Rockefeller, el magnate y su afirmación más poderosa

Rockefeller hizo algo que pocos seres humanos han conseguido en la historia. Construir una fortuna, aportar en la construcción de la economía norteamericana como la más grande de la historia, desarrollar una de las empresas más importantes de la era (Standard Oil), dar forma a la industria petrolera y ser uno de los filántropos más importantes de todos los tiempos.

No es poca cosa para un solo hombre, aunque haya tenido el privilegio de vivir casi 98 años.

La vida empresarial de Rockefeller y su fortuna, han sido parte de interminables polémicas y análisis. El impacto de su trabajo tuvo alcance universal. Especialmente a partir de la producción y comercialización del “kerosene” que iluminó los hogares del mundo hasta principios del siglo XX. Y luego los carburantes que pusieron en movimiento el transporte moderno.

No puede extrañar que una trayectoria de vida asì se inscriba en polémica, crítica, especulación, mito y leyenda.

El magnate es más conocido por sus prácticas monopolistas (legales en la época), que por sus aportes filantrópicos a diferentes causas: salud (especialmente), educación, investigación científica, etc.

El legado de Rockefeller está presente en cada hogar del mundo hoy mismo. Y, curiosamente, no en la cochera, más bien en el botiquín o la biblioteca de la casa.

Éste hombre, que construyó una fortuna que hoy mismo sería 5 veces mayor a la de Bill Gates, tiene reconocida una frase que trasciende lo paradójico.

Su poderosa afirmación es:

“Si el único objetivo que tienes en la vida es volverte rico, NUNCA lo alcanzarás”

¡Nada mal proviniendo del hombre más rico de la historia moderna!

La afirmación se vincula al tema monetario, y bien podría ser expuesta así: “Si el único objetivo que tienes en la vida es volverte millonario, nunca lo conseguirás”.

La riqueza es una consecuencia, un resultado. NO es un objetivo. La riqueza es producto de lo que se hace, no es “lo que se hace”. No existe el oficio de “hacerse millonario”. Aquellos que sueñan desde temprano con ser y tener una “vida de ricos”, concluyen soñando, y sin riquezas.

En la actualidad la fortuna Rockefeller no puede ser cuantificada con facilidad. Y de hecho no tiene la magnitud que poseyó en sus orígenes.

Esto se debe al deseo explícito del magnate para que la fortuna fuese dispuesta en el interés de terceros. Bien o mal entendido, ése fue el destino final de la riqueza acumulada por Rockefeller. Incluso la Fundación Rockefeller no es hoy una de las instituciones más ricas de beneficencia, a pesar que fue la primera en formarse bajo criterios de organización técnica moderna, y la que más impacto tuvo en la historia contemporánea.

El dinero amasado por Rockefeller terminará de la forma que él lo hubiera preferido: como una corriente de agua que llega y se va. En el proceso habrá provisto de agua fresca y riego, pero pasará luego, como todo en la vida.

La riqueza proviene como efecto de trabajar intensamente en proyectos, negocios, emprendimientos. Ellos, merced a esfuerzo, tiempo, paciencia y un poco de fortuna, construyen riqueza. Y en tanto se orienten a resolver problemas de la gente y mejorar sus experiencias de vida, mayores serán.

Al propio Rockefeller se le atribuye la cita: “No tengas temor de abandonar lo bueno para ir por lo grandioso”. Una apología de la sana ambición, el deseo de volar alto y llegar lejos. Ello no es solo legítimo, es necesario para el progreso. ¡Ambición, por supuesto! Pero para cambiar la realidad y afectar positivamente la vida de los demás.

La riqueza, la fortuna, los millones, no se alcanzan, ellos son los que “encuentran” al hombre en la ruta.

Ésa que se transita para lograr objetivos más grandes que su peso en oro. Propósitos que, a diferencia del preciado metal, trascienden la vida de sus creadores.

Han existido muchos millonarios en la historia, pero ¿de cuantos se conocen particularidades de su vida? ¿Cuántos dejaron algo valioso para la posteridad? Sólo los que acumularon riqueza como EFECTO de un propósito mayor, como PRODUCTO de una ambición superior al dinero.

¿Es malo desear ser millonario?, por supuesto que no. Pero conseguirlo es mucho mejor. Y ello pasa por descartar la riqueza como objetivo central.

Y una vez que se alcanza fortuna, llega otro consejo de Rockefeller:

“Yo creo que es un deber del hombre hacer todo el dinero que pueda, conservar todo el que pueda y entregar a otros todo el que pueda”

Ése es el circuito virtuoso de la riqueza.

Twitter: @NavaCondarco

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