¿Y tú qué vendes?

Todas las personas venden algo, cada instante de su vida. Esta es una realidad existencial que necesita entenderse y asimilarse bien. La mayoría no la comprende, o la toma mal. Pareciera que la lógica de vender estuviera asociada a objetivos mezquinos, nada más. Pero eso es falso. ¡Todos los seres humanos son vendedores desde la cuna a la mortaja!, por lo que a lo sumo corresponde preguntar, en función de las circunstancias,  ¿y tú qué vendes?

Otra realidad que ayuda a entender mejor lo anterior, es bastante obvia: todas las personas tienen intereses que buscan materializar. Y en tanto es así, hay una intención permanente de vender algo.

Por último, algo que también se desconoce o ignora, es que los individuos en general practican alguna actividad de “negocios” cada instante de su vida, y al hacerlo “venden” algo permanentemente.

El término Negocio, tiene origen etimológico en el vocablo latín “negotium”, que quiere decir “actividad que genera utilidad, interés o provecho para quién la lleva a la práctica”. La palabra proviene de la unión de los términos “nec” y “otium”, que quieren decir no-ocio, y eran una alusión a tareas o actividades que trascendían el descanso o el esparcimiento.

En consideración estricta del significado, corresponde admitir que todos practican y sostienen actividades de “negocios” cada momento, puesto que siempre hacen algo que les genera utilidad, interés o provecho.

Las actividades de “negocios” y las ventas están íntimamente relacionadas ya que éstas últimas perfeccionan las primeras. Solo al vender “ése algo” que permite generar utilidad, interés, provecho o beneficio, se materializa el Negocio.

Sin embargo, si al común de las personas se les dice que siempre practican una actividad de negocios, que tienen intereses que buscan realizar permanentemente, y que para esto venden algo cada instante, difícilmente lo entenderán.

Y al no hacerlo se perjudicarán claramente en sus objetivos o afanes, porque el conocimiento básico de las dinámicas de negocios y ventas, ayuda a mejorar la calidad de vida de todo el mundo.

Solo corresponde preguntar ¿y tú qué vendes?, puesto que toda la vida está compuesta de ofertas y demandas:

  • Se vende uno mismo, todo el tiempo.
  • Se venden conocimientos o experiencias.
  • Se vende tiempo.
  • Ideas, conceptos y cierta forma de entender las cosas del mundo.
  • Argumentos, creencias, dogmas.
  • Se venden estados de ánimo.
  • Ilusiones, esperanzas, historias, visiones, palabras.
  • Se vende el Evangelio y la salud espiritual.
  • Remedios para el alma y las emociones.
  • Se vende el pasado y el futuro.
  • Y se venden, por supuesto, productos físicos y no físicos, servicios y experticias.
  • ¿Qué vendes tú?

Todo esto y más se vende a cada momento, en todos los rincones del mundo donde existe interacción social. Porque los negocios y las ventas son un producto de la naturaleza social del ser humano. Son las formas más primitivas y eficientes de relacionamiento interpersonal. Sin ellas la historia no solo carece de sentido, en realidad nunca hubiera existido.

Ahora bien, los negocios y las ventas son un intercambio, se ofrece y acepta algo como parte de la transacción. Esto no se encuentra asociado, en ningún caso, solo a temas de dinero. Éste último es un bien que se reconoce en los intercambios, pero no es el único, y mucho menos el más importante. Los negocios y las ventas NO son patrimonio de las actividades mercantiles o de consideraciones financieras.

Quien vende un estado de ánimo a otras personas, una queja o una frustración, ¿qué espera a cambio?, ¿dinero? Seguramente no. Lo que espera es ACEPTACIÓN. Los negocios y las ventas se perfeccionan cuando existe ello: aceptación. Ésta puede traducirse en dinero, pero también en cientos de otras formas.

Intereses existen siempre en las interacciones, pero dinero no. ¡Hay que entender las diferencias! En este mundo no existen personas “desinteresadas”, y menos mal, porque estremece pensar en un individuo así. Todos tienen algún tipo de interés, más o menos evidente, pero interés al fin y al cabo.

Si los seres humanos no tuvieran intereses, y de acuerdo a ellos organizasen actividades de negocios y vendieran ofertas y necesidades a los demás, ¡nunca hubiera existido progreso en este mundo! No es que se seguiría habitando las cavernas, en realidad ni siquiera se hubiera llegado a ellas.

No es asunto de vender o no vender, es mucho más simple: ¿y tú qué vendes?

Igualmente hay que evaluar con cuidado la otra parte de la ecuación, porque a la vez que todas las personas venden algo siempre, también compran algo a cada instante. Y nadie respinga la nariz cuando se le pregunta ¿y tú qué compras? Pero hay que tomar en cuenta algo: no existe buen comprador que no sepa vender, o visto de otra forma, quién no sabe vender, no sabe comprar.

Y está demás decirlo: el individuo que no sabe comprar bien las cosas que ofrece y necesita en su vida, es una persona disfuncional. Saber vender es un privilegio, comprar es una necesidad. Por lo tanto, y para alcanzar una vida de calidad, ¡hay que saber vender!

¿Y tú qué vendes?

Un ejemplo interesante de lo dicho se aprecia en este post de Fiorella Levin. Al recibir el Newsletter del blog, una de sus suscriptoras le pregunta más de una vez: ¿y tú que vendes? La nota de Fiorella (como todas las que hace) es muy interesante, amena y coloquial. En modo alguno expone explícitamente una oferta en particular. Por esto mismo, ella se duele al ser tomada así. Esto por un lado. Por otra parte, la pregunta insistente y torpe que le hacen: ¿y tú qué vendes?, trata de exponer algo que no está planteado.

En ambos casos hay errores de interpretación de algo básico y natural: el acto de vender. Porque de hecho la autora del blog está vendiendo algo, posiblemente esto que ella afirma, “deseos de compartir experiencias, ayudar a otros, sumar un “algüito” por el simple placer de compartir”. Ello no solo es legítimo, también algo digno de comprar (de hecho yo lo hago y con mucho gusto y satisfacción).

Por otra parte, “la suscriptora”, trata de exponer una cara oculta que no existe en la transacción. Un afán de enfatizar que detrás de toda intención de venta hay móviles egoístas o simples afanes de lucro. Y aunque esto no es verdad, ¡tampoco es algo reprochable!, ¿se entiende?

El dinero es un objeto de transacción, muy útil e importante, ¿en qué sentido puede considerarse reprochable?, el sano egoísmo hace funcionar el mundo, ¿por qué tratarlo como anatema?

¿Cuándo terminará la absurda hipocresía respecto a esto?, ¿cuándo dejará de ser el legítimo afán de dinero o el sano egoísmo, bandera de “encantadores de serpientes” que VENDEN un mundo de igualdad y fraternidad que nunca existirá en el sentido que ellos plantean?

Esta hipocresía no solo distorsiona la realidad, también reduce la calidad de vida de las personas. Porque les hace pensar que desarrollar habilidades de negocios y ventas es cuestionable (por decir lo menos) en términos morales y de “solidaridad”.

Los negocios y las ventas no tienen nada que ver con criterios morales. Los individuos son responsables de ello, no las funciones.

Y la verdad es que más allá de lo que específicamente se venda y de los objetivos o retribuciones que se esperen, ¡le irá mejor en esta vida a quién mejor sepa vender y más entienda de negocios! Simple.

La habilidad para las ventas es un requisito para la vida, y la pregunta ¿y tú qué vendes? es una sencilla invitación a conocerse mejor, nada más que eso: una humilde invitación a seguir haciendo funcionar este mundo.

Twitter: @NavaCondarco

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