, y en formas que no pueden limitarse.

Las ideas mueven el mundo y el destino de las personas. Tener la vida y el futuro que se ambiciona depende de ellas, más que de cualquier otra cosa.

Puede afirmarse con propiedad que las carencias son función directa de la escasez de ideas. En tanto éstas no son abundantes y de calidad, tampoco lo es la realidad que se vive.

La evolución en definitiva, no es cuestión de esfuerzo, dinero, tiempo, energía u otro recurso, es un asunto de ideas. Éste es el capital que se necesita para vivir como se pretende.

La creatividad nutre las ideas. La innovación trabaja sobre ellas. Y el pensador estratégico las articula funcionalmente. Luego, ¿esto quiere decir que se precisa pensar estratégicamente, ser creativo e innovador para ingresar al circuito virtuoso de producir ideas?

La respuesta es no, aunque parezca extraño.

Creatividad, innovación y pensamiento estratégico, son vehículos que movilizan ideas, pero no las producen. La “fábrica” de ideas es una condición natural del ser humano, una consecuencia de su elemental capacidad de pensar.

Si no se tienen las ideas que se quieren, o las que se poseen no conducen a los objetivos deseados, la causa es simple: no se está pensando apropiadamente.

Habitualmente las personas desarrollan sus procesos mentales en función de lo siguiente:

1.- De la realidad que conocen y experimentan.

2.- De los modelos mentales que poseen por efecto de sistemas de creencias, valores y educación (especialmente la temprana).

3.- De la visión de futuro que se plantean.

4.- De su entendimiento de lo que constituyen factores de seguridad y riesgo.

5.- De sus rutinas de vida.

6.- De lo que piensan y dicen los demás.

Todos estos factores establecen LÍMITES a los pensamientos. Los modulan y encasillan en una u otra forma. Y al hacerlo afectan una cualidad intrínseca de la imaginación humana: su capacidad de trascender restricciones.

Con las ideas acontece lo mismo que con un ave que vive en cautiverio: el mundo se reduce al espacio determinado por la jaula. Cuando se libera al ave, ella cambia de inmediato su perspectiva de la realidad.

Si la mente se suelta de toda atadura, los pensamientos inician viaje y las ideas emergen. Y aunque esto no le está privado a nadie, pocos lo asumen y ejercen.

Para producir ideas transformadoras solo es necesario lo siguiente:

1.- Reconocer que la realidad que se experimenta NO ES LA REALIDAD. Las personas ven hasta donde quieren ver. El mundo está poblado de gente que camina mirando la punta de sus pies.

Resolver esto es sencillo. Solo hace falta reconocer que la realidad y las experiencias que uno vive no forman parte de ningún absoluto. La “jaula” es una construcción humana, no un medio natural. Tener una mente abierta a todo y sin ataduras, se encuentra al alcance de cualquier mortal.

¿Reconocer esto genera automáticamente nuevas ideas y perspectivas? Probablemente no. Pero establece el ambiente indispensable para ello.

Punto número uno: ¡reconozca que su vida y todo lo que sucede en ella es solo una de las posibilidades que puede acontecer! Nada de fatalismo o determinismos. Sus experiencias no constituyen el océano de la realidad, no son siquiera una minúscula gota de él. No se comporte como un ave que aprecia la realidad tras las rejas de su jaula, mucho menos si tiene la puerta abierta.

2.-  Entender que las creencias, valores y educación que se tiene ni son las únicas que existen ni necesariamente las correctas.

Hay que creer en algo, dice la gente. Y se deben tener valores, agregan. Pero esto genera limitaciones y priva de la capacidad para vivir en plenitud. Nadie puede sentirse orgulloso poseedor de la verdad, porque así coloca en una celda su mente y castra cualquier idea que pretenda salir de “la jaula”.

Las personas que experimentan una vida de calidad son eternos buscadores de la verdad, nunca se sienten sus dueños. Tienen la básica humildad de entender que las respuestas definitivas no existen, y que no hay capacidad humana de aprehenderlas. Las creencias y valores son una obra en perpetua construcción, y el proceso de conocer no termina nunca.

El tiempo promedio de una vida no permite que algo se escriba en piedra.

¿Esto significa vivir en relativismos morales o promiscuidad? ¡En absoluto! No hay sentido más grande de ética y moralidad que entender que uno no es dueño de ninguna verdad. Y que a todos les acompaña el derecho y la posibilidad de compartirla.

Los que dedican su vida a buscar la verdad sin necesariamente encontrarla, producen siempre muchas ideas, y de gran calidad.

3.- Para generar ideas valiosas es necesario poseer una poderosa visión de futuro.

La visión debe abrazar la grandeza, siempre, y tiene que echar raíz en un optimismo obstinado. En esto radica el poder.

Visión no es lo mismo que ilusión, porque la mayoría de las personas pueden embriagarse con esto último, pero eso no conduce a ningún lado. La visión está siempre asociada con la posibilidad y la convicción.

Las ideas emergen de las mentes que tienen una visión positiva del futuro, nunca nacen de quienes presumen que el futuro será igual o peor que el presente. Cuando no existe reto y desafío la mente languidece en la apreciación de límites e imposibilidades.

Solo al que cree le está permitido alcanzar la victoria.

4.- Internalizar el hecho que nada seguro existe en la vida y que el riesgo es común denominador de todo evento.

Pocas ideas tienen los que hacen un altar de la seguridad para navegar por la existencia. El sentimiento popular lo afirma con sabiduría: “quién nada arriesga, nada gana”. Toda idea genera una realidad distinta, y lo nuevo trae aparejado exactamente el mismo riesgo que lo conocido.

La evolución de la vida y del ser humano responde a un patrón ineludible: cambio. Quienes eluden el riesgo, evitan el cambio, y así mismo niegan la evolución. Esto no solo conduce a una sequía de ideas y promesas, esencialmente genera mediocridad.

Las personas que pocas ideas le aportan a su vida y al mundo, piensan que siempre “vale más lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Y por esto mismo en realidad no piensan, solo desarrollan una asombrosa habilidad para acomodarse a la corriente.

5.- Las ideas precisan el desarrollo de buenos hábitos, nunca de rutinas.

Las rutinas existen precisamente para reducir el ejercicio del pensamiento consciente. Por eso ayudan poco con la creatividad y la innovación. Es curioso, sin embargo, verificar lo cotizadas que son las rutinas por las personas promedio. El orden siempre se premia, por mucho que consolide disfunciones, y el desorden se juzga con el lente del caos. Con esta fórmula no se generan ni muchas ni grandes ideas.

Lo apropiado es construir hábitos que ayuden a gestionar y aprovechar el cambio, no rutinas que solo consoliden lo poco que se conoce.

6.-  Nunca pensar y actuar en función de los dictámenes ajenos.

Es obscenamente fácil pensar como todos los demás y hacer, consecuentemente, lo que hace todo el mundo. Esta es la vacuna más efectiva para anular la creatividad, el criterio propio y las ideas que pueden cambiar el mundo y el destino.

Pensar que se piensa es más triste que no hacerlo en absoluto. Y el rebaño lo hace a partir de una cabeza.

Una cosa distinta es tener la habilidad de aprovechar la sinergia que existe en el relacionamiento con los demás para producir y enriquecer ideas. Esto no solo es inteligente, es también la mejor forma de cuidar los intereses colectivos.

Tener ideas es una condición natural. Todos pueden producirlas en abundancia y calidad. ¡Piense en ello, eso es todo lo que se necesita!

Twitter: @NavaCondarco

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