Ritmo, el poder de la Estrategia para alcanzar objetivos en los negocios y la vida

La Estrategia bien puede resumirse como un conjunto de acciones que pretende establecer un Ritmo para alcanzar sus propósitos. El Ritmo lo es casi todo en la Estrategia, ésa es la importancia que tiene. Estrategia y Ritmo están consustanciados, comparten origen y destino.

La palabra Ritmo proviene del latín “rhythmus”, y quiere decir: “orden acompasado en la sucesión de las cosas. Movimiento controlado o calculado que se produce por la ordenación de elementos diferentes”.

Ritmo es, en primer lugar, una referencia de movimiento y orden. En segunda instancia, una definición vinculada a la sucesión de las cosas. El Ritmo siempre está asociado a un conjunto de movimientos, no a uno solo. Y esos movimientos responden a un ordenamiento de elementos que pueden ser diferentes entre sí.

La Estrategia es prácticamente todo eso: acción (por ende movimiento), elementos diversos que buscan sincronización y sucesión ordenada de los hechos y su dinámica.

Cuando una acción alcanza Ritmo se fortalece para llegar a su objetivo.

Es lo que pasa con la mentada gota de agua que cae incansablemente sobre la piedra hasta alterarla. La gota es frágil, insignificante, pero concluye por perforar la roca merced al ritmo y duración que tiene su acto.

Tiene tal importancia el Ritmo, que el objetivo de una acción (especialmente cuando se aplica criterio estratégico), debería ser alcanzarlo, definirlo y sostenerlo, incluso antes de considerar el objetivo final. El atleta que participa en una Maratón primero alcanza y establece un Ritmo y luego encara la prueba. El Ritmo es el factor determinante para competir y eventualmente vencer.

Y aunque es más fácil asociar Ritmo con ejemplos como el anterior, su lógica se incluye en todos los actos de la vida, particularmente en aquellos que adoptan criterios estratégicos.

La Estrategia es un sistema de gobierno que define las acciones de una persona o grupo en situaciones condicionadas por factores competitivos. Cuando un objetivo está disputado por competidores o condicionado por factores de competitividad, la Estrategia sustituye los demás sistemas de gobierno y toma la dirección de los eventos. La Estrategia está asociada al conflicto porque esto es precisamente lo que se surge cuando existen objetivos en disputa.

Para la Estrategia hay dos parámetros de evaluación de sus acciones: victoria o derrota. No existen medias victorias o medias derrotas. Y esta lógica binaria, simple e implacable, la obliga a trabajar con criterios de efectividad que ningún otro sistema de gobierno posee. Para ello recurre al Ritmo.

El Ritmo en la Estrategia no hace alusión a velocidad de ningún tipo, es solo un movimiento ordenado, cadencioso, sostenido.

La velocidad del Ritmo puede aumentar o disminuir y no por ello lo anula. No existe un criterio de Ritmo vinculado a la parsimonia u otro relacionado al ímpetu. Si algo avanza a un ritmo “x” de 2 por 2, ése es un Ritmo. Si sube luego a un 4 por 4 es otro Ritmo, al igual que si toma la forma de un 1 por 1.

Lo que el Ritmo evita es la dinámica caótica: la aceleración brusca o la desaceleración repentina, el movimiento idóneo en determinado momento y el insulso inmediatamente después. Sin Ritmo el movimiento carece de orden y por ello mismo se vuelve poco efectivo. Y es interesante ésta relación del Ritmo con la efectividad, es decir la capacidad de concretar las cosas, de alcanzar los resultados que se buscan. En general se vería más lógico asociar Ritmo con eficiencia, por lo mismo que constituye una convocatoria al orden, a la sucesión ordenada de eventos. Pero el Ritmo permite, antes que nada (o debiera decirse “después de todo”), que la probabilidad de alcanzar el objetivo aumente, y de esto se trata la efectividad.

En teoría (y valga recalcar esto en el más puro sentido estratégico), cualquier persona que logre correr cierta distancia dominando un ritmo, podrá cubrir una Maratón. La diferencia es una cuestión meramente cuantitativa (distancia) definida por el tiempo. Puede evidentemente pasar mucho tiempo antes que ése individuo que corre 800 metros dominando un Ritmo, cumpla los 42 kilómetros de la Maratón. Es posible que finalmente no lo haga, pero el hecho que aplique Ritmo en lugar de dinámica voluntariosa o esfuerzo bruto, aumenta sensiblemente sus probabilidades.

