¡Todo lo que hagas hazlo por ti! Nadie da lo que no tiene

No se trata de otros, se trata de ti. Todo en este mundo es un asunto entre la vida y tú, los demás son espectadores. Nadie puede vivir por ti. La vida es un desafío absolutamente personal. Solos llegamos a ella y solos la abandonamos, por lo tanto, ¡todo lo que hagas hazlo por ti!

Matthew Weiner el escritor de la conocida serie de televisión “MadMen” cuenta que siempre se sintió arrepentido por no haber escrito un par de páginas diarias mientras esperaba que “otros” definieran el destino del guión de la popular serie. A pesar que “MadMen” lo convirtió en un hombre famoso y rico, Weiner cree que “ésas pequeñas contribuciones” que tendría que haberse hecho a sí mismo mientras esperaba, hubieran dado otro carácter a su producción general y legado.

El concepto es tan lindo como poderoso: “hacerse pequeñas contribuciones a uno mismo”.

Y no se trata solo de ser desprendido con uno (que aunque parezca extraño, pocas veces se da en el común de la gente), se trata, además, de hacerlo en todo momento: cuando las cosas están bien e igualmente si hay complicaciones o insatisfacciones.

La palabra contribución tiene raíces en el término “tributo”, que consiste en “ofrecer veneración como prueba de admiración por alguien”. Y ése “alguien” no puede ser otro más que tú.

¿Sabes porqué se pide que te veneres y admires?

No es, por supuesto, una convocatoria narcisista o un llamado al ego, es un pedido de auxilio. Porque lastimosamente son pocos los que se tienen genuino respeto, y no se diga veneración. Este es un mundo superpoblado por individuos que poco se quieren a sí mismos y viven en función de las disposiciones ajenas.

Te dicen desde la cuna qué es lo que debes hacer. Te piden respeto por los demás apenas despierta tu consciencia. Se encarga el medio de que estén claros tus límites y responsabilidades. Pero pocas veces te hablan del amor propio y del sano egoísmo que debe guiar los actos de tu vida. ¡Es más! Parece que solo considerar esto último es “cultural, social y políticamente incorrecto”.

Si no te rindes tributo a ti mismo y te haces merecedor de tu propia veneración, ¿entonces que ofreces a los demás? ¿Qué tipo de amor puedes esperar de quien apenas se quiere a sí mismo?

¡Es una necedad social ésta de menoscabar el amor propio y ensalzar los valores colectivos!

¡Todo lo que hagas hazlo por ti! Eres tu mejor cliente, jefe, equipo de trabajo, juez y seguidor. No se trata de guardar tus mejores esfuerzos para otros. Eso debe ser una extensión natural del comportamiento que tengas hacia ti mismo, nada más. Si mucho das a otros es porque rebalsa el vaso de lo que tienes para ti. ¡Nadie da nada de lo que no tiene!

Es cierto que la excelencia es una consecuencia del amor. Por eso todo lo que hagas debe estar condicionado por tu amor propio y ser de la mejor calidad.

Es absurdo hacer las cosas “así no más” solo “porque nadie está viendo”. Puesto que son justamente ésas cosas que nadie ve, las que haces por ti y para ti, y no pueden ser nunca mediocres. ¡Todo lo que hagas hazlo por tí!

Ése “enfoque hacia otros” es el factor que se interpone entre la excelencia y tú. Porque mientras hagas las cosas para otros con mayor esmero del que inviertes en lo que haces para ti, no alcanzas el pináculo de tu desempeño. Solo te conviertes en un ser “funcional”. Alguien hábil en “la forma”, pero pobre en “el fondo”.

Mientras te esmeres en no “quedar mal ante otros” y en cumplir límites de tiempo impuestos, no te haces ninguna contribución, y tampoco ofreces calidad. Lo correcto es tratar de quedar bien con uno y no autoimponerse plazos o límites a la perseverancia.

Debes desear algo de tal manera que alcanzarlo sea una obligación al mismo tiempo que un alivio. Esto solo se consigue cuando el compromiso es con uno mismo. Con los demás existe siempre una forma de quedar bien, aunque sea falsa. Pero no puedes mentirte a ti mismo. Por eso tus deseos son una obligación y simultáneamente un alivio, porque rinden cuentas contigo mismo.

