Los adversarios del Emprendedor y de la riqueza

No faltan obstáculos y adversarios en el camino del Emprendedor. La tarea es una de las más complejas que existe en la vida profesional y personal. No solo deben superarse grandes barreras psicológicas, también hay que nadar contra corriente, con dosis significativas de paciencia y entusiasmo. Encajando derrotas, superando frustraciones, errando muchas veces por cada acierto. Venciendo sólo después de haber conocido repetidamente los fracasos.

Las arremetidas de los adversarios del emprendedor desde el sistema.-

Bueno fuera que en ése conjunto nada pequeño de variables terminase la adversidad. Sin embargo a él se suma la embestida organizada y sistemática de una clase intelectual y política que defiende prerrogativas de ortodoxia económica y ordenamiento social que poco favorecen la iniciativa individual.

Estos son los “enemigos” del Emprendedor, y de toda forma de generación de riqueza que se sustente en la productividad de las personas libres. Son los defensores del interés colectivo que debe “modelarse” desde el poder, a través de algunos “iluminados” que siempre saben lo que le conviene a todo el mundo.

Estos personajes no son parte de la mayoría anónima que tiene reparos hacia el riesgo o desconoce las virtudes de la dinámica emprendedora, son intelectuales que se desenvuelven en los entramados del poder. En plataformas de opinión pública y espacios donde se forman futuras generaciones.

Individuos influyentes, políticos activos, expertos “movilizadores” de inquietudes y frustraciones de la masa. Exponentes del populismo que sabe cómo aprovecharse de la pobreza para conseguir la supervivencia de privilegios y posiciones. A ellos no les interesa que se hable de riqueza, de independencia o libertad, porque estos valores atentan su personalísimo sistema de vida.

Poco bien le hace al Emprendedor desconocer la existencia de estos adversarios. Muchos de ellos gobiernan naciones o tienen la intención franca de hacerlo. Desde allí influyen maliciosamente en las mentes de quienes viven sumergidos en escasez y precariedad.

Arremetidas de los adversarios del emprendedor desde el “círculo cercano”.-

Los mensajes de ése sistema mediocre encuentran recepción en el individuo común, el vecino, el amigo, la familia. Ellos también tienen, muchas veces, observaciones sobre la búsqueda de éxito y riqueza en la dinámica emprendedora. Presumen que la convocatoria al emprendimiento, la independencia y la libertad, es sólo una manera de evadir la realidad. Para ellos la oferta de una “tierra prometida” lejana a carencias cotidianas y dependencia, es solo una forma de venderle sueños a la gente.

Estos “críticos cercanos” no carecen de sustento intelectual y convicción política. Son exponentes de una cultura arraigada en conceptos de “seguridad y solidaridad”.

En su entendimiento, lo relacionado a capital, empresa, riqueza e incluso libertad, representa ambición desmedida y egoísmo.

No valoran la iniciativa personal, el riesgo y el esfuerzo que existe detrás de cada emprendimiento. Desconocen que el mundo del Emprendedor es un ambiente plagado de fracasos y frustraciones, soledad y dolor, juicio fácil y reproche.  Se refugian detrás de estereotipos que muestran al empresario como depredador de la riqueza ajena y un explotador.

Lo responsabilizan de los males que azotan la economía y erosionan la sociedad. Se desenvuelven en un mundo de generalizaciones. Especialmente porque esto es cómodo y permite sostener intacta la ideología. Formulan ácida crítica cuando se habla de riqueza y se convoca a las personas para que la alcancen. ¿Qué sería de este mundo sin la clase trabajadora? dicen, ¿cómo puede existir la riqueza sin la pobreza de alguien?

Existe una palabra en su vocabulario que compite en uso con las de seguridad, estabilidad, solidaridad, explotación y pobreza. Ésa palabra es crisis.

Son personas que viven hablando de crisis.

Cuando sus condiciones personales o las del entorno difícilmente justifican una situación así, entonces dicen que es un periodo que solo anticipa la próxima crisis. Una que por supuesto será “peor” que la anterior. En su entendimiento, las crisis siempre son provocadas por los demás y ellos constituyen víctimas perpetuas.

Cuando se afirma que toda crisis es una oportunidad responden que las víctimas de la última difícilmente opinan lo mismo.

Estas personas, al igual que sus líderes ideológicos, aguardan que alguien más resuelva los problemas que juzgan.

Encuentran en Estados y sistemas de gobierno la némesis perfecta. Cuando los gobiernos no comparten su línea ideológica entonces son culpables de todo lo que les pasa. Y cuando eventualmente coinciden (al menos en léxico), entonces responsabilizn de todo problema a los banqueros, la oligarquía o los intereses hegemónicos de algún poder externo.

Con estos individuos se encuentra el Emprendedor en cada esquina de su camino. Más o menos activos, más o menos agresivos.

Algo distingue claramente a esta gente: carecen de actitud.

No se puede decir que tengan una actitud negativa, porque la actitud es siempre propositiva. Simplemente no tienen actitud, porque pocas veces “actúan” coherentemente para cambiar la realidad que critican.

Al no tener actitud se convierten en personas negativas. “Agujeros negros” que devoran energía y todo tipo de claridad. “Leucocitos oscuros” que fagocitan el optimismo y la confianza.