El Ritmo se ajusta a posibilidades y potencialidades, puede ser mayor o menor de acuerdo a ellas.

Aumentar progresivamente y disminuirse de acuerdo a un plan. Lo significativo es que todo se produce de forma ordenada, sosteniendo una cadencia, un orden acompasado de las cosas.

Suba el ritmo o baje el ritmo. El común denominador es precisamente ese, el Ritmo. Se pueden correr 800 metros planos en dos minutos, cinco o diez, depende del ritmo que se imprima en la prueba. Si no se adopta el criterio de ritmo se pueden correr 200 metros intensamente y parar luego por cansancio, o concluir los 600 metros finales a pié. Los esfuerzos que no consideran un Ritmo determinado no tienen carácter estratégico, no son inteligentes ni están destinados a prevalecer.

Adoptar Ritmo para hacer las cosas precisa paciencia, perseverancia, convicción. Esta es la parte difícil.

Gran cantidad de personas (y organizaciones) aprecian la recompensa inmediata, el destello de sagacidad, el golpe de genialidad. Estas acciones no se fundamentan en la construcción de Ritmo, más bien en habilidad o destreza. Son herramientas efectivas, por supuesto, pero menos confiables que la humilde construcción de Ritmo para alcanzar lo que se pretende.

Se puede llegar a un gran desempeño físico empezando los ejercicios con una sola “flexión”, una “plancha” (Take The One Push-up Challenge). Ése es un Ritmo específico, y a partir de él se forma una rutina de más alcance. De una “flexión” por día, se puede transitar a 2 horas de ejercicio diario, es una cuestión de incremento progresivo del Ritmo. Sin embargo es mucho más difícil construir dos horas de ejercicio diario basándose solo en potencial físico y voluntad.

La muralla china se construyó con Ritmo, igualmente las pirámides de Egipto. Ambas se consideran proezas increíbles de acuerdo a los medios y posibilidades del momento. La “cadena de montaje” de la era industrial es una representación del Ritmo para hacer las cosas de forma más eficiente, una muestra de cadencia, de sucesión ordenada de las cosas. La “producción en masa” de bienes y servicios es una muestra similar, una acción ordenada, un “escalamiento” de tareas que permite alcanzar metas que no se pueden considerar con una organización diferente.

El Ritmo es poderoso, por eso la Estrategia lo aprecia.

La caja de cambios de marcha en un automóvil es otro ejemplo de Ritmo, puesto que determina una variación ordenada del desempeño del motor de acuerdo a las necesidades que plantee su uso. Es una variación ordenada de poder y velocidad. Cada marcha es consecuencia de un ordenamiento mecánico específico. No hay aleatoriedad, a pesar que la disposición de una u otra marcha sea asunto discrecional del conductor.

El corazón humano funciona a un ritmo imperturbable, y así mantiene operando el sistema por mucho tiempo, sin prisas ni pausas.

El Ritmo es poderoso, por eso la Estrategia lo usa siempre.

Las organizaciones y las personas deben encontrar el Ritmo específico que les permita alcanzar lo que pretenden. Deben ajustarlo a las capacidades y potencialidades. Pueden incrementarlo o reducirlo igualmente, de acuerdo a las posibilidades y las circunstancias. Cuando se mantiene Ritmo se reducen las probabilidades de parar por agotamiento o saturación. Se trabaja con el tiempo a favor, no en contra. En el caso de las contiendas que soporta la Estrategia se agota al oponente, se lo desgasta y no se le exponen debilidades. Eso termina por dirimir el conflicto a favor de los intereses propios y perfeccionar el sentido de la Estrategia.

Rutina, ritmo, repetición ordenada, son las “tres R” de la marcha incansable de las cosas, ésa que termina por prevalecer porque nada puede detener la acción pequeña, ordenada y sostenida en el tiempo, nada. El propio Universo es solo la suma indefinible de partículas diminutas, pequeñas entendidas que forman lo grandioso, insignificantes pulsos de energía que se agregan para dar forma a todo lo que existe. La propia energía, finalmente, es el mejor modelo para entender el ritmo y su poder.

Twitter: @NavaCondarco

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