Todo lo que hagas hazlo por ti. No necesitas un supervisor para la calidad de tu trabajo, tampoco un fiscal de tu comportamiento o probidad.

Porque si tienes básico amor propio, todo lo que hagas será de la mejor calidad. No trabajas para otros, trabajas para ti. Tu trabajo te beneficia a ti, y por efecto de que ése beneficio es importante para ti, entonces (y solo entonces), es también de beneficio para los demás. ¿Lo entiendes?

Está olvidando éste mundo de representaciones y actores, que solo se puede ofrecer a los demás lo que se tiene para uno. Que no puede llenarse el vaso ajeno si el propio está vacío.

Por lo tanto, quien calcula que está dando lo que no tiene, se engaña tristemente. Si no eres excelente contigo mismo no puedes serlo con los demás. Si no te tratas bien, ¿cómo puedes hacerlo con otros? Al no ser honesto contigo mismo es imposible que lo seas con los demás.

¿Qué contribución te haces si cada lunes arrastras los pies para llegar al puesto de trabajo? ¡Es absurdo! Y más aún si se justifica por un criterio de “necesidad”.

Ponte a pensar: ¿quién necesita una persona que se lamente sinceramente por el trabajo que debe hacer? Lo triste en esto es que no solo te engañas a ti mismo, también engañas a los demás, y eso ya está muy cerca de lo inmoral.

Luego alguno dirá que lo hace por su familia, porque finalmente la necesidad “tiene cara de hereje”, ¿no es así? Pero esta es otra forma de justificar la incapacidad y la falta de amor propio, puesto que ninguna familia se merece una persona infeliz y deshonesta consigo mismo.

Todo lo que hagas hazlo por ti. No por la familia, los amigos, la empresa o la patria. Hazlo por ti. Porque solo así serás contribuyente para todos los demás. Si estas feliz contigo mismo, harás felices a los demás. Sabiéndote valioso serás valioso para los que te rodean. ¡No hay mucho misterio!

Nadie ha llegado a este mundo para ser un mártir. Y ninguno de los mártires conocidos se planteó ése propósito. No se viene a ésta tierra para agradar a los demás y hacer de ello la medida de valor y satisfacción propia. Nadie tiene el tamaño suficiente para juzgar ni es tan pequeño para ser juzgado. A este mundo se llega para experimentar la vida, y ése es un juego estrictamente personal.

Si no te sientes bien contigo mismo, olvida todo lo demás y dedícate a resolverlo. ¡Olvida todo!, aunque parezca una absurda irresponsabilidad. La verdad es que no tienes el derecho de vivir por y para los demás sintiéndote infeliz. ¿Quién te hizo creer una cosa así? ¿Quién te dijo que el efímero paso por este planeta se trata de eso?

Es cierto que la vida es una historia de obligaciones que superan derechos, pero todas las obligaciones son primero contigo mismo. Si el manantial no tiene agua pura, solo consigue envenenar la corriente. ¡Es esto, precisamente, lo que vemos todos los días en este mundo! Gente que trata de entregar a los demás lo que no es ni siquiera para sí mismo.

¡Todo lo que hagas hazlo por ti! Aprende a practicar ésas pequeñas contribuciones contigo mismo. Ten la seguridad, desde este momento, que de ésa forma estás contribuyendo al mundo. Para limpiar el barrio, ¡primero limpia la casa!

Muchas veces, cuando se hace referencia al amor propio, a la excelencia que empieza por uno mismo, al sentido genuino del ser para dar, etc., parece que se habla de ideales y poesía. Por eso ayudan consejos como los de Matthew Weiner: “contribuciones permanentes contigo mismo”. Eso es práctico, prosaico, pero asimismo vital y hermoso.

Un apunte final. Cuídate de no engañarte por ése falso sentido de contribución o solidaridad con  los demás siendo tú mismo un ser incompleto. Las relaciones que tienes con otras personas tienen carácter parasitario si demandas y no das. Muchas personas en este mundo (posiblemente la mayoría), necesitan de los demás para cubrir sus carencias. Piden más que lo que dan. Necesitan de otros porque no se tienen a sí mismos.

¡No seas uno de ellos! Haz un esfuerzo para trascender este medio de hipócritas profesionales. ¡Todo lo que hagas hazlo por ti! Porque solo si eres solidario contigo primero, sabrás serlo con los demás.

Twitter: @NavaCondarco

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