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Un compromiso con tu destino. Dos palabras: UN DIA

¡Puedes establecer un Compromiso con tu Destino! Y lo puedes incluir en la agenda que determina lo que haces en tu vida, de la misma forma que otra cita cualquiera. Una cita con tu destino. Un encuentro con tus más caros anhelos. La cita más importante de tu vida. O habría que decirlo con más propiedad: la cita por la cual se justifica tu Vida.

Probablemente aún no puedas establecer fecha y hora para el acontecimiento, pero puedes hacer el compromiso.

Son dos palabras las que habilitan tu agenda para el encuentro que tienes con tu destino: UN DIA.  Así es. Son las mismas palabras que han utilizado todos los hombres grandes para encontrarse finalmente con sus propósitos. ¡Hombres grandes! No necesariamente porque la historia les establezca reconocimiento, principalmente porque tuvieron la capacidad de modelar su destino.

UN DIA. Eso dijo Martin Luther King cuando le gritó su sueño al mundo:

“Sueño que UN DÍA, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad.

Sueño que UN DÍA, incluso el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia.

Sueño que mis cuatro hijos vivirán UN DÍA en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.

¡Hoy tengo un sueño!”

¡UN DIA! Ése es el grito que establece un compromiso con tu destino. ¡UN DIA! Ésa es la expresión de Poder que somete los caprichos de la existencia a los deseos férreos de la persona decidida.

Cuando John F. Kennedy le anunció al mundo que UN DIA pisaría el hombre la luna, estableció un destino para la humanidad. Así también visualizó Henry Ford un automóvil en cada hogar del mundo: UN DIA. Y pensó, vio y actuó Bill Gates para que UN DIA el computador fuese un efecto personal. Y el teléfono celular se concibió en los sueños de algunas personas convencidas que UN DIA todos lo tendrían en la palma de la mano.

Estas son las dos palabras que establecen un compromiso con tu destino: UN DIA. Las mismas con las que se arropó Napoleón en noches de sueño agitado. Y Alexander Fleming en jornadas incansables ante un microscopio, visualizando que UN DIA la penicilina salvaría la vida de millones. UN DIA supo Margaret Thatcher que dirigiría los destinos de su pueblo, igual que Aníbal que prometió UN DIA cobrarle a Roma la muerte de su padre.

Estas son las dos palabras que establecen un compromiso con tu destino: UN DIA.

Es necesario entender un par de cosas para reforzar la convicción de estas afirmaciones. Y la primera es muy elemental: ¡al destino se lo desafía! Se lo mira directamente, se levanta la mano y se le dice con seriedad: UN DIA. Al destino no se lo seduce, se lo desafía. La Vida precisa de adulo, paciencia y comprensión, pero el destino no. A éste se lo mira con el rostro endurecido y se le grita: UN DIA. UN DIA tenemos una cita, ¡tú y yo!

Si estás en una butaca del auditorio escuchando al expositor, cada partícula de energía mental le grita al destino: UN DIA seré yo quien dé esa charla. O UN DIA seré yo quien dirija esta Organización. UN DIA tendré ésa familia que anhelo. Ésa empresa que deseo. El trabajo que sueño. UN DIA.

No solo es una promesa que estableces contigo mismo, es mucho más. Es un compromiso con tu destino. Una manera de activar la convicción de tus propósitos más caros. Hay diferencias grandes entre una promesa y un compromiso. La primera establece la intención, pero la segunda la sentencia.

Concédele al destino el hecho de no saber cuándo será “ése día”, y a la Vida la posibilidad que adopte otros designios, pero tu intención está clara y así se manifiesta: UN DIA seré lo que deseo ser, haré lo que deseo hacer. Éste es tu desafío. Tu grito de propiedad al cielo. El acto de rebeldía primero y fundamental.

Hay mucho poder en ése grito, en ésa exclamación profunda. Así se marca un espacio. El tuyo sobre esta tierra.