La arremetida de los adversarios del emprendedor contra la libertad.-

Probablemente el logro más importante que está consiguiendo la casta ideológica que dirige a estos individuos es la sutil conculcación de la libertad. El hombre de “espíritu libre” les preocupa, porque lo perciben caótico, ajeno al molde.

A pesar que su ideologia se fundamenta en la batalla al “statu quo”, son quienes mayor temor tienen que las cosas cambien. Especialmente si ello es producto del espíritu del hombre libre. Les gusta llamarse “revolucionarios” por su deseo de cambiar el “estado de las cosas”. Pero quieren cambiarlas solo para que se ajusten a sus premisas.

Han avanzado mucho en la sutil conculcación de las libertades. Extrayendo savia vital de los genuinos agentes productivos para repartirla “equitativamente entre las mayorías”.

Han construido enormes e ineficientes sistemas de bienestar público que devoran recursos del erario esencialmente nutrido por las almas libres. Ésa es la práctica moderna que han inventado para repartir “pan” al pueblo y sustentar su sentido de “justicia”.

Le han dado formas tan sofisticadas al esfuerzo, que pueden atribuirse paternidad sobre conceptos como el Estado de Bienestar que se afianza en la vieja Europa.

Un sistema que cuando flaquea por la debilidad estructural sobre la que está construido, deja millones de seres en la calle. Luego atribuyen los colapsos a las clases dirigentes, a la oligarquía empresarial o al capital internacional. Descartan que el propio sistema carezca de virtud económica en el largo plazo y fomente ineficiencia y corrupción.

Si se deja un gato hambriento al cuidado de sardinas difícilmente se le puede culpar porque éstas desaparezcan. Pero con cambiar el gato calculan que lo han resuelto todo. Ignorando que todo sistema económico saludable se sostiene exclusivamente en la productividad.

Cuando los Estados de Bienestar atraviesan una crisis, dejan desamparadas personas que no tienen aptitud para desenvolverse en la dinámica del mercado. En esos casos no les vale mucho el conocimiento y la experiencia. Entonces reemplazan el título que tienen por uno que exuda drama: “persona en paro”.

El mundo se encuentra lleno de estos críticos de la iniciativa individual. Son por supuesto la mayoría, como cabría esperarse. Porque el pensamiento iluminado nunca emerge de la masa y de liderazgo nada saben los rebaños.

Ellos forman parte de ésa “igualdad” que justifica al diferente. Constituyen lo ordinario que en bella paradoja pare lo extraordinario.

La respuesta del Emprendedor a sus adversarios.-

Al Emprendedor no le queda más que sumar ésta adversidad a las otras que debe superar. No puede amilanarse. Debe ser ésa persona diferente. Y en beneficio de todos, debiéramos augurarle éxito. Porque allí se encuentra la productividad que sostiene sistemas mayores.

El Emprendedor no debe callar su mensaje, ni detener su convocatoria porque sea calificada de insensata por los adversarios.

Debe hablar de riqueza, ¡por supuesto!, y de riqueza integral. Aquella que llega como producto de la satisfacción por la labor cumplida y el beneficio del esfuerzo.

¿Qué se gana haciendo apología de la pobreza? Nadie “desea” ser pobre, y cuando se habla de riqueza convergen los deseos universales de las personas.  Es posible, por supuesto, que finalmente no todos alcancen la riqueza. Pero habrán caminado sus sendas. Y eso es mucho más razonable que merodear toda la vida en las anchas y oscuras carreteras de lo mezquino.

El Emprendedor debe hablar de millones, y debe genuinamente desear ser millonario, ¿por qué no? ¿Qué tanto gana la mente y el espíritu hablando de centavos, límites y restricciones? ¿Cómo se saca algún provecho de eso? Dicen con propiedad que la pobreza anida en la mente de las personas, y desde allí se traslada al refrigerador. ¿Desear que alguien sea millonario no es mejor que desear que sea pobre?

Debe hablar de triunfo, de victoria, ¡por supuesto! Y por dos motivos: en primer lugar porque nadie se activa para perder, y en segundo porque del fracaso pocos saben más que él. Bien entiende el Emprendedor que solo gana quien ha perdido y que solo pierde quien quiere ganar.

El Emprendedor debe hablar de éxito, ¡y a voz en cuello!

Sin atención de la opinión ajena. Porque la búsqueda del éxito no es solo una consigna, es elemento dinamizador de lo económico y social. Solo quienes buscan el éxito construyen una realidad diferente, aun cuando finalmente no lo alcancen en la medida de sus expectativas.

¡El Emprendedor debe creer que se puede! en un mundo que vende elaboradas franquicias de incredulidad.

Puede hablar de crisis, por supuesto, pero como un sinónimo de oportunidad. Debe defender siempre el valor incomparable de su actitud. Nunca ponerla bajo sospecha o tela de juicio. Porque éste es el factor diferenciador por excelencia. En un mundo de sombras, la más pequeña de las luces posee radiante esplendor.

Finalmente, y por sobre todo, el Emprendedor debe eludir el contacto cercano con ésas personas negativas que pueblan su ruta. Nada positivo encontrará en ellas, por benigna que su apariencia sea. Es posible que esas personas ni siquiera sepan qué son o por qué son, pero sus efectos son predecibles en el espíritu libre.

En el mejor de los casos, y para la paz de espíritu, el Emprendedor debe considerar a ésas personas como “los iguales” que lo hacen diferente.

Twitter: @NavaCondarco

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