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Sistema Laboral: las personas son un “recurso”. ¿Por qué nos molesta reconocer esto?

Las organizaciones son altamente impersonales. No podría ser de otra manera. La naturaleza de sus objetivos las obliga a desarrollar sistemas de trabajo que respondan a intereses colectivos y diversos. Uno de estos es el Sistema Laboral.

Las organizaciones no pueden tener una orientación particular hacia las personas que las conforman sin poner en riesgo el interés común, por esto prevalece el Sistema sobre el individuo.

Hay gente que se pasa la vida analizando el comportamiento de las organizaciones en su relación con el personal que las conforma y no termina de entender el motivo por el que tantas cosas no se “optimizan”:

  • ¿Por qué no se es más pródigo con los montos salariales?
  • ¿Qué sucede con las políticas motivacionales y los programas de capacitación?
  • ¿Por qué las empresas carecen de visión para acercarse a las personas?
  • ¿A que obedece que no se desarrollan mayores esfuerzos para alcanzar la “felicidad” de los empleados en el trabajo?
  • Etc.

Lo que no entienden es que las organizaciones son sistemas que se deben a sí mismos mucho más que a cualquiera de sus partes. Las organizaciones son sistemas que tienen objetivos superiores a los de las personas que las conforman y sólo pueden obedecer al interés colectivo.

Las personas son recursos que el Sistema incorpora para sostener su dinámica, y estos recursos son idóneos en cuanto le son funcionales al Sistema Laboral, no necesariamente porque se los pueda calificar de idóneos al amparo de otros parámetros.

Esta es la realidad de las organizaciones que hacen posible el funcionamiento del mundo y es también la realidad del profesional que tiene un empleo en ellas.

En el Sistema Laboral el profesional es un recurso que se “adapta” a las necesidades que se tienen. Es “materia prima” que se transforma por criterios de utilidad y funcionalidad. Para los intereses del empleo vale tanto la formación y experiencia técnica del profesional como su capacidad de adaptación a las premisas del conjunto.

Por esto mismo los sistemas laborales desarrollan un tipo específico de profesional, uno que constituye producto de sus cualidades personales y de aquellas que el Sistema demanda. Estos “profesionales tipo” pueden tener destacado rendimiento en una Organización y uno pobre en otra; están hechos “a la medida” de los sistemas que los adoptan. En este contexto su desarrollo profesional no alcanza dimensiones integrales, mucho menos si su experiencia sistémica ha sido prolongada.

El Sistema en general no deja de ser virtuoso. Finalmente a él se le deben muchos de los progresos que se valoran y disfrutan.

Si se quiere cambiar el Sistema, ¡perfecto!. Pero activar la molestia o renegar del hecho que las personas que en ellos se incorporan constituyen “recursos” no tiene sentido práctico.

Es lo mismo que tratar de encajar un triángulo en un círculo.

Por otra parte, el profesional que no desee ser parte de una realidad así tiene toda la posibilidad de abandonar el Sistema cualquier momento.

Cuando esto constituya la norma y no la excepción, es posible que el Sistema cambie muy rápido.

Twitter: @NavaCondarco

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