¿Plan “B” o quemar naves? La decisión para la victoria

El plan “B” es una forma coloquial de nombrar las previsiones que se toman por si el curso de las acciones trazadas no funcione de acuerdo a las expectativas. El plan “B” es una “red de seguridad” por el eventual fracaso o dificultad que encuentre la acción principal. Hacer algo, especialmente de importancia, sin un plan “B” que contemple contingencias, parece un acto irresponsable.

Sin embargo, en la raíz misma de la consideración del plan “B” radica una debilidad estratégica sustancial.

En la mayoría de los casos, el plan “B” es una ambulancia que llega porque “algo falló” en los planes fundamentales. El plan “B” no es necesariamente (por llamarlo de alguna forma), un segundo plan “A”. No tiene la asistencia, el enfoque y soporte de las acciones principales. Por otra parte (y aquí es donde se le encuentra mayor mérito), es algo parecido a una “salida de emergencia” que evita resultados “catastróficos”.

Ambos aspectos, el “carácter secundario” del plan “B” y el hecho que constituye una “red de seguridad” o “salida de emergencia”, generan DEBILIDAD en el enfoque estratégico del plan principal.

La razón es simple: el plan “B” es una alternativa.

Y no importa que sea una alternativa a la que puede recurrirse solo “después” que las acciones principales fallen, de todas formas es una alternativa. Al menos en la estructura mental de la persona (s) que ejecutan el plan.

Las decisiones estratégicas, aquellas importantes o trascendentales, no deben tomarse bajo el criterio de habilitar un plan “B”.

Si los objetivos DEBEN alcanzarse de todas formas, o visto el asunto desde otro ángulo, si los resultados son muy valiosos, el Plan “B” debe sustituirse por el concepto de “quemar naves”.

Existe un Principio Estratégico que demanda “hacer de la victoria la única opción”. Este principio ordena actitudes y recursos para conseguir el resultado planificado y “anula” cualquier opción. Quita “redes de seguridad” y cierra “salidas de emergencia”. Todo es “para adelante”, no existe izquierda, derecha o forma de mirar atrás.

La frase “quemar naves” aparentemente le corresponde a un general griego que desembarcó su ejército en una playa para tomar una posición fortificada del enemigo. Concluido el desembarque ordenó que las naves que habían transportado al ejército se quemasen. De esta manera, el único camino para retornar a casa pasaba por vencer al enemigo.

En la lógica de “quemar naves” después de tomar una decisión, hay mucho poder.

De hecho más del que existe en una decisión convencional.

Cuando NO existen opciones, el hombre alcanza las zonas de su máximo potencial. Encuentra recursos allá donde pensaba que no los había. Desarrolla fortaleza, creatividad e ingenio en proporciones que desconocía. El “estímulo” de tener las “naves quemadas” es la fórmula para “convocar” el ser extraordinario que se tiene adentro.

La capacidad humana es enorme a nivel estructural, pero aparece ordinaria en el nivel funcional. Especialmente por todos los mecanismos y medidas de seguridad que se auto imponen.

Las decisiones que se fundamentan en “quemar naves” alcanzan sus objetivos la mayoría de las veces. O al menos lo hacen más que las sustentadas en la existencia de un plan “B”.

Hay dos requisitos para operar con el criterio de “quemar naves”:

1.- Carácter. Se necesita disposición, deseo, seguridad. Fe en el resultado, ausencia de temor y agallas. Posiblemente un poco de “rabia” respecto al estado presente de las cosas, y “cansancio” con las condiciones vigentes.

2.- Calidad en los objetivos. Las decisiones que disponen “quemar naves” tras de sí no son medidas “chauvinistas” o arrebatos emocionales. Responden a un proceso minucioso de evaluación de objetivos. Uno cuya profundidad excede los procesos convencionales.

En el proceso de evaluar la calidad de los objetivos corresponde ser fatalista, y por supuesto pesimista. Es necesario colocar esos objetivos “bajo fuego” cuantas veces sea posible. Ser “pusilánime” como decía Napoleón, aumentar males y peligros, revisar una y otras vez posibilidades, opciones. Y una vez que los objetivos tengan la calidad necesaria y se tome la decisión, OLVIDAR todo, “menos lo que pueda conducir a la victoria”.

Las decisiones con plan “B” las toman todos. Los hombres grandes “queman naves” detrás de su decisión. Por eso precisamente llegan a la grandeza, porque no se permiten otra cosa.

Twitter: @NavaCondarco

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