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No pierdas nunca tu capacidad de soprenderte

Tenemos una idea distorsionada de las virtudes del conocimiento y la experiencia que adquirimos en la vida. Creemos que mientras menos cosas nos sorprenden, más conocemos, mejor dispuestos estamos para las cosas de la existencia y menos vulnerables somos. Pero la verdad es distinta: en tanto no pierdas tu capacidad de sorprenderte quedarás alineado con las oportunidades que presenta la vida y la energía que trae consigo.

El conocimiento del ser humano es limitado y la inteligencia radica en reconocer esta realidad. Por otra parte, si aquello que se conoce es lo poco, entonces queda todo el universo por descubrir.

Es la capacidad que tengas de sorprenderte la que te permitirá hacerlo: identificar todo lo que el universo le oculta a la mayoría.

¡Tienes ésa capacidad desde el primer día que llegaste a este mundo! Viviste de sorpresa en sorpresa los primeros años de tu vida. Nada era igual de una jornada a la siguiente, todo era distinto de un momento a otro. Experimentar eso te llenaba de un gozo que ya no conoces ahora. Vivir en términos de sorprenderte con todo hizo crecer tu cerebro extraordinariamente.

Porque es bueno decirlo desde aquí mismo: la capacidad de sorprenderte expande tu intelecto, aumenta el alcance de tus razonamientos y fomenta la sabiduría.

Quien se niega la sorpresa se limita. Mutila sensores que lo conectan con la realidad. Castra la perspectiva que puede otorgarle su visión.

La persona que se sorprende con todo lo que le pasa es un ser acucioso, presta particular atención a los detalles, a las relaciones causales, a lo novedoso. Así extrae de sus experiencias mucho más que los demás. En esto cultiva oportunidades y posibilidades, todas ellas condiciones inapreciables del crecimiento.

Los seres que sostienen la capacidad de sorprenderse con las cosas que pasan, adquieren paz mental. Simplemente porque no invierten su vida tratando de conocer o controlar todo. Anulan cualquier temor a lo desconocido, porque  precisamente lo esperan y procesan con expectativa y buen ánimo.

Los formatos de educación convencional y las exigencias sociales le quitan al individuo la capacidad de sorprenderse con todo lo que ofrece la vida. Le privan de esto desde edad temprana. Con  la lógica, absurda, de garantizar su seguridad y evitar que sufra más de lo necesario.

Le enseñan temprano a tomar control de todo lo que le sucede y evitar aquello que puede significar riesgo. Ensanchan su ego para que adquiera “carácter” y prevalezca ante las “impiadosas” condiciones que plantea la vida. Lo forman para eludir lo desconocido, evitar riesgos y actuar en el marco estricto de lo “razonable”.

¿Es posible que una formación así fomente la capacidad del ser humano para soñar y sorprenderse con todo lo que el universo ofrece?

Muy difícil.

Porque es casi la misma realidad que se le impone a un ave, destinándole a una jaula con el sospechoso fin de cuidarla.

¿Cómo evitas perder la capacidad de sorprenderte?

1.- No coloques etiquetas a las cosas y las personas.

Deja que ellas te sorprendan. No presumas, en función de tu juicio, “que el jugo de tomate no sabe a naranja” o que de las “víboras no pueden nacer los picaflores”.

Las etiquetas forman parte de una rígida enseñanza que heredas del entorno social de tus padres, sus antepasados, tu cultura, tu país, tu raza. ¡No es necesariamente la realidad!, porque es perfectamente posible que de la persona menos esperada recibas lo que no esperas, o aguardes en vano lo que estás seguro de encontrar en otras personas y situaciones.

¡Quien establece condiciones vive condicionado y no es una persona libre!

En cambio, quién tiene mente abierta para darle una oportunidad a las cartas que arroja la vida, siempre recibe sorpresas gratificantes.

2.- No vivas aguardando que las cosas se ajusten a tus expectativas, por muy positivas que creas que sean.

Toda expectativa constituye siempre un límite.

Espera confiado y paciente lo que puede suceder. Invierte todos los recursos que consideres conveniente. El mayor empeño y sacrificio. Luego deja que la vida te sorprenda. De eso se trata vivir en sintonía con la energía universal. Ésa es la genuina emoción que le da sentido a la existencia: esperar con la sola ansiedad de la sorpresa perpetua.

3.- Que los sentidos prevalezcan sobre tu mente.

Puesto que no siempre te relacionas con tu entorno en función de los sentidos que tienes, es frecuente que mires y no veas. Que oigas y no escuches. Toques y no sientas. Que hables y nada digas.

Todo está pre-formateado en la realidad social en la que vivimos. Está dispuesto para que no te embargue la incertidumbre, para que te sientas seguro, se refuerce tu identidad y desarrolles tu “carácter”. Poca oportunidad hay para tus sentidos, y de esta forma casi ninguna para la propia vida.

No pierdas la capacidad de sorprenderte. Mirando de verdad puedes ver muchas cosas, y oyendo con interés hallarás las respuestas que buscas.

4.- ¿Quieres ser una persona creativa?

He aquí una respuesta interesante: todo en la vida es una creación permanente, ella misma es un estado en perpetua creación.  Por lo tanto, sintoniza con la vida y serás una persona creativa. ¿Cómo se hace esto? Entendiendo y aceptando sus mensajes. Aguardando, con emoción y cariño, que las cosas te sorprendan.

5.- ¿Quieres ser un individuo innovador?

Pues en esta lógica también encontrarás una respuesta útil: la vida es cambio permanente.

Todo es nuevo a todo instante. Incluso tus células se renuevan cada cierto tiempo. En honor a una verdad “técnica”, no eres en ningún sentido la misma persona que firmó al pie de su nombre hace cinco años.

Si la vida es cambio y todo es nuevo cada día, con solo alinearte a ello te conviertes en una persona innovadora. Pero, ¿cómo consigues ésa alineación?: cultivando tu capacidad de sorprenderte siempre, pues solo así puedes apreciar los cambios que presenta la existencia.

6.- El cambio es movimiento.

Nada hay estático en este universo. Todo se mueve, incluso la silla sobre la que te apoyas ahora. Los átomos y las partículas subatómicas se mueven a velocidades incomprensibles para al entendimiento, y se mueven siempre. Lo estático no es condición de la energía, y la vida es una manifestación de energía.

Por lo tanto, si todo se mueve siempre, ¿por qué ser un individuo rígido?, ¿qué te conduce a ser tan predecible, estructurado y ordenado?, ¿qué te obliga a privilegiar la certidumbre? Si quieres coincidir con el movimiento universal, deja que las cosas te sorprendan. Suelta. Fluye.

La mayor parte del tiempo vivimos como si habitáramos unas casamatas de cemento. Todo tiene un color gris, opaco, frío y aburrido. Pero familiar y seguro.

Este ambiente no nos llena de felicidad, por supuesto, pero tampoco anula nuestras expectativas. Justamente eso nos mantiene equilibrados: las expectativas. Finalmente por esto también nos han dicho incontables veces que la esperanza es lo último que muere.

Pero la verdad es más sutil, mucho más sencilla. Si por un instante sacas la cabeza por una de las pequeñas ventanas de la casamata, esto quiere decir, si evalúas tu vida con la capacidad intacta para sorprenderte, verás un hermoso milagro en todo lo que sucede.

¡Tú mismo no eres otra cosa que un milagro!, aunque estés lejos de entenderlo y asumirlo.

Estás perdiendo muchas de las mejores cosas de la vida. Valiosas oportunidades, grandes posibilidades. Te sucede esto porque vives en un mundo demasiado estructurado. Uno que vende todo tipo de formatos y te incluye en ellos. Uno que te ha quitado algo muy simple, pero vital y hermoso, la capacidad de sorprenderte con todo lo que sucede.

Twitter: @NavaCondarco

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