“No mueras con tu música en tu interior”

Todos tenemos un sueño poderoso que mora en nuestro interior. Un deseo ardiente, una intención. Una poderosa manifestación que deseamos exteriorizar y dejar en este mundo. A eso se refería Wayne Dyer cómo la “música que tenemos en el interior”. Y su convocatoria es la más simple que puede haber en esta vida: no mueras sin exteriorizar y materializar ésa pasión.

Es posible que estés contento y orgulloso de tus logros, de la forma en que has ordenado tu vida y las relaciones con otras personas. Pero si no bailas al son de tu música interior, no podrás despedirte en paz de la existencia. ¡Es un asunto de la naturaleza humana!

Todas las personas que habitan este planeta son únicas e irrepetibles. Cada una ha llegado para cumplir una misión superior en este mundo. En éste grupo están por igual las que creen en ése destino y las que no. ¡Nadie está condenado para  ser irrelevante o intrascendente!

Dyer hace referencia a una escena del libro “La muerte de Ivan Ilich” de León Tolstoi, en la que el protagonista, en su lecho de muerte, le hace la siguiente pregunta a su contador: ¿y qué si toda mi vida hubiera sido un error?

El hombre se encuentra en sus últimos momentos de vida y tiene la duda más profunda de la existencia: ¿y qué si toda mi vida hubiera sido un error? Ya no hay manera de reparar nada. Las cartas se han jugado y la partida terminó.

No es fácil imaginar una situación más triste y desesperanzadora.

¡No mueras con tu música en tu interior! Persigue tus sueños y anhelos. Hay un libro que deseas escribir, composiciones que quieres dejarle al mundo. Relaciones que deseas establecer (o restablecer) desde el fondo de tu corazón. Proyectos que anidan en ti desde siempre. Viajes, aventuras, voluntariados. ¡Lo que sea! Eso es tuyo, todo lo demás forma parte de una conveniencia social en la que tenemos que desenvolvernos para sobrevivir, nada más.

Ésa música que tienes en tu interior es la genuina representación de la vida, todo el resto es supervivencia. Es cierto que se debe sobrevivir, eso también forma parte de la genética humana y su evolución. Pero somos mucho más que los animales básicos. Tenemos un sentido de propósito que no debe anularse por inercia y rutina.

Eres un milagro desde el momento mismo de tu concepción. La manifestación de una ingeniería divina que no tiene comparación. Tu destino no ha sido establecido para transitar el anonimato y la infelicidad. Mucho menos al arbitrio de otras personas.

Un día comprenderás con claridad que finalmente no le debes nada a nadie, que todos en este mundo tienen primero una responsabilidad consigo mismos. Te darás cuenta que vivir una vida entera en función de los intereses ajenos, no retribuye ningún bien a nadie. Esto no tiene nada que ver con solidaridad, compasión o afecto por los demás. Se trata sólo de la necesaria caminata hacia la felicidad.

Este es un buen punto. Porque más temprano que tarde también te darás cuenta que nada externo garantiza tu felicidad, y que tú mismo nunca serás capaz de garantizar la felicidad de nadie. ¡El juego de la vida es un desafío estrictamente personal! Porque solo la abundancia del corazón garantiza que se tenga algo para los demás.

¡Nadie da nada de lo que no tiene! Y mientras ésa música en tu interior no se manifieste, serás un ser incompleto tratando de encontrar plenitud en el exterior. Igual que todos los demás. Ése es el drama. La humanidad es una amalgama de seres carentes que se orienta a los otros para recibir lo que no tienen y lo que no dan.

Nunca coloques en la espalda de tus padres, hijos, pareja, socios, jefes o la Sociedad en la que vives, la excusa de no haber materializado la música que llevas en tu interior. Eso no es justo. No puedes cargar semejante peso en nadie. No hay derecho para que alguien cargue con la infelicidad de otros. Tus sueños no son de nadie más, y tampoco la responsabilidad de cumplirlos.

¿Te sientes una persona realizada? Pues bien. Si no has vivido al son de tu música interna, eso también es una ilusión. La Sociedad y el medio tienen parámetros muy curiosos para calificar el éxito de las personas, no te engañes. Ningún estándar que provenga de allí, te hará sentir genuinamente bien. Muchos de los que alcanzan todos los “premios” que la Sociedad alaba son totalmente infelices. Y unos pocos que no tiene lo que ella cotiza, disfrutan de bendición.

La explicación es simple: unos viven al son de la música ajena y otros de la propia. Unos solo han contribuido a realizar el sueño de los demás y se han olvidado de sí mismos.

¡Que tu vida no sea un error! Que al final de tus días, repases tu historia con el gozo de quién manejó su propio pincel, del que escribió su propia historia. Arriésgate a que algunos se sientan acreedores tuyos, pero no mueras en deuda contigo mismo. Sólo has llegado a éste mundo y sólo partirás.

¿Sabes que podemos esperar de un mundo en el que todos vivan en función de su música interna? Mucha armonía, ritmo y bienestar.

¡No mueras con tu música en tu interior!

(En reconocimiento a la fantástica labor del Dr.Wayne Dyer, un alma que nació en este mundo para abandonarlo en mejor estado)

Twitter: @NavaCondarco

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