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Pequeña defensa de la persona pesimista

La persona pesimista no tiene porque ser juzgada con severidad. El optimismo y el pesimismo constituyen una forma de visualizar las cosas que sucederán en el futuro y calificarlas de acuerdo a la percepción de los efectos que puedan provocar.

Desde aquí no es posible calificar a una persona de optimista o pesimista como característica de lo que ES. Si no del juicio que tiene sobre las cosas que visualiza. Por otra parte NADIE puede visualizar las cosas siempre favorables o desfavorables. Porque serán en todo caso de una u otra forma.

Por consideraciones culturales arraigadas en la Sociedad, las personas son formadas en la premisa que el pesimismo es malo. Y por lo tanto no es un aspecto en el que corresponde hallar virtud. Por otra parte, la necesidad de ser “eterno optimista” se fomenta y premia. De esta orientación emergen “optimistas funcionales” y “pesimistas estructurales”. Los primeros agrupados en lo “deseable” y los segundos no.

Los “optimistas funcionales” no explican su condición en la visión favorable de las cosas. Más bien en el hecho de no ser pesimistas. Y los “pesimistas estructurales”, que en esencia sólo pecan de ver y juzgar algunas cosas desfavorables, son considerados anatema.

Por causa de esta formación que se inicia en los pañales y concluye dejando su sello en la niñez y juventud, una cantidad innumerable de personas se sienten cohibidas de manifestar un pesimismo franco y útil.

Hay más probabilidad que una persona que se declare optimista en una entrevista de trabajo consiga el empleo a una que se declare pesimista. Aunque nadie puede establecer como “su estado” uno u otro caso, hay muchos más que quisieran caminar por la calle con un cartelito que diga persona optimista y no uno de soy pesimista.

Esta realidad impide que las personas (en la vida y los negocios), desarrollen una sana capacidad para ver y juzgar los aspectos desfavorables que pueden acontecer. Y con ello se propende a cometer más errores y subestimar riesgos.

La evaluación pesimista de las cosas activa la cautela, la moderación. Y mantiene encendidos sistemas de alerta que pueden beneficiar el tratamiento de ciertas cosas.

Ayuda a incorporar más acción y trabajo en las tareas, con precaución y cuidado. Nada de esto es malo. Puesto que no condiciona negativamente la forma en que se conduce la vida o el Negocio. La evaluación pesimista puede efectivamente reducir el ritmo en el que se llevan adelante ciertas cosas. Pero lo reducirá en la lógica de evitar una colisión o pérdida al enfrentar situaciones desfavorables.

Algunos de los hombres más grandes que ha parido la humanidad no sólo eran manifiestos pesimistas. De hecho eran conocidos por pronosticar sistemáticamente un conjunto de fatalidades para no cometer errores en decisiones importantes. Y tener respuestas concretas ante imponderables.

Otra cosa son ésas personas que se autodenominan REALISTAS. A diferencia del optimista o el pesimista, la persona “realista” carece de visión. Actúa sobre la inmediatez condicionado por el criterio de que “no vale la pena ser optimista ni pesimista”. Respeta en extremo las condiciones imperantes. Con sus pequeñas o grandes posibilidades.

La persona pesimista tiene visión. Una que no se ajusta a un estado deseable de las cosas. Pero en definitiva una visión que anticipa algo. En cambio las personas “realistas” carecen de visión, positiva o negativa. Se desenvuelven en los márgenes estrechos de la coyuntura y lo que perciben los sentidos básicos.

Estas personas son una molestia. Incapaces de proyectar nada. Niegan ésa posibilidad elemental que tiene el hombre de ver más allá de lo que pueden los animales elementales. Merced a conceptos absurdos de realismo el hombre nunca hubiera llegado al estado en el que hoy se encuentra. El progreso y el desarrollo formarían parte del azar y se estaría anulando el deseo natural de cambiar las cosas y ser parte condicionante de esos cambios.

Por otra parte, el pesimismo y el optimismo no tienen nada que ver con lo positivo o negativo. No existe relación ontológica entre optimismo y positivismo. O pesimismo y negativismo.

Lo positivo y lo negativo están relacionados al SER de las personas. No a la forma de ver y juzgar las cosas que pueden pasar. La gente positiva tiene una forma de procesar y canalizar su energía diferente a la persona de actitud negativa. Una persona positiva puede ser optimista o pesimista en su interpretación del porvenir. Pero mantendrá una actitud enérgica. En tanto que la persona negativa carece de fuerza, ánimo e incluso espíritu para hacer las cosas. Aún aquellas que puedan presentarse favorables.

Y por último, no se trata de establecer qué tanto aporte puede tener una actitud positiva. Se trata más bien de establecer el alto costo que tiene una negativa.

Ser positivo cuesta poco. Ser una persona negativa conduce al infortunio.

Twitter: @NavaCondarco

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