No eres un ser elemental por mucho que las circunstancias te doblen la cerviz, una y otra vez. Eres poderoso. Formas parte de ésa especie que salió de las cavernas y transformó el mundo, dominó los elementos y rubricó la creación. Ésa especie que mira otros mundos, levanta la mirada al firmamento y le grita que también UN DIA se encontrará con él.

¿Hay alguno que se sienta molesto porque se afirme que el ser humano es Poderoso? Allá él. Y todos los que quieran sentirse criaturas indefensas ante el destino. La verdad es que el hombre tiene promesa de grandeza. Mora en él un espíritu indestructible, atemporal, eterno. Es un gigante que muchas veces se piensa pequeño, un león que en el pernicioso contacto con gatos chicos maúlla en vez de rugir.

UN DIA, éstas son las palabras que definen un compromiso con tu destino.

Nada tienen de soberbia. Porque el hombre que tiene un compromiso con su destino, agradece con humildad cada acto, cada evento que lo acerca a él. Y si ése compromiso finalmente está reñido con lo moral, con el derecho de los demás para ser y hacer, la Vida encauza las corrientes y las conduce a donde deben terminar. Porque efectivamente también dijo John Gotti que UN DIA sería el jefe de la Mafia y lo consiguió. Sin embargo a cada quién le llegan los costos y las moderaciones por aquello que desea y hace. Esto ya es algo que corresponde con la responsabilidad personal, no con el desafío que se le debe plantear al destino.

¿Y si finalmente no llega el día? ¿Si el compromiso efectivamente no se concreta?

¡Pues gracias igualmente!

Porque habrá sido una Vida digna de haberse vivido. Porque caerá el guerrero en medio de la lid. Con las armas en ristre. Con el puño cerrado. La dignidad intacta. El ejemplo esculpido en la piedra dura que muchas veces presenta la Vida.

Porque es necesario también entender esto. La existencia nunca se mide en términos de partidas y llegadas, de inicios y finales. La Vida es un Proceso, y éste es el que corresponde vivir. Nadie tiene control sobre el día primero, y tampoco sobre aquel que dicte el final. La Vida es un Proceso. Uno escoge como lo transita: como la hoja del árbol que se encuentra a merced de cada brisa o como el tronco que establece dominio y propiedad sobre el espacio que habita.

Cuando estableces un compromiso con tu destino y le gritas que UN DIA te encontrarás con él, esencialmente estás definiendo un tipo de Vida que vale la pena vivir. ¡Simple! No eres la persona altiva que quiere desconocer los rigores de la jornada o se siente dueña del destino de los demás. Eres solo un ser consciente de cobrar las promesas que tienes en éste mundo. De vivir a la altura de la importancia que te viene asignada desde el nacimiento. De no ser una marioneta del destino. Humilde, agradecido, respetuoso siempre, ¡marioneta nunca!

¡Vale la pena vivir de este modo! Si llega finalmente el día del encuentro con tu destino, maravilloso. Y si no llega, igualmente habrá sido maravilloso vivir con ésa premisa, con ésa dignidad.

Porque también es penosamente cierto que la dignidad está en “oferta de liquidación” en estos tiempos.

Vivir dignamente no tiene nada que ver con el indispensable apego a lo correcto y al bien con los demás. Digna es la vida de aquél que se sabe con el derecho y la capacidad de vivir a la altura de sus más caros anhelos. Digna es la vida del que desafía al destino y la invierte para arrebatarle aquello que le corresponde. La dignidad está en el proceso, no en el inicio ni en el final. No existe tal cosa como Derechos Humanos básicos o elementales, porque el ser humano no es básico ni elemental. Es grande. Está aquí para establecer señorío. Sus derechos no merecen el reconocimiento de nadie más, como no necesita el león que le digan que es el Rey de la selva. El león es león porque así ha llegado a este mundo. Punto.

UN DIA, ésas son las palabras que sellan el compromiso con tu destino.

Martin Luther King no llegó a ver ése día que anhelaba, pero lo dejo en herencia como un faro para la humanidad. ¡Eso se llama Poder!

UN DIA, UN DIA, ése es el pensamiento del día.

Twitter: @NavaCondarco

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