Las personas felices son los “nuevos ricos”

Las personas felices son los “nuevos ricos”, la paz interior es el nuevo parámetro de éxito, la salud una genuina fortuna y la bondad, el modo distinguido de ser “cool”. Este es el paradigma que se está gestando en un mundo que asume como inevitable el surgimiento de una “nueva realidad”.

Y la verdad es que nada de esto es nuevo, por supuesto, pero que constituya una prioridad de vida contemporánea, sí lo es. La palabra correcta es ésa: prioridad. No se puede afirmar que en la historia humana felicidad, paz interior, salud o bondad fuesen conceptos extraños, pero que se privilegien como objetivos de vida primarios, constituye un cambio en la forma de pensar. Especialmente en sociedades que hace mucho se desenvuelven bajo premisas económicas de corto plazo.

A lo largo de estas últimas décadas los planteamientos de vida fueron más o menos así:

  • “Hágase rico o muera en el intento”
  • “Muéstrele al mundo los lujos que tenga”
  • “La mejor obsesión es el trabajo duro”
  • “El emprendimiento es una religión”

Se debía asumir, de una u otra forma, que las personas felices tenían que alinearse detrás de estos objetivos. Para conseguirlos se justificaba el afán y se volvía virtuoso el sacrificio.

Pero las cosas están cambiando.

Algunos consideran que el fenómeno de la pandemia del COVID 19 es el inicio de una nueva realidad que debe asimilarse. Pero no se puede descartar que sea, más bien, el corolario fortuito de una forma de entender el mundo que se gesta desde hace buen tiempo.

Hay algo que el desarrollo tecnológico ha provocado incuestionablemente: el sentido pronunciado de la individualidad. Las personas ya no son, ni se sienten, parte de una masa anónima. Hoy pueden exponerse ante el mundo de forma natural e independiente. Tienen facilidad para expresarse como son y quieren ser. Y hace veinte años atrás, esto no era posible.

La distinción es un importante valor en la vida contemporánea.

La lógica de distinguirse del “rebaño” se aprecia y cultiva. Ello genera tendencias diferentes en el comportamiento social. Las “reglas” se cuestionan, el “entendimiento común” se coloca en tela de juicio, la “tradición” se critica. El “orden establecido” ya no es una “orden”, es una sugerencia del amplio “menú” de opciones que presenta un mundo con particularidades de aldea global.

Hay muchas personas felices en el mundo, por supuesto, y ahora son visibles. No todas responden a la existencia de grandes fortunas financieras, lujos o trabajo duro. Es más, la mayoría se encuentra lejos de ello, y por lo mismo vive más tranquila. De igual forma, hay millones de personas infelices, y también son visibles. Algunas poseen riqueza financiera y poder, pero no son ajenas a sufrimiento y dolor.

¡Todo esto es visible hoy! Es un conocimiento que está, literalmente, en la palma de la mano.

Como consecuencia, algo trascendente sucede: la verdad queda expuesta.

Porque finalmente es cierto que el dinero no proporciona felicidad, que la paz interior es un premio de incomparable valor y que la salud no se rescata con ninguna fortuna financiera. ¡Todo esto fue cierto siempre! Pero ahora se vuelve evidencia que nadie desconoce.

Implícita en esta verdad se encuentra la valoración del tiempo que condiciona el estar de todos los seres en esta tierra. La vida es corta, muy corta, ésa no es ninguna novedad. La existencia humana es un suspiro en lo infinito del tiempo. Y esto no hace más que afirmar el valor de la felicidad, la paz interior, la salud y consideración con los demás.

Invertir cuatro quintas partes de la vida trabajando para tener “estabilidad económica” y “morir tranquilo” ¿parece razonable? Abandonar este mundo dejando millones de dólares que no se pueden llevar a ninguna parte, ¿justifica disponer de toda una vida? Y eventualmente, morir sin estabilidad ni millones a pesar de haber trabajado muy duro, ¿no es aún peor?

Warren Buffett es uno de los millonarios más grandes del mundo, ¡bendito sea! No hay en estas líneas crítica alguna a ése propósito. Pero el gran hombre ya no tiene mucho tiempo sobre esta tierra, y bien dispuesto estaría a entregar parte de su fortuna (si no toda), por algo de tiempo adicional.

Las personas felices abandonan esta vida con la misma tranquilidad que tiene aquél que se duerme con los deberes hechos. Sin acreencias ni deudas. Con la cálida sensación de la labor cumplida, especialmente la que corresponde con uno mismo. Porque finalmente, también es cierto que toda forma de felicidad es privada, y nadie tiene capacidad de juzgar el éxito ajeno.

¿El dinero es malo? ¡En absoluto!, ¿conduce a la felicidad? ¡En absoluto! Ya es bueno que esto se comprenda a cabalidad.

Por otra parte, ¡la salud no tiene precio!, ¿no ha quedado esto por demás claro en este tiempo? Y menos aún la paz interior, porque en última instancia ella garantiza que cuando algo malo pasa, igualmente se asuma con naturalidad y contento.

¿Y qué respecto a la premisa del “trabajo duro”? Pues bien, es otro fundamento falso. El ser humano no está dotado con la fortaleza física de otros animales, sin embargo posee una capacidad cerebral incomparable. Y ella lo habilita para practicar “trabajo inteligente”, no “trabajo duro”. Éste último conduce, como mucho, a la supervivencia, en tanto que aquél permite evolucionar.

Que estos valores se asuman y entiendan como patrimonio de los “nuevos ricos” es una realidad reconfortante.

Ahora bien, esto no quiere decir que el mundo sea “un lecho de rosas”. La vida es bella como concepto, en el entendido que es una manifestación milagrosa y testimonio del trabajo divino. Pero como proceso que debe transitarse, la vida es muy difícil. El sufrimiento es casi una promesa universal, y la capacidad de trascenderlo diferencia a unos de otros.

Pero si sufrir es prácticamente inevitable, la felicidad, salud, paz interior y generosidad, son objetivos igualmente imperativos. Esto es lo que no se entiende bien. La respuesta a los desafíos de la vida no puede ser solo el afán de sobrevivir o sobrellevarla. El ser humano tiene mayor capacidad que esa.

¡Todas las personas están habilitadas para la felicidad! Todos pueden ser parte de los “nuevos ricos”. Nadie quedará insatisfecho o mal pagado en esta labor. Es cuestión, únicamente, de reconocerlo, porque de saberlo, todos lo saben, pero lo han olvidado.

Felicidad, paz interior, salud y capacidad de ser amable y generoso, no solo son derechos, son también obligaciones universales. Piense en eso. No los asuma como ideales, están a disposición de todos cada momento de vida. Se muestran esquivas únicamente porque se las busca en los lugares equivocados.

Las personas felices emergen tan solo de pensar en lo anterior. Es suficiente.

La sana ambición, el deseo y el afán por acumular bienes y valores mundanos, no son malos en sí mismos, pero se vuelven un sin sentido cuando se cree que conducen a la felicidad o la paz interior.

¿Cuál es entonces el vehículo para ser un “nuevo rico”? Pues bien, de esto hay mucho dicho y escrito. Pero en esencia es una respuesta que cada uno lleva en su interior desde niño. Por esto mismo se dice que no es algo que se deba conocer, es cuestión, simplemente, de reconocer lo que ya está ahí. Esto es lo que hacen las personas felices.

Y también es cuestión de reflexionar y no equivocarse. Eso perseguía aquel médico que le preguntó a su paciente: ¿cuál cree usted que es el remedio para todos los males que tiene en este momento? El hombre respondió: “para ser honesto con usted doctor, un millón de dólares resolverían todos los problemas que tengo ahora”. “Pues bien, dijo el médico, por el momento puede usted proseguir, porque el tumor que tiene es benigno y solo me debe treinta dólares. Si no fuera así no tendría tiempo para reunir el millón y tampoco eso alcanzaría para curarlo”.

Si para alguien estas líneas son solo reflexiones poéticas, pues bien, en medio de tanta locura, un poema siempre es refrescante. Al menos si se anhela ser un “nuevo rico”, un miembro anónimo de ése distinguido grupo de personas felices.

Twitter: @NavaCondarco